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MIL HISTORIAS QUE CONTAR
La Revolución Mexicana
¿Cuándo inicia y cuándo termina?
Jorge Briones Franco
30-10-2010
 
Una de las páginas del diario La Semana Ilustrada, en 1912.
Fotografía: Tomada del libro Prensa y Fotografía durante la Revolución Mexicana, de la Biblioteca Miguel Lerdo d.
CULIACÁN._Después de ocurrido, el movimiento social conocido como Revolución Mexicana ha sufrido constantes embates contra su identidad. El menor de los cuestionamientos ha sido preguntarse cuándo comienza y cuando termina, aspecto sobre el que no hay acuerdo unánime, lo mismo que sobre muchos otros, relativos a la Revolución Mexicana. El debate sobre sus límites temporales ha sido tema de una larga discusión entre los especialistas.

En 1945, durante el desarrollo del Congreso de Crítica de la Revolución Mexicana, Jesús Zamarripa Gaitán se preguntaba: ¿Cuándo empieza y cuando termina lo que hemos dado en llamar Revolución Mexicana? La pregunta así formulada presenta, nos dice el autor, dos dificultades, una de carácter histórico con dos subdivisiones -cronológica e ideológica- y otra de índole jurídica.

Cronológicamente: "puede determinarse con fechas, con ciertos hechos notorios, por ejemplo, para su punto de partida las primeras manifestaciones públicas de resistencia al gobierno del general Porfirio Díaz, y para su terminación el derrocamiento total de aquel régimen político". Ahora bien, nos dice el autor, si por este lado es posible fijar en cierto modo el inicio de la Revolución, no es así para su conclusión.

Para aclarar este aspecto, es menester acudir a la segunda consideración histórica, esto es, la ideológica, de este modo, que es el fondo substancial del movimiento, se está ya en condiciones de formular la pregunta adecuada. ¿La Revolución termina con la toma del poder o con la realización de los principios e ideales rectores del movimiento? Si contestamos a la primera parte del enunciado diremos que la Revolución termina una vez que ha sabido constituirse en un gobierno estable y aceptado universalmente. Más, si esto parece claro, no es así cuando se trate de contestar al enunciado segundo de la pregunta. Si se contesta afirmativamente, habremos de admitir la idea de una revolución al infinitum –sic-, esto es un estado permanente de revolución, que se caracterizaría por mantener en la conciencia del pueblo, a fuerza de repeticiones, los mismos principios revolucionarios que alentaron a los hombres que iniciaron el movimiento. Aceptar esto sería un error, error que consiste en suponer que el mismo vocabulario político que entusiasmó a los hombres de 1910 puede mover el ánimo del hombre actual.

La Revolución Mexicana no ha de ser explicada desde el punto de vista histórico, porque se carece de un conocimiento cierto de la realización práctica de los principios e ideales, por tanto es menester acudir a otro punto de referencia que es, como ya se dijo, el jurídico. La Revolución vista desde éste ángulo queda señalada su meta en el momento mismo en que se promulga y publica la Constitución de 1917." En tanto que "…ésta sintetiza y pone en acción la ideología revolucionaria.

Guillermo Palacios, al considerar que la Revolución Mexicana funcionó como mito fundacional del régimen político, nos dice que le debemos a Plutarco Elías Calles la interpretación oficial de una revolución que trasciende el periodo armado y que, convertida en gobierno, se despliega de manera incesante hacia el futuro.

En la academia se han suscitado planteamientos diversos. Don Luis González y González en su clásica obra Pueblo en vilo, nos ofrece una continuidad de tres revoluciones que van de la revolución mexicana propiamente dicha (1910-1924), la revolución cristera (1925-1932) y la revolución agraria (1933-1943).

Con similar postura encontramos la propuesta de Hans Werner Tobler quien la fija por su antecedente y consecuente o, de otro modo, por sus causas y efectos, entre 1876 y 1940. Planteamiento temporal por similar rumbo lo da Jean Meyer. Para este autor "se llama Revolución Mexicana a los 30 años que van de la crisis constitucional de 1910 al embrollo de la sucesión presidencial de 1940".

John Mason Hart es coincidente con esta misma postura lo que lleva a su prologuista Carlos Fuentes a decir, "la Revolución Mexicana de 1910-1921 consistió, por lo menos, en tres revoluciones", una de las cuales (la que estableció las instituciones del México moderno y que se desarrolló entre 1920-1940) triunfó sobre las otras."

