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Los cuatro meses de Calderón
Al gobierno del Presidente Calderón le quedan menos de cuatro meses de vida y a él le interesa que se haga un balance positivo de su gestión

Al gobierno del Presidente Calderón le quedan menos de cuatro meses de vida y a él le interesa que se haga un balance positivo de su gestión. Podría decirse que es lo que ha estado persiguiendo en los tiempos más recientes, aun en medio de las elecciones y de todas las restricciones legales para hablar de la obra gubernamental. Alguien podría decir que la mejor calificación es la que, mal que bien, acaba de dar el electorado a escala nacional. Si ese fuera el caso, Calderón habría sido reprobado, pues los electores mandaron a su partido al tercer lugar. Sin embargo, el análisis debe ser más riguroso: estrictamente hablando, los que perdieron fueron Josefina Vázquez y el PAN; no necesariamente Felipe Calderón, aunque ciertamente el voto refleja el cansancio acerca de una política. Luego, una derrota electoral no refleja necesariamente una mala opinión sobre un determinado líder y sus políticas. Se puede deber a la necesidad que el electorado siente de cambiar de rumbo en un momento dado. Le pasó a Sir Winston Churchill, quien, a pesar de su reconocido liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, fue vencido por el Partido Laborista en una derrota clamorosa y con una de las diferencias más amplias de la historia electoral del Reino Unido, apenas terminada la guerra en Europa, en julio de 1945. Luego Churchill volvió en 1951 y gobernó como Primer Ministro hasta 1955. No es que los británicos fuesen ingratos o que Churchill lo hubiera hecho mal durante su gestión mientras duró la guerra. Lo que sucede es que la gente necesitaba un cambio y Churchill no se los ofrecía.

No quiero decir con esto que Calderón es como Churchill. Lo que quiero decir es que una derrota electoral no siempre refleja un balance negativo acerca de una gestión. Lo cual significa que el balance de una administración no puede hacerse exclusivamente por la vía electoral. En este caso, la presidencia de Felipe Calderón tenderá a ser evaluada en los propios términos establecidos por él a lo largo de estos casi seis años. Y hay que reconocerlo, el Presidente ha estado hablando un día sí y el otro también (no creo exagerar) acerca del tema de seguridad. Su mejor balance, desafortunadamente, no es el de la situación actual, pues el crimen organizado continúa muy activo y las muertes por violencia se siguen acumulando. Tampoco las fuerzas armadas ni las policías, incluida la federal, parecen haberse librado de la corrupción. Ante esto, el mejor argumento del Presidente es que ahora estaríamos aún peor si él no se hubiera decidido a actuar, lo cual es difícil de sostener pues Calderón habla de lo que hubiera pasado sin poder demostrar contrafactualmente lo que hubiera sucedido si él hubiera tenido otra política. En otras palabras, que es prácticamente imposible probar que lo sucedido es lo mejor que le pudo haber pasado a México y que cualquier otra política hubiera sido peor. "En la vida, lo único que cuenta son los resultados", solía decirme un avezado político priista. Y los resultados de Calderón en materia de seguridad son malos. Poco importa lo que hubiera sucedido si se hubiera hecho otra cosa. El "hubiera" se refiere a un tiempo inexistente y Calderón hizo algo por lo que será o ha sido juzgado.

Paradójicamente, habrá otras áreas en las que Calderón quizás será mejor calificado, aunque no hubiesen sido tan obviamente prioritarias y otras donde el balance está por hacerse. Así por ejemplo, tengo la impresión de que los avances en infraestructura han sido importantes y sin embargo no suficientemente valorados. Más dudosos son los que, si bien se pregonan, están por conocerse sus verdaderos alcances; me refiero por ejemplo al tema de salud y su pretendido alcance cuasi-universal o el relativo al de la calidad educativa. Al final, las alianzas también tienen sus costos y la establecida con el Panal y la lideresa del SNTE se reflejaron al final del sexenio, tanto en términos educativos como políticos. Y ni qué hablar del empleo y la economía. Todavía Calderón nos debe una explicación de por qué puso al frente de la Secretaría de Economía a un licenciado en derecho canónico, con maestría en estudios sobre familia.

Otro tema polémico sobre el cual será necesario hacer una evaluación profunda es el relativo al tema de población. Todavía no sabemos a ciencia cierta de quién es la responsabilidad de los cuatro millones de mexicanos, adicionales a los calculados, que aparecieron en el censo de 2010. Pero no cabe duda que la política de población, combinada con la de salud sexual y reproductiva se relajó durante los dos sexenios de gobiernos panistas. Pareciera que la "liberalización" se hubiera confundido con ausencia de políticas gubernamentales.

Y ligado a lo anterior, todavía debemos hacer un balance sobre la política de Calderón en materia de derechos y libertades, ligados a su visión sobre el papel de lo religioso en los valores ciudadanos y en la vida pública. El Presidente parece haber fluctuado entre sus convicciones personales y su obligación pública. Lo que no queda claro, hasta ahora, es si esa visión incidió positivamente sobre las libertades ciudadanas y si todos los creyentes y no creyentes en este país todavía se sienten tratados con la equidad y justicia necesarias.



roberto.blancarte@milenio.com

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