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La Nueva Nao
Una forma de pasar el tiempo
Alfonso Araujo
02/06/2013 | 00:00 AM
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Un día de invierno de 2001, paseaba yo por los Jardines de Yuyuan, en Shanghai. Esta es una antigua residencia de la Dinastía Ming (c. 1580) con una rica e interesante historia durante la cual fue destruida, usada como cuartel durante la revolución, y luego restaurada.
Está rodeada de edificios tradicionales con los típicos tejados chinos, donde se venden todo tipo de comidas
y curiosidades. Por aquel entonces, saliendo del área principal de Yuyuan, había también una zona comercial más modesta donde los comerciantes ponían sus mesas para avender artesanías de menor calidad pero que siempre estaba llena de extranjeros buscando alguna ganga.
Ese día hacía un frío terrible, y siendo en ese momento el único extranjero que iba entre las mesas de jarrones y eproducciones de obras tradicionales, se me acercó un anciano y me preguntó que si hablaba inglés. Sorprendido,
le dije que sí. Se presentó como el Sr. Wang, me invitó a sentarme en el puesto de otro hombre que parecía ser su amigo, sirvió té para los tres y empezó a platicarme de su vida. Esta es su historia.
Allá por los 50, por la relación con la URSS, todo mundo se inscribía para estudiar ruso en las escuelas de idiomas. Pero él, que en la década anterior había hecho buenas amistades con algunos americanos durante el periodo de la guerra con Japón, prefirió perfeccionar el inglés que medio había aprendido en sus relaciones. Con el tiempo encontró un trabajo como encargado de redactar y corregir cartas en inglés y siguió usando así el idioma durante un par de décadas más.
Ahora estaba jubilado. Su esposa había muerto hacía años y sus hijos estaban en una ciudad cercana, de modo que los veía sólo un par de veces al mes. Con interés, había visto cómo a partir de la apertura de China a mediados
de los 80, los extranjeros habían empezado poco a poco a regresar al País y más en el caso de Shanghai, ciudad emblemática por las inversiones que el Gobierno hizo en ella para desarrollarla
como modelo. De modo que, viendo ahora que los extranjeros estábamos de vuelta y que íbamos seguido de compras, este anciano había hecho su pasatiempo el venir todas las mañanas al mercado, hacerse amigos de los vendedores, y darles lecciones básicas de inglés. Los vendedores lo llamaban Maestro Wang, le mostraban una veneración sin límites y me dijeron -en inglés- que los había ayudado a subsistir.
Ese día el Maestro Wang dio lección a un extranjero. 
Sígame en mi blog: http://lmndsxtrn.blogspot.com El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China 

alfonsoaraujog@gmail.com

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