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ANIVERSARIO DE CULIACáN
'Vive' Culiacán en sus personajes
Han caminado y caminan por las calles de la ciudad. Le han dado vida al presente y al pasado de este pedazo de México que hoy cumple 477 años de fundado; son sus personajes.
Azucena Manjarrez
29-09-2008
 
Lupita, la Novia
Fotografía: Noroeste.
 
 
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Lupita, la Novia

Paseaba por las calles de la ciudad. Guadalupe Leyva Flores, Lupita, La Novia de Culiacán, ha jugado con el tiempo transcurrido, con esas calles, con los reclamos que hacía.

Ha dejado su imagen en los sitios por los que transitó vestida de novia: la Avenida Álvaro Obregón, Ángel Flores, Miguel Hidalgo, el Mercado Garmendia, en las tiendas de telas y mercerías.

Su incesante espera en Catedral para ser recibida por el Obispo para que la llevara con el Papa y comunicarle la encomienda de la Virgen de Guadalupe de recuperar el Tesoro de la Divina Gracia, aún se recuerda.

Lo hizo desde 1956 hasta antes de su muerte, el 12 de mayo de 1982. Su ritual estaba cargado de simbolismo, de inocencia, de vida, pero también de 'locura'. Lupita permanece, con su vestido de novia, con esa historia que muchos recuerdan y que ha perdurado a través del tiempo.

La Fanny

La Fanny, cuyo nombre fue el de Juan Navarrete Salcido, vestido de mujer vagaba por las calles, la Plazuela Rosales, el Edificio Central, en este último increpaba con los gritos de ¡Rateros!, ¡Pónganse a trabajar!, a los funcionarios universitarios.

En sus últimos años de vida este personaje se mantuvo en las afueras de una tienda de discos, en la calle Juan Carrasco, casi esquina con Benito Juárez, donde bailaba al ritmo de la música que le pusieran.

Su imagen fue conocida por chicos y grandes en ese lugar, hasta que murió el verano de 2005.

El Padre Jeringas

El Padre Héctor Orozco Gutiérrez, siempre viste de blanco y lleva consigo escapularios y agua bendita para confesar, bautizar, dar la comunión a los enfermos y acercar a Dios a quienes embarga la pérdida de un ser querido.

Conocido como El Padre Jeringas y oficiante en el Templo de Nuestra Señora de la Soledad, es parte de los personajes de la ciudad porque a él se le atribuye la posibilidad de estar en dos lugares a la vez y llegar de imprevisto a hospitales y funerarias para hacer confesiones.

Él ha negado ambos comentarios y ha dicho que se viste de blanco porque con la sotana negra asustaría a unos cuantos.

"Esa es una facultad que no me he percatado tener, aunque mucha gente lo diga, pero si Dios me dio esa facilidad es para bien de su pueblo", ha dicho el sacerdote.

El Capi Cisneros

Los raspados de Heriberto Cisneros, más conocido como el Capi Cisneros, se volvieron entrañables para una generación. Él ofrecía sus productos con sabor a vainilla, durazno, con lechera, en la Plazuela Rosales.

Ese era un buen pretexto para que las familias visitaran ese espacio universitario, para disfrutar ahí de los raspados que en su momento fueron los más pedidos en la ciudad.

El historiador Gilberto López Alanís dice que dentro de su clientela se encontraron Enrique Sánchez Alonso El Negrumo, Amparo Ochoa, Óscar Liera, Pedro Infante y Ramón Rubín.

El Doctor Cultura

José Guadalupe Sánchez Aceves, mejor conocido como El Doctor Cultura, fue un personaje que a sus más de 70 años no se perdía ningún evento artístico. Siempre con un galón de agua en sus manos y una cartelera en su cartera, era de los primeros en llegar y el último en irse de las presentaciones del Tatuas, OSSLA, Delta Teatro. Él se convirtió en un personaje entrañable para la cultura.

Desde que se jubiló como médico optó por ocupar su tiempo asistiendo a las actividades artísticas de la ciudad, a las que tenía entrada libre y un lugar preferencial en las primeras filas, hasta su muerte.

"Creo que esto es como una medicina, porque si estoy angustiado por algún problema, me tranquilizo y eso es lo bueno de ir a los eventos culturales", afirmó en su última entrevista publicada en 2003 en Noroeste.

Malverde

"Dicen que merodeaba por el rumbo del barrio de La Vaquita, que se atrevía a ventanear la casa del Gobernador Cañedo, enfrente de la Plazuela Rosales", recuerda el historiador Gilberto López Alanís.

Malverde fue un bandolero generoso que ayudó a los pobres de su época, por eso su muerte fue sentida por la población marginada de Culiacán. Él tenía la habilidad de esconderse entre el follaje del río.

En la actualidad se invoca su ánima, le prenden veladoras a cambio de un favor. Su ermita es constantemente visitada, aunque muchos lo califican como el santo de los narcotraficantes.

* Algunos datos fueron tomados del libro 'Personajes y anécdotas en extinción', de José Piña González, y del libro Sueños y Formas de Culiacán, de Gilberto López Alanís.

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