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Golpe a golpe
Ha pasado ya muchas pláticas desde que toqué el tema de una pelea de box por última vez

"El Filo tiene pasta de campeón", reconoce el periodista. Pero nada de esto es casualidad, pues se hizo en la arena de un cuadrilátero, pero también en la arena de Ponce, esa playa infinita que nos ha regocijado a tantos sinaloenses y también a foráneos. Filomeno es curtido por su origen, por el suelo, por el sol y por el mar que lo baña, así lo relata el autor; y nos deja entrever que su causa es la de muchos.

El silencio, sumado al calor; la humedad adherida al grito, a la violencia latente, ese también es aquel guerrero que suma golpes al destino, que no se deja quebrar por nada ni por nadie, aún cuando la vida lo doble, no lo rompe ni lo mata, hasta que su naturaleza humana lo contradice. Finalmente la realidad siempre supera a la ficción. Por eso me ha dado gusto, un placer inmenso poder leer Golpe a golpe, la última novela de Leónidas Alfaro Bedolla, a quien respeto desde más de un punto de vista.

Y las lindes de las lides van más allá de "El Filo", un boxeador que es la figura central; en realidad todos luchan por dar su propio golpe: "(...) Fonseca se encontraba leyendo el último renglón del reportaje de Romo, al terminarlo una leve sonrisa apareció en su rostro, confirmaba que el periodista era bueno en su trabajo, sólo había que presionarlo un poco, pero nunca mostrarse totalmente complacido. Había aprendido a manejarlo". Siempre así se va "golpe a golpe" sin cansarnos de decirlo, eso es muy real.

Como al protagonista, al lector le ha tocado vivir intensamente, en la vida cuesta levantarse; pero nada queda ajeno al drama, al contrario, totalmente consecuente con el hilo conductor de la lectura, tan llana y tan directa, parece el espejo en el que alguna vez todos nos hemos mirado, nos volvemos a introducir en la lectura, sólo nos hemos zambullido en la oscuridad de lo cotidiano y volvemos a renacer.

Ha pasado ya muchas pláticas desde que toqué el tema de una pelea de box por última vez. Desde entonces han ocurrido muchas cosas. Durante todo este tiempo, por la lectura he podido repasar muchas vivencias, eso me parece importante, porque el contexto es bien descrito al punto que la narración tiene vertientes de diferentes géneros. Aún recuerdo la efervescencia de los eventos deportivos y de toda índole en Sinaloa, pues no eran tan frecuentes, aunque en ese tiempo eran de calidad. Así se gestaban grandes crónicas, hermosos poemas y fuertes dramas.

Filomeno era pese a la seriedad ritual de su esencia (no imagino un boxeador de carácter débil, al menos su lucha interna lo vuelve, en más de un momento del día, parco, por decir lo menos) un sujeto alegre y lleno de vitalidad; así se siente uno al leer "golpe a golpe", como un cachorro de unas pocas lunas: "El boxeador esbozó una sonrisa y un brillo apareció en sus ojos, para corresponder, pidió un tequila y se lo echó de un solo trago, sacó un billete que cubría tres veces su valor, lo dejó sobre la barra, salió del lugar y, entusiasmado echó a caminar".

Recuerdo, esos son los recuerdos que almacena el alma, con suma paciencia: "Filomeno oye y deja pasar aquellas palabras sin darle importancia, de tanto almíbar ya está harto, por eso le resultan indiferentes". La referencia a ese estatus de ídolo mezclado con el de hombre público, el de reconocimiento de macho valeroso, se juega entre los escarceos de sus admiradores falaces. Cuántas palmadas en el hombro se reciben sin ser sinceras, ocupando más que la mano un puñal que amenaza la espalda.

La soledad manifiesta del boxeador hace surgir el silencio interno, pues cuántas veces hemos pasado por el sendero del silencio entre una multitud clamorosa, probablemente muchas; pues no hace falta sentir la gloria para pasar por la ciudad y darnos cuenta que estamos solos, pese a la gente que circula como hormigas en el azucarero, hacia el dulzor que los regocije por un instante, para luego seguir trabajando, como un todo coherente, o sea, los ídolos son de barro.

La sencillez del hombre que lucha tiene implicaciones profundas, pero de bases corrientes, el reflejo del alma del ser humano que se ve confrontado a su hermano se opaca, se atribula; el incesante dolor que le produce la envidia o bien el resentimiento o el simple hecho de no entender la frustración de su carnal que ha vivido los pasajes más inhóspitos de su vida. Como dejan de brillar sus ojos aún sin verlos al releer estas palabras: "Pensaba en la actitud de su hermano, le dolía haberlo humillado, mas, se preguntaba por qué aquel lo hostigaba. Lo quería. Era el amigo con el que había vivido tantas aventuras en los campos de siembra. Con quien había compartido hambre y juegos, desvelos y temores por la incertidumbre de aquella vida cargada de limitaciones". (...) "Pobre de mi hermano, se creía el Rey del mundo, por eso le pasó lo que le pasó".

En boca de Artemio, el hermano del Filo, al final del libro confirma mis aprehensiones. Es probable que mis reflexiones tengan que ver con lo más íntimo del personaje principal, pero sustentado en lo más básico del ser humano, los sentimientos. Aún así es lo que más me apasiona de la lectura, el fondo que no deja lugar al descanso intelectual, dado que la prosa es simple pero intensa, tanto como las batallas brindadas por Filomeno González.

Y por último, no puedo dejar de mencionar al personaje fantástico, Rogelio Romo, quien es el portador, en parte, del carácter del Filo, destaco estas palabras: "En su departamento no tiene cocina, en ella hizo lo único que sabe del arte culinario: calentar agua para hacerse un soluble; mientras saboreaba el café releyó el informe (...) Convencido, metió las hojas del trabajo en una carpeta y salió rumbo al Sol". Nadie puede negar la metáfora inherente a toda la novela, poesía pura.



Lqteran@yahoo.com.mx

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