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La muerte de Rodolfo Carrillo
A pesar de que el homicidio destapó la 'narcoprotección' policiaca, el caso nunca se aclaró
Guadalupe Martínez
11-09-2008
 
Una cruz con los nombres de Rodolfo Carrillo y Gioavana Quevedo, fue colocada en el lugar de los hechos.
Fotografía: IONSA.
La muerte de Rodolfo Carrillo Fuentes, ocurrida el 11 de septiembre de 2004, marcó la separación definitiva de los cárteles de Juárez y Sinaloa, así como el "destape" de la protección que brindaban los policías los miembros del crimen organizado, pero a 4 años de los hechos, dos de los participantes se hallan recluidos.

Según informes de la Procuraduría General de la República y la Secretaría de la Defensa Nacional, la ejecución del hermano menor de Amado Carrillo Fuentes, fue ordenada por el líder del cártel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera, pero el caso no ha sido esclarecido.

El crimen del también llamado "Niño de Oro", fue bien planeado por los sicarios, quienes sabían que éste siempre andaba escoltado por elementos de la PME, encabezados por el entonces comandante Pedro Pérez López.

Eran las 16:00 horas del sábado 11 de septiembre de 2004, y las salas y comercios de la Plaza Cinépolis, lucían llenas, al igual que el amplio estacionamiento. Rodolfo y su esposa Gioavana Quevedo habían llegado unas horas antes.

La pareja era escoltada por Pedro Pérez, aquel comandante que había desarticulado bandas de secuestradores, robacarros y había sobrevivido a dos atentados perpetrados por gatilleros del cártel de Tijuana, comandados por el propio Ramón Arellano Félix.

Al salir de lugar, Rodolfo Carrillo y su esposa, acompañados también de sus dos hijos pequeños, se dirigían a su automóvil, pero antes de poder abordarlo, fueron atacados por un grupo de gatilleros que les disparaban de varios frentes.

El comandante de la PME y sus compañeros repelieron la agresión. La balacera duró varios minutos y las detonaciones se escucharon en todo el sector. Al final Rodolfo y Giovana, así como el cuidador de autos Juan Durán Mayorquín, estaban muertos.

Pedro Pérez había resultado herido y pedía ayuda por su radio Matra. En pocos momentos todo el estacionamiento fue rodeado por elementos de todas las corporaciones de policía. Se inició una persecución de los sicarios.

Según los archivos periodísticos, se registraron varios tiroteados que culminaron a espaldas del Seminario, donde fueron abatidos cinco presuntos gatilleros, que al parecer, fueron ejecutados cuando ya se habían entregado, y dos más fueron capturados.

Tras el crimen, la SIEDO confirmó que investigaba a Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, entonces director de la PME, y a otros ocho jefes policiacos, entre ellos Reynaldo Zamora Gaxiola y Héctor Castillo Medina, director de la Policía Estatal Preventiva, por presuntamente brindar protección a los cárteles de la droga.

Aguilar Íñiguez presentó su renuncia el 16 de septiembre y dijo que estaría en su casa si las autoridades lo necesitaba, pero desapareció y hasta la fecha se desconoce su paradero. La SIEDO lo busca sin poder localizarlos.

Los otros jefes policiacos también desaparecieron en esos días, pero algunos han regresado al ser absueltos de los cargos que se les imputaba, entre ellos Castillo Medina, así como los comandantes Carlos Ismael Núñez Castañeda y Reinando Zamora Gaxiola. Los únicos que permanecen presos por el crimen de "Rodolfillo" son Pedro Pérez López y Guadalupe González Posadas, recluidos en el penal de Puente Grande, Jalis

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