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Sábado 31 de Julio de 2010
 
Coaliciones y ciudadanos
Quizá como nunca la oportunidad de la alternancia está presente pero, también, los sinaloenses necesitamos a políticos con miras altas.
Ernesto Hernández Norzagaray
11-03-2010
 
A la memoria y el compromiso de Carlos Montemayor

La Ley Electoral del Estado de Sinaloa establece una serie de disposiciones legales en materia de coaliciones, frentes, fusiones y candidaturas comunes. Así, el artículo 32 señala que "los partidos políticos podrán formar coaliciones para fines electorales, presentar plataformas y postular el mismo candidato en las elecciones estatales y municipales".
Es decir, sin distingos partidarios, éstos pueden postular los mismos candidatos a Gobernador, diputados locales y presidentes municipales.
Sin embargo, para que puedan registrarse deben cumplir lo que exige el artículo 35, que determina que cada partido "deberá acreditar que fue aprobada por las Asambleas Estatales o equivalentes de los partidos que pretendan conformarla y de acuerdo con sus estatutos se aprobó la correspondiente plataforma electoral".
Esto último, la plataforma electoral, da la pauta para que las elecciones no sean simples acuerdos entre políticos para el reparto de cotos de poder, sino compromisos de Gobierno, lo que supone técnicamente que la fase de negociación es tan importante, incluso más, que la consecución de un triunfo electoral.
Ahora se discute el tema de una posible alianza electoral –esta figura, por cierto, no la contempla la ley- entre toda la Oposición, para, en esa lógica y sin matiz ideológico, evitar un nuevo sexenio emanado de la "familia revolucionaria" .
La posibilidad de que se dé una coalición variopinta ha suscitado todo tipo de opiniones, que van desde la clásica revoltura del "agua y el aceite" hasta otras más académicas, que buscan explicaciones en las identidades partidarias o el pragmatismo político.
Creo que a este tipo de apreciaciones muy respetables les falta profundidad y en alguna medida hay hasta cierto egoísmo social, pues existen experiencias heterodoxas de coaliciones exitosas, donde el mayor o menor éxito de una coalición tiene que ver con la calidad de los políticos y su capacidad de construir acuerdos de mediano y largo plazo a favor de su sociedad.
No se puede, pues, de entrada, descalificar algo que todavía ni siquiera se sabe qué características podría tener. Es más, sí habrá una, dos o tres coaliciones. Pero, bueno, hay quienes interpretan presurosos, como si tuvieran una bola de cristal de mago.

Minusválido y despiertos
Leyendo los acontecimientos en clave positiva, el momento político presenta un dato sin precedentes en una elección de Gobernador en Sinaloa, el PRI va a ésta con una fractura entre los dos principales líderes tricolores estatales: Jesús Aguilar y Juan Millán.
Quizá por ello es una fractura en la columna vertebral del partido. Y, subsecuentemente, podría tener, como cualquier lastimado, problema de movimiento en este periodo que necesita órganos en óptimas condiciones. No podría correr. Su caminar sería lerdo, con dolor agudo y los apoyos de sus correligionarios tendrían que compartirlos. Nada que ver con el partido omnipotente al que estábamos acostumbrados en otras contiendas electorales, donde con cualquier candidato era capaz de hacer polvo a quien se le pusiera enfrente.
En contrapartida, vemos a una Oposición despierta, dispuesta a todo con tal de aprovechar la debilidad del PRI y no parece detenerse ante nada. Sus señas de identidad ideológica contrastantes no son problemas. Sumarse en una coalición de contrastes tampoco lo es y mucho menos una plataforma común. Y muchísimo menos, desatenderse de tutelajes nacionales.
En fin, la pauta es agregarse en un bloque histórico como ha ocurrido en Italia, Chile y más recientemente en Alemania, como también hoy en otros estados de la República, pues como nunca la Oposición tiene ante sí la posibilidad de consumar la soñada alternancia en el Gobierno del Estado y favorecer un programa de transición democrática. Y suena lógica en política la posibilidad de acceso al poder, cada vez pasa menos por razones ideológicas y más por consideraciones estratégicas, pero también es de reconocer que para algunos de sus integrantes es una cuestión de sobrevivencia. Es la posibilidad de acceder/refrendar su presencia en el Poder Legislativo y compartir el poder, aun cuando sea marginal su incorporación.
Sin embargo, esto va a depender primero de que la Oposición salga unificada con un candidato y una plataforma común. Y lo que se está viendo en el momento de escribir este texto es que el escenario, aun con toda la algarabía que trae la no participación de Malova en el proceso interno del PRI y la negociación política con la Oposición, el escenario no ha cambiado mucho si lo vemos en cuanto a incentivos.
Para el PAN, por ejemplo, no será fácil sacar un acuerdo unificado en el Estado, incluso las diferencias entre los panistas podrían terminar en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación si Alejandro Higuera u otro aspirante siente que se violan sus derechos políticos, establecidos, como lo señalamos en un inicio, en la Ley Electoral.
Además, que haya dejado de ser una hipótesis y ahora sea una realidad la no participación de Malova en el proceso interno del PRI, más la posibilidad de que participe como candidato del PAN y de los partidos pequeños, ¿hasta dónde eleva las posibilidades de triunfo de esta coalición opositora? Incluso en una competencia de tercios ¿hasta dónde se elevan las posibilidades de Héctor Melesio Cuén o Alejandro Higuera?
No se olvide que en esa hipótesis el PRI dividiría sus votos, que puestos por mitades son menos que el voto duro del PAN. Y mucho menos si lleva los sufragios que agregaría el voto opositor "dormido" y los que acarrearía la asociación Cuenta Conmigo. No se descarta una elección de tercios. Pero, antes de cerrar este apartado, ¿podría ser exclusivamente pragmática la coalición o coaliciones que se configuran?

