JOSÉ ABRAHAM SANZ
Además de su fusil “terciado”, Ezequiel trae consigo una vara.
Sus botas de milicia se hunden en la arena y envuelven su paso pesado. Va tras el rastro que han dejado los insistentes aletazos de una caguama de al menos un metro de ancho.
Son las 02:43 horas y después de una breve inspección, Ezequiel le da la lámpara -quizá lo único con lo que ha apuntado en las últimas semanas- a Juan de Dios. Mientras su compañero lo ilumina en medio de la nada, comienza una danza poco habitual en un agente de la Policía Estatal Preventiva uniformado, armado y vestido hasta con fornituras.
Presiona la arena con la bota, para calar, y luego con la vara en el mismo lugar. Aplica fuerza poco a poco, empuja hacia abajo y siente. Traza, entre uno y otro de los 30 picoteos, una raya en la arena para descartar todo el espacio después de ahí. El nido debe estar de aquí para acá, dice.
Entonces la vara se hunde más y Ezequiel se detiene, casi aplaudiendo. Coloca la vara a un lado, se hinca y comienza a escarbar con su mano derecha. Ha metido su brazo casi hasta el hombro debajo de la arena y ahora extrae algo más que arena. Tiene más cuidado.
En unos minutos, Ezequiel saca 95 huevos de tortuga golfina; mientras se sacude la arena, Juan de Dios comienza a recogerlos y meterlos en una bolsa de plástico en la que luego escribirán un número con un marca-texto negro.
Ezequiel y Juan de Dios tienen 13 y 14 años de servicio en la Policía Estatal Preventiva.
Ellos, junto a otro agente de nombre Jesús Olvera, están bajo el mando del Comandante Marcelino Velázquez Benítez en un grupo especial adscrito a proteger a la tortuga golfina, y primero a sus huevos y luego a sus crías.
Este proyecto, con el que Velázquez Benítez inició desde 2001 en el campamento Estrella de Mar de Mazatlán, ha dado tal resultado que sólo esa noche recuperaron mil 687 huevos de 19 nidos que las tortugas ocultaron desde alrededor de las 22:00 horas. El año pasado el rescate, en toda la temporada, fue de más de 280 mil huevos.

El trabajo policial
El lugar bien puede ser un paraíso para cualquiera, sea agente o no de la Policía en Sinaloa.
La villa, dentro de Estrella de Mar, está frente al océano Pacífico. Tiene aire condicionado, está amueblado con televisor a color y refrigerador.
Encima del escritorio tienen hojas de pronósticos de mareas y de registro de características de las tortugas.
Este grupo de policías realiza cada noche al menos tres rondas a lo largo de 17 kilómetros de costa, desde el ejido Barrón hasta la Isla de la Piedra.
Velázquez Benítez y su grupo residen, desde principios de julio hasta mediados o finales de noviembre, en esa villa que pertence al campamento de conservación de la tortuga golfina bajo el mando de la bióloga Eréndira González Diego.
Desde el año pasado ellos esperan regresar, para salir de patrullar las calles de cualquier otra ciudad del Estado, a ese pedacito paradisiaco.
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Para pertenecer a este grupo, los policías deben conocer ciertas técnicas, como el rastreo de las especies, de los nidos y el proceso correcto para recuperar los huevos.
“El grupo es reducido, de acuerdo a necesidades que tenga la Policía (Estatal), para ceder la cantidad de elementos”, agrega Velázquez Benítez. “Pero éstos son elementos que ya tienen de 10 a 12 años de experiencia, si no cuentan con experiencia, no puedes asistir aquí, a este programa”.
Porque las actividades constan, no solamente de vigilancia en la playa, también saber detectar el rastro de los animales, saber de localización, traslado, incubadora, análisis, natalidad, liberación. Es laborioso, aunque ahorita estamos en la primera etapa, que es recorrido de recolecta y traslado, nada más”.
Los policías se dividen en dos equipos, un par viaja en una unidad de la Secretaría de Seguridad Pública, y la otra en una cuatrimoto que el club Estrella de Mar les provee para realizar su trabajo. Se comunican a través de radios.
También cuentan con gafas de visión nocturna, que sirven para aproximarse a las tortugas cuando éstas van saliendo a buscar un lugar para depositar sus huevos. Porque si hay luces encendidas, regresan al mar sin desovar.

