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La Nueva Nao
Dos vías de modernización
Alfonso Araujo
29/09/2013 | 00:00 AM

A mediados del Siglo 19 las potencias europeas y Estados Unidos, en plena época de expansión, empezaron a China y a Japón obligándolas a re-examinar sus sociedades de forma seria y a cambiar muchas de sus actitudes, ya que estas últimas, acostumbradas por siglos a su relativa superioridad en relación con sus vecinos (en especial China), tuvieron de pronto que lidiar a la fuerza con civilizaciones más avanzadas en tecnología y administración. 

Sin embargo ambos países lidiaron con esta situación de forma diferente: desechando en sólo unos años su estructura feudal, la casa imperial japonesa fue restaurada y, desde una posición de relativa fortaleza, se embarcó en lo que fue llamada la Restauración Meiji (1868-1912), un periodo de profundísima reestructuración social y económica que dio por resultado la asombrosa emergencia de Japón como potencia a principios del Siglo 20, incluso derrotando a Rusia en una guerra en 1905. 

China por otro lado, estaba en una posición de debilidad, con la Dinastía Qing (1644-1911) ya muy debilitada por conflictos internos. En la corte china había un grupo de reformadores con ideas parecidas a los japoneses, pero los conservadores no querían una reestructuración drástica y al final se optó por ir escogiendo temas puntuales para ir haciendo modernizaciones, por ejemplo en lo diplomático y en la ingeniería militar. Pero como las reformas no fueron sistemáticas ni profundas, la dinastía terminó cayendo, víctima de presiones internas y externas, y esa caída dio lugar a un largo periodo de conflictos en el que los bandos progresistas y conservadores luchaban por definir el rumbo de China en el Siglo 20. Las discusiones iban desde los métodos de enseñanza tradicionales hasta la administración pública y las mismas costumbres sociales. Poco a poco China fue modernizándose pero su tamaño y su heterogeneidad, unido a sus conflictos internos y la irrupción de la guerra con Japón en los 30, aún le impidieron tomar velocidad y ponerse al corriente hasta mucho después, ya en plena década de los 80.
México actualmente se parece a esa China de principios del Siglo 20, en esa disyuntiva entre reformarse de forma profunda, o seguir maquillándose hasta que las circunstancias lo fuercen. No es imposible: China ya demostró que puede hacerse, pero la cantidad de penurias que tuvo que pasar para finalmente decidirse nos indica que no vale la pena; estamos en la encrucijada de todavía poder escoger 'la opción japonesa'.
¿Podremos?

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El autor es académico Ex-A-Tec y asesor de negocios internacionales radicado en China
alfonsoaraujog@gmail.com

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