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Domingo 19 de Mayo de 2013
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Salvan sus vidas al lanzarse del puente
Un comerciante y su hijo prefirieron sufrir la caída a caer abatidos por los tiros
Noroeste/Redacción
10-12-2008
 
El padre de la familia sufrió fractura de la pierna derecha y luxación de cuello, mientras el joven soportó la caída al rodar entre las hojas y basura acumulada.
Fotografía: IONSA.
Estuvieron en la hora y el lugar equivocados, pero tomaron su mejor decisión: lanzarse desde lo alto del puente Benito Juárez hacia la ribera del río Tamazula para salvar sus vidas.

Originaria del Distrito Federal, una familia de tres comerciantes que estaba de paso por Culiacán vivió en carne propia el peligro de estar al filo de la muerte.

Frente a ellos, justo en el lugar donde vendían objetos navideños, un grupo de sicarios perseguía a los ocupantes de un vehículo en el cruce de Xicoténcatl y Niños Héroes, en Las Quintas.

Desde una camioneta roja, varios individuos seguían y disparaban contra un auto Seat Córdoba blanco, al que obligaron a salirse de la calle y subirse a la banqueta donde se encontraban los vendedores esperando la luz roja del semáforo para ofertar sus productos a los automovilistas.

"Escuché las balas, miré el carro blanco y me tiré de ahí", dice el padre de familia, mientras era estabilizado por personal de Protección Civil en una camilla.

Su hijo explica que el vehículo Seat, en el que quedaron muertos tres individuos, se fue en descontrol y directo hacia donde estaban parados, mientras varios sujetos apuntaban y empezaban a disparar sus rifles a los ocupantes del mismo.

El instinto de buscar ponerse a salvo los llevó a lanzarse hacia abajo del puente, cayendo a una profundidad aproximada de 5 metros; el padre de la familia sufrió fractura de la pierna derecha y luxación de cuello, mientras el joven soportó la caída al rodar entre las hojas y la basura acumulada, que sirvieron de colchón.

Adepto a la Iglesia Cristiana, el comerciante se negó a ser canalizado con suero y tuvo que ser llevado en una patrulla al IMSS, pues los servicios de urgencia por las balaceras mantenía ocupadas a todas las ambulancias de la Cruz Roja.

Sin embargo, la situación extrema la vivió la madre de la familia a la que el miedo la atrapó e inmovilizó. Se cubrió su rostro con las manos, se arrodilló y se arrepegó al muro del malecón. Los sicarios le dijeron que se levantara, que se fuera de ahí.

La mujer cruzó tan aprisa como le permitía su larga falda y se refugió atrás del monumento a Morelos, que había sido tomado como escudo por los demás vendedores que se vieron forzados a abandonar sus puestos de trabajo en el crucero.

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