Iniciamos 2010 con uno de los momentos más oscuros de la historia de Sinaloa. En este escenario, las próximas elecciones podrían ser las más riesgosas y significativas que se hayan conocido en muchas décadas
Iniciamos 2010 con uno de los momentos más oscuros de la historia de Sinaloa. Dentro de esa luctuosidad, las próximas elecciones podrían ser no las más competidas pero sí las más riesgosas y significativas que se hayan conocido en muchas décadas.
Si partimos de 1975, el año de la Operación Cóndor, a la fecha, por lo menos cinco campañas para elegir Gobernador se han desarrollado en medio de una intensa violencia.
Hace tres décadas y media, Sinaloa era prácticamente el único estado que padecía, de manera precoz y anticipada, la guerra de narcotráfico.
En el nuevo siglo, nuestro estado ya no es el único que padece esta conflagración porque se han agregado varios más; sin embargo, sigue siendo el epicentro de la simbología y de las estrategias del narco.
Chihuahua padece más crímenes, miedo e inestabilidad social, pero los actores más representativos del narco a nivel nacional y continental tienen su ethos en Sinaloa. El territorio de los 11 ríos sigue siendo el principal fertilizador de líderes y estrategas del narco del País.
Hay mucha historia, experiencia, dinero, redes sociales, influencia cultural y poder acumulados por el narco sinaloense que lo mantienen como el epicentro de esta actividad en todo el continente.
Es por este contexto que las próximas elecciones en Sinaloa tienen una importancia que trasciende su territorio.
Sinaloa no presume la elevada cuota de electores del Estado de México, ni la riqueza de Jalisco o Nuevo León, pero al ser el territorio más relevante del narcotráfico continental, desplazando a Medellín o Cali, la convierte en un escenario estratégico de la lucha política en México.
Los comentarios de los medios de comunicación de la Ciudad de México no le dan a Sinaloa la importancia política que le otorgan a los estados arriba mencionados o a otros como Veracruz porque no han alcanzado a ver la importancia estratégica del territorio de los 11 ríos, a pesar de que es el espacio de nacimiento y protección de uno de los grupos de poder más relevantes del México contemporáneo.
La fuerza del narco no es tan sólo económica sino militar, político y cultural; es decir, articula las cuatro dimensiones más importantes del poder.
Y ese poder no existe sin espacio o territorio. No hay dominio, no hay poder sin geografía. La geografía más antigua y estratégica del poder del narco es justamente Sinaloa.
No son sus instituciones, ni su economía formal las que hacen de Sinaloa territorio fundamental de la lucha política en México, sino los poderes fácticos y la economía informal.
Si el Presidente Calderón entendiera que la guerra que lanzó contra el narco a nivel nacional no puede evitar el escenario político, porque finalmente, dice el clásico, la guerra es la continuación de la política por otros medios, le concedería mayor importancia a las elecciones sinaloenses de este año.
Pero no parece ser así; por razones afectivas, le ha brindado más importancia a Michoacán que a Sinaloa, lo cual en un hombre que se precia de estadista parece imperdonable.
O si entiende que Sinaloa es sumamente significativa para el País debido al poderío del narco, entonces, simplemente, no quiere inmiscuirse políticamente en la tierra del "Mayo" y del "Chapo".
Al Presidente no parece decirle ni provocarle nada que la revista Forbes clasifique al "Chapo" como un hombre más influyente que él en el mundo.
O quizá por eso mismo ni se mete. En un acto de racionalidad seca y desnuda ha medido sus fuerzas y decidido a que los sinaloenses, solos, definan su futuro.
A muchos no les gusta oírlo, pero es cierto: "El Chapo" Guzmán es uno de los hombres más poderosos de México y del continente.
Él y "El Mayo" Zambada han superado el poder que tuvieron todos sus antecesores. Lo dice la DEA, el Departamento de Estados Unidos y prácticamente todos los investigadores especializados en el estudio del narcotráfico.
Ante un poder así, solo el Estado lo puede enfrentar. Nadie más. Pero si el Jefe de Estado no quiere enfrentarlo o por estrategia no lo ha hecho todavía, pues ese poder inevitablemente seguirá creciendo. Es absolutamente lógico.
La economía del narco, como todo capital, busca reproducirse; si no lo hace, como toda empresa, lo destruyen o se autodestruye.
Lo malo de este tipo de empresas es que uno de sus mecanismos de reproducción de capital es el uso de la violencia para eliminar la competencia.
No puede reproducirse sin ella. La violencia es consustancial a una economía prohibida.
El narco no puede dejar de utilizar la violencia ya sea porque la utiliza contra los que le compiten el mercado o contra el Estado si es que éste quiere hacer uso de la ley. Así pues, la violencia es inevitable mientras esta forma de reproducción de capital se le siga considerando ilegal.
En Sinaloa, aunque le recemos a la Virgen y le pidan al Presidente que meta a todo el Ejército mexicano al estado, la violencia no cesará mientras haya mercado que permita la existencia de esta forma de capital.
En este razonamiento no hay pesimismo ni fatalismo alguno, ni siquiera un análisis académico, si no, simplemente, el sentido común.
Pero, si la violencia va a estar permanentemente con nosotros, ¿qué debemos o podemos hacer ante ella?
Probablemente nadie tenga la respuesta única y definitiva, pero al menos podemos exigirnos más para fortalecer las vías legales y legítimas de desarrollo económico, para invertir más y mejor en educación y cultura, para difundir una cultura de la paz. Podemos exigirnos más para construir sociedad civil alentando a la gente a participar en organizaciones que busquen resolver los desafíos y problemas que hay en toda sociedad.
Podemos exigirnos más para obligar a los gobernantes a que respeten la ley. Podemos exigirnos más como ciudadanos a seguir los dictámenes de la ley. Es decir, debemos seguir los caminos más elementales de los desarrollos civilizatorios más sanos. Tan sencillo y difícil como esto. Es un camino largo pero es el único que existe.
Suena entre ingenuo cínico proponerse enfrentar la economía y la violencia del narco de esta manera, pero para los ciudadanos que quieren una sociedad democrática y en paz no hay otra.
Así que, en esta etapa aciaga de la historia sinaloense no quedan más que las respuestas elementales de siempre.