10 años sin don Julio - Periódico Noroeste
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Julio Berdegué Aznar
10 años sin don Julio
Hoy se cumple el décimo aniversario luctuoso del icónico y polémico hotelero, que marcó una parte importante de la historia empresarial mazatleca
Ariel Noriega
21/04/2017
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Foto: Noroeste

El 21 de abril de 2007, 10 años atrás, murió Julio Berdegué Aznar, uno de los empresarios que permitió que Mazatlán recobrara su sitio en el mapa del turismo en México.

 

Visionario, polémico, trabajador y con una voluntad de hierro creó por si solo un polo de desarrollo en la ciudad que sigue marcando la vida de miles de personas.

 

Diez años después, la industria de la hotelería ha cambiado, el puerto ha sido bendecido por el caudal de turistas que trajo la supercarretera a Durango, llegaron las ventas por Internet y el flujo de información que se mueve en las redes, pero los retos y la competencia también son mayores.

 

LEE AQUÍ LA PRIMERA PARTE DE LA ENTREVISTA DE HACE 10 AÑOS

 

 

La gran virtud de don Julio, como lo llamaron los mazatlecos, fue construir sus negocios desde cero y presionado por devaluaciones, crisis recurrentes, cambios políticos en México, ciclos económicos siempre cambiantes en el puerto y su ímpetu por crecer a pesar de los obstáculos que enfrentan los negocios en el País.

 

Después de establecerse de manera sólida en Mazatlán, don Julio pensó en crecer en Los Cabos y después en Cancún, pero su desembarco en Baja California Sur terminó mal; unos estadounidenses intentaron timarlo con un predio del que tomaron el enganche y luego no querían devolver.

 

Los estadounidenses radicados en México terminaron obligados por don Julio a regresarle su inversión, pero la experiencia lo dejó marcado para siempre y esa es la razón por la que El Cid no se extendió a Los Cabos.

 

En su lugar, don Julio cruzó México para invertir su dinero en Cozumel y la Riviera Maya, donde construyó dos resorts alimentados por la experiencia acumulada en años como hotelero.

 

LEE AQUÍ LA SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA DE HACE 10 AÑOS

 

 

Pero su ausencia no ha sido fácil para su familia, nada más partir, Mazatlán fue golpeado por la crisis de 2008, que afectó a Estados Unidos y al mundo, y repercutió en el turismo y los bienes raíces.

 

Carlos, el hijo de don Julio que permanece frente a los negocios, relata esa época turbulenta.

 

“Nos hubiera ayudado mucho, mi papá fue un hombre que siempre vivió épocas difíciles y siempre supo cómo resolver las crisis. En ese momento hubiera sido un gran apoyo para mí, afortunadamente salimos adelante”, recuerda.

 

Don Julio conoció la dureza de la vida desde que nació, sus primeros pasos fueron para escapar de España, donde el dictador Francisco Franco tomaba a sangre y fuego un país que casi un siglo después no consigue curar totalmente sus heridas.

 

LEE AQUÍ LA TERCERA PARTE DE LA ENTREVISTA DE HACE 10 AÑOS

 

 

El pequeño Julio fue a parar a un campo de concentración en Francia, de donde venían sus primeros recuerdos. De ahí, su padre consiguió llevarlos a un puerto francés y emigrar a México, la tierra que los recibió mejor de lo que pensaban y la que recorrió con gusto, de punta a punta.

 

Reacio a hablar con los periodistas, los detalles de la vida de don Julio fueron reconstruidos por los mazatlecos a su manera, de ahí que nacieran infinidad de mitos sobre su pasado o de los orígenes de sus negocios.

 

La verdad es tan simple o tan extraordinaria como se quiera ver: tuvo una infancia única, después en México una juventud plena y una larga vida de trabajo.

 

Su mayor virtud también era su mayor defecto: decía exactamente lo que pensaba, lo que le valió meterse en multitud de peleas y discusiones que en ocasiones llegaban a las portadas de los periódicos; jamás rehuía una confrontación y muchas veces se vio obligado a disculparse con personas a las que creía haber ofendido.

 

En los negocios era despiadado, su filosofía de controlar gastos y reducir costos sigue siendo la escuela de los administradores de su legado y la razón de que sus empresas sigan en pie.

 

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Además de su familia, sus trabajadores lo siguen recordando, muchos de ellos son hijos de sus primeros empleados, formando parte del esfuerzo de un empresario que aseguraba que era el mazatleco más pobre porque nunca traía un peso en la bolsa.

 

No lo necesitaba, comía, dormía y se movía dentro de su propia ciudad, El Cid, que aún sigue siendo una copia de sus propios sueños.

 

En su oficina parece que no ha pasado el tiempo, sus objetos personales continúan en su sitio, lo único que ha desaparecido es su enorme escritorio de madera, que dio paso a una pequeña sala donde los visitantes pueden sentir que en cualquier momento escucharán el trueno de su voz.

 

Hoy, su esposa y sus hijos irán a visitarlo en el pequeño monumento que guarda sus restos dentro de El Cid, su proyecto de vida.

 

Marcados por su estilo, no habrá grandes ceremonias, cada quien se acercará y charlará en silencio con él.

 

Después se reunirán a cumplir con el ritual obligado de don Julio: comer juntos una vez a la semana.

 

En la mesa sólo estará un invitado que no pertenece a la familia, pero que se ganó ese derecho caminando por la vida junto con él, Leovi Carranza.

 

Don Julio Berdegué nunca fue un santo, pero si se puede valorar a las personas por lo que hicieron y no por lo que dijeron, a ese señor que le tocó desarrollar la pesca del camarón y la hotelería del puerto, todos le debemos un poco.

 

 

 

La vida de don Julio

 

§ Nació en Madrid, España, el 14 de abril 1931, el mismo día y en la misma ciudad donde se proclamaba la Segunda República de España.

 

§ En 1939, la familia deja España a través del paso de los Pirineos y llegan a Perpignan, a un campo de refugiados.

 

§ De Francia parten para México a bordo del Flandres, sus nombres aparecen en una lista de desembarco del 21 de abril de 1939, la fecha es la misma en que moriría don Julio 68 años después.

 

§ En la década de los 50 se gradúa como biólogo del Politécnico Nacional y de 1954 al 56 estudia una maestría en San Diego, California.

 

§ En 1958, ya casado con Dolores Sacristán, trabaja como biólogo para la Comisión Internacional del Atún.

 

§ A principios de los 60 acepta un trabajo en una empacadora de Escuinapa e instala a su familia en un departamento de la calle Jabonería, en la colonia Los Pinos, en Mazatlán.

 

§ Con apenas 29 años se convierte en gerente de la empacadora y poco después toma las riendas de la empresa en todo Sinaloa, en Topolobampo conoce a Leovi Carranza.

 

§ En 1963 vende su casa e invierte 500 mil pesos en la Cooperativa La Sinaloense para capturar camarón y apenas recupera 50 mil pesos, el siguiente año pide prestado y en esta ocasión la temporada es buena, en unos años cuenta con su propia congeladora.

 

§ Vende sus barcos y en 1972 compra su primer terreno para construir el campo de golf.

 

§ En 1974 construye el Hotel Granada y unos años después, en 1982 erige el Cid Castilla.

 

§ En el año de 1989 abre sus puertas el Cid El Moro, el más alto en su época.

 

§ Sus últimos grandes proyectos fueron Marina El Cid en Mazatlán y la Riviera Maya, y El Cid La Ceiba en Cozumel.

 

 

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