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Una Segunda Opinión
Hay algo insólito

La realidad es extraña. Hay algo singular, que contradice las expectativas. Me refiero a un fenómeno notable. La relación entre juventud y las ideas que sostienen algunos jóvenes. Vayamos paso a paso para explicarlo.

Primero, las ideas asociadas con la juventud. Se le liga con el retar las ideas existentes, con el preguntar por qué, con el pensar diferente, con el ser innovador. Se le liga con la rebeldía y la indocilidad, con el alboroto y la desobediencia. Con la mejor educación y preparación, con el saber más y el razonar mejor. Con el ser idealista y tener ansias de cambiar las cosas.

Se piensa en la juventud como los responsables del mañana, la encarnación de un futuro mejor. Se piensa en ella como origen de la imaginación y de la invención. Son los jóvenes los entusiastas y los emprendedores, los de pasiones y retadores de la sabiduría común. Los que incomodan a los adultos con buenas preguntas.

Son, sobre todo, amantes de la libertad. Quieren ser libres, desean su independencia y ansían su autonomía. Quieren volar, deshacerse de cadenas. Por eso, cuestionan las ideas. No está libre de defectos la juventud. Se le asocia con inexperiencia, con imprudencia y demasiado idealismo. Igual que con ingenuidad e inocencia, incluso con soberbia y desenfreno.

Sea lo que sea, la juventud es casi sinónimo de libertad, a veces razonada, a veces ilimitada. Posee el atrevimiento que da el ansia de autonomía personal y de implantar ideas nuevas que dudan de lo convencional. Desafía los frenos y los obstáculos.

Segundo, siendo así, es realmente una sorpresa que grupos importantes de jóvenes hayan hecho suyas ideas que son lo opuesto.

Si la juventud ama la libertad, estos grupos ansían la dependencia. Si ama lo nuevo, estos adoran lo viejo. Si la juventud ama lo innovador, estos votan por lo convencional. Si la juventud quiere lo innovador, estos prefieren los viejos modos. Si ella quiere ser imaginativa, estos optan por la inacción. Si ella quiere ser activa, estos van a la pasividad. No se entiende, al menos yo no lo comprendo.

Tome usted el ejemplo de "los indignados" , o el de #YoSoy132 en México. Muestras ellos rasgos propios de la juventud, la rebeldía y la resistencia. Protestan y alborotan, luchan y se esfuerzan. Muy bien, eso es juventud. Pero quieren algo que les es ajeno a su esencia. Luchan por perder la libertad, proponen no usar su imaginación, ansían ser dependientes, optan por la pasividad. Defienden las viejas ideas, no las nuevas. Y eso es notable.

No son ya los héroes del cambio y la libertad, son los defensores de lo establecido. Es incomprensible que en estos tiempos un joven luche por ser dependiente y por perder sus ansias de hacer. Pero sucede y es real. Movimientos como los mencionados proponen gobiernos paternalistas, grandes, poderosos, a los que puedan acogerse. Luchan por caer bajo la cobija gubernamental, por perder la posibilidad de hacer a cambio de la posibilidad de recibir.

Entendería al joven que lucha por ser libre, en todos los campos y que defiende la libertad del resto. No entiendo al joven que se esfuerza por sacrificar su libertad ante un gobierno que lo anula y vuelve pasivo. Porque al final de cuentas, eso es lo que mueven a los jóvenes de esos movimientos, el construir una autoridad que los obligue a hacer lo que ella quiere. No entiendo al joven que se somete y menos aún si se somete con intención.

No sé cuál sea la causa de todo esto que tanto extraña. Un amigo tiene una explicación que tiene sentido. Según él, la educación recibida explica la mayor parte del curioso fenómeno del joven que ha dejado de amar la libertad. Se le ha adoctrinado con las ideas erróneas, haciéndole creer que el conformismo es un ideal, que el individualismo es un mal. Que el colectivismo es mejor que la libertad. Que debe sostener las opiniones del grupo, que él debe ser uniforme, igual que el resto.

Y, dice también, se le ha inducido a creer que puede recibir sin merecer, que tiene derechos sin responsabilidades, que nada hay absoluto que todo es relativo. Y lo han logrado, han producido jóvenes que piensan como viejos, que no razonan sino sienten, que no tienen ideales sino placeres, que no se esfuerzan sino para gritar que renuncian a su libertad.





eduardo@contrapeso.info

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