El Cácaro - Periódico Noroeste
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El Cácaro
'Sultanes