Coalición electoral y de gobierno
Sinaloa necesita urgentemente cambios de fondo que difícilmente la actual coalición gobernante podrá empujar para mejorar el régimen social, económico y político. Son muchos los rezagos y el Estado necesita cirugía mayor. Los problemas en la estructura productiva y de servicios que han provocado el cierre de cientos de pequeñas y medianas empresas. Los de marginalidad y pobreza que lastima a segmentos importantes de la sociedad sinaloense. La carencia de empleos con una paga digna, más los derivados del flagelo del narcotráfico y la violencia. Son tan sólo algunos de los problemas que obligan a que en este proceso electoral sean motivo de discusión y se plasmen en un programa de gobierno alternativo.
Desaprovechar la oportunidad de conciliar las diferencias y encauzar al Estado hacia un horizonte menos difícil para cientos de miles de familias sería un crimen de lesa humanidad en cuanto representa un mayor sacrificio que pagamos cotidianamente los sinaloenses. De ahí, urge que la coalición o coaliciones electorales que pudieran formarse sean de Gobierno y garanticen la gobernabilidad política, la seguridad pública y que las familias tengan mejores oportunidades de empleo para sus hijos.
Incluso, el PRI, en su alianza completa con el Verde, tendrá que ofrecer algo más que jingles vacíos a los potenciales electores.

Cuándo y con quién
Como están las descalificaciones y los señalamientos que se hacen contra Sinaloa, como viene siendo el travel advisory emitido por el Departamento de Estado estadounidense a sus ciudadanos para que la piensen dos veces antes de viajar a éste y otros ocho estados, es un indicador que no debe desdeñarse cuanto es el resultado de la situación en que vivimos y exige cambios de fondo.
Por eso, esta coalición o coaliciones alternativas, debieran pensar las cosas con perspectiva de Estado, de manera que sea una esperanza para los sinaloenses y no una nueva frustración de Gobierno.
Es decir, quizá como nunca la oportunidad de la alternancia está presente pero, también, los sinaloenses necesitamos a políticos con miras altas.
Ese es el debate que debería estar por venir y no sólo entre los dirigentes de los partidos, los que con sus propios intereses delinean aquello que desde su punto de vista es lo que necesitan los sinaloenses, pero éstos antes que los líderes partidarios son los que mejor saben lo que quieren y cómo, cuándo o con quién.
En definitiva, no sólo se debe atender a la exigencia de la ley, sino también al imperativo sustantivo de la política que es el de atender oportuna y eficientemente a los gobernados.

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