1. Fue hace 5 ó 6 años. No recuerdo bien. Venía en un avión de la Ciudad de México y mi compañero de viaje era Leonardo Rodríguez Alcaine. Le comenté al hoy difunto que uno de los retos más importantes de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Monterrey -yo era en ese tiempo director de su Secretariado respectivo- era implementar una dinámica y profunda pastoral obrera. El entonces líder de la CTM, con su peculiar lenguaje, me dijo algo así: "No le mueva padrecito, porque se las verá con mi sindicato".
2. Falleció el pintoresco líder, y a su muerte muchas personas pensamos, deseamos, que la central obrera encabezara el verdadero cambio laboral que necesita el país, con un sindicalismo moderno y democrático, capaz no sólo de defender los derechos de sus agremiad@s, sino también de ayudarles en su desarrollo humano.
Parece que no. El nuevo dirigente se distingue no sólo por repetir los vicios de sus predecesores, sino por no imitar la austeridad de sus vidas. Sólo en México es posible que un líder sindical tenga coches de lujo y que nunca haya sido obrero.
3. Su designación refleja lo que el PRI está viviendo a nivel nacional. De la derrota sufrida en las elecciones del 2000 ha venido levantándose, consolidándose en base a sus viejas prácticas, y la CTM es fiel manifestación de este repunte.
Venida a menos unos años antes, desde los 80, la poderosa central obrera se adaptó al Gobierno foxista, promueve la todavía no aprobada "reforma Abascal" y, a través del llamado sindicalismo de protección, da más concesiones a los empresarios y aumenta su control sobre la clase trabajadora.
4. Los contratos de la nueva cultura laboral, así llamados por el entonces Secretario del Trabajo y hoy Secretario de Gobernación, restringen los derechos de asociación debido a innumerables requisitos, dificulta sobremanera la posibilidad de emplazar a huelga, autoriza el que otras empresas prestadoras de servicios puedan subcontratar y promueve la contratación por honorarios asimilables a salario.
Todo parece indicar que la CTM continuará por el camino que mejor conoce, el que la ha mantenido viva durante 60 años y que no conduce a la defensa ni al desarrollo de sus agremiados.
5. En este escenario sindical resulta muy difícil que los nuevos retos planteados por el mundo del trabajo puedan ser enfrentados con éxito. Temas como la globalización, la capacitación en las nuevas tecnologías, las fuentes de trabajo amenazadas por la cibernética, los salarios cada vez más bajos, una empleada doméstica o un trabajador informal gana más que cualquier obrero(a), el tiempo destinado para desplazarse a los centros laborales y, sobre todo, el trabajo asalariado femenino y su impacto en las familias.
6. Éste es el punto más delicado del futuro que enfrentará el trabajo en México, pues mientras son cada vez más las mujeres que salen del hogar para buscar un salario, las políticas laborales parecen ignorar este fenómeno.
¿Cuántas damas tienen que trabajar en la fábrica o la oficina y después hacerse cargo de las tareas del hogar? Mucho más difícil es revalorar el trabajo doméstico, pues se sigue pensando que esas labores no son verdaderamente trabajo y son exclusivas de las mujeres, trabajen fuera de casa o no.
7. Mientras desde las posiciones oficiales se busca defender los intereses patronales y afectar a l@s trabajador@s, mientras no se resuelve el urgente problema del trabajo femenino -asalariado o doméstico-, la CTM parece reciclarse en sus camaleónicos procedimientos, y su nuevo liderazgo no ofrece perspectivas muy halagadoras.
Ojalá y quien debería ser el motor de la renovación sindical en México, y con ella de la transformación en la cultura del trabajo, no se convierta en su freno. Veremos.