Los inquilinos difíciles
El segundo recorrido para ellos ha comenzado cerca de las 01:28 horas. Dos minutos después hay una alerta por el avistamiento de una tortuga, pero ésta se ha asustado con las luces y ha regresado al mar.
En el recorrido conduce Juan de Dios y Ezequiel apunta con el potente reflector cuando alcanza a divisar algo que parece el rastro de una tortuga en la arena. Hay una brisa que no termina de mitigar el calor de agosto en Mazatlán, pero en algo ayuda.
A las 02:07 horas las luces altas en la patrulla de la Policía Estatal descubren la parte trasera de una camioneta de modelo reciente, entre el campamento y la zona urbana de la Isla de la Piedra. Hay al menos 20 personas, con música de banda, cerveza y evidentemente un par de horas de fiesta en el escenario.
Los agentes dan una amonestación visual de que se acercarán al encender las torretas. Toman sus precauciones.
“Tenemos que explicarles que no pueden estar aquí, que están mal, y que si ven alguna tortuga no agarren nada”, dice Juan de Dios antes de encaminarse.
Ezequiel los ha rodeado y busca en los alrededores indicios de las tortugas.
Los fiesteros, la mayoría en estado de ebriedad, abandonan tranquilamente el espacio, dejando tras de sí decenas de latas de aluminio.
“Como policías no dejas de preservar el orden, la paz y la tranquilidad, que es lo que te corresponde entre la actividades de un policía normal”, explicaría después Velázquez Benítez, “pero como el programa ecológico que tiene la SSP es una actividad muy distinta a la que se realiza en las calles”.



El recorrido continúa hasta la Isla de la Piedra, hasta cuyos locales de comida -según relatan los propios agentes-
han llegado las tortugas a desovar de manera inocente.
“A veces son los propios trabajadores, los veladores de las marisquerías, quienes sacan ventaja de eso”, recalca el comandante.
Al regreso es cuando encuentran uno de los nidos. Minutos después, el equipo cuenta en el centro de operaciones la cosecha de 19 bolsas.
En el lugar, los problemas de saqueos han disminuido considerablemente. De 20 detenidos que se registraron los primeros años, por comerciar con carne, con estofado, o robar o vender huevos de tortuga, el número bajó a dos en el 2012.

La visión acertada
El comandante Marcelino es el que tiene mayor experiencia en el tema. Son casi las 5 de la mañana y se emociona al recordar cómo comenzó todo.
A él le tocó estar desde 1997 resguardando a la tortuga golfina en el campamento de Playa Ceuta, frente a La Cruz, en Elota, pero después fue adscrito a Estrella de Mar, en donde permanece desde 2001.
En el campamento de Estrella de Mar hay un periódico mural vestido con fotografías y datos del trabajo que han realizado, que dan la bienvenida.
Hay una foto de la tortuga Laud, una especie de gigantescos quelonios que ya no regresaron a esta zona.
“Una vez quise voltear una, sólo para evitar que se fuera tan rápido. No pude. También quise detenerla, para que mis compañeros la vieran, me acosté encima de ella y me llevó hasta la
orilla”, recuerda.
El comandante recuerda que la primera temporada recuperaron 30 mil piezas, y en 2012 superaron los 280 mil.
“Creo que es el resultado de la preservación, que parece muy efectiva”, asegura.
- ¿Qué es lo más difícil que les toca hacer a ustedes aquí?
La parte más difícil es como en todo, estar aislado de la familia, estar lidiando con personas civiles que a veces no entienden esto, incluso también irónicamente se tiene que lidiar con reastauranteros de la Isla de la Piedra, que no entienden que están invadiendo el santuario de la tortuga”