En la obra Interpretaciones de la Revolución Mexicana, encontramos dos planteamientos coincidentes en la temporalidad, que discrepan de los anteriores. Por un lado el de Adolfo Gilly quien la fija entre 1910 y 1920 tomando en cuenta "la línea del ascenso, la culminación y la declinación de la intervención y de la capacidad de decisión efectiva de las masas en el movimiento, es decir, que responda al criterio metodológico que concibe a la revolución como la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos".

Enrique Semo, por otro lado, entiende por Revolución Mexicana "...la lucha armada que se produjo en los años 1910 hasta 1920..."Ello a pesar de que en el mismo texto el autor diga: "Creo que la única manera científica de estudiar la Revolución Mexicana de 1910, es como parte de un ciclo de revoluciones burguesas que se inicia con la transición de nuestro país al capitalismo y que termina en el momento en el cual la burguesía pierde toda reserva revolucionaria... ¿Cuándo se inicia este ciclo de revoluciones burguesas? Con la Revolución de Independencia de 1810. ¿Cuándo termina? Considero que termina en 1940..."

Buena parte de la historiografía sobre Sinaloa da por sentado que a partir de 1920 comienza la época post revolucionaria coincidiendo con alguno de los planteamientos anteriores, insinuando, como causa, que los sucesos armados se silenciaron. Pero tampoco esto fue totalmente cierto ya que, con los sonorenses en el poder, brotarán en el país y en Sinaloa movimientos armados liderados por activos revolucionarios, inconformes por el sesgo que la revolución había tomado y contra los actores que lo habían protagonizado.

Terminó la lucha armada como escenario más o menos generalizado, ¿terminó la revolución? Reconocemos que no es posible circunscribir la exhaustiva discusión que ha generado y genera el tema de los límites temporales de la revolución mexicana a solamente estos autores. El debate historiográfico acerca de la ingente literatura sobre el tema ha sido arduo.

En lo que a nosotros corresponde, nos distanciamos de los planteamientos que fijan sus límites al periodo de la etapa armada y del enfoque jurídico o constitucionalista; ambos coincidentes. No etiquetamos la época pero consideramos pertinente estudiar los sucesos que ocurren en los años de 1919 a 1940, en su imbricación y desarrollo con el proceso de la revolución. Los argumentos en pro de este planteamiento se fundan en que la revolución fue un proyecto político cuyo periodo violento o de guerra solo constituyó uno de sus momentos.

Nos parece que no es posible dar por sentado como sinónimos el concepto de revolución con el de las armas. Durante los años que comprende ésta época, con armas primero y sin ellas después, se gestó en el país y en la sociedad sinaloense, una transformación de sus estructuras, instituciones y se generó un cambio en el ejercicio de lo político y del tipo y papel de los actores. Es significativo, además, que la construcción de la "nueva" sociedad y el discurso de los actores, se hizo apelando al fenómeno revolucionario en contra de quienes de un modo o de otro discreparon e incluso lucharon contra él.

Solo así es posible comprender la dilatación de la esfera pública que entonces se generó; reconocer la emergencia de los nuevos actores que antes se hallaban excluidos de la participación; comprender el dinamismo y proliferación de espacios públicos y del ejercicio de la política que se mantuvo secuestrada o enmascarada en el porfiriato.

Este activismo tuvo que ver también con las demandas incumplidas que llevó al proceso armado y que mantuvieron vivo, en la etapa posbélica, el deseo de su realización. De esta manera se alumbran las causas que nos ayudan a entender el acontecer seleccionado y las maneras en que éste es tratado en momentos posteriores al hecho social llamado Revolución Mexicana. El combate está planteado, el debate abierto, estos apuntes y reflexiones buscan incentivar la discusión para sacudir la modorra en que nos mantienen las versiones sacrosantas y totalizadoras.

* El autor es Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Historia por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente.



DIFUSIÓN

Mil Conferencias y una Historia que Contar es responsabilidad de las siguientes instituciones:

* Asociación de Cronistas de Sinaloa.

* Academia de Historia de Sinaloa, A.C.

* Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

* ISSSTE Cultura.

* Comisión Estatal para los Festejos del Centenario de la Revolución y Bicentenario de la Independencia de México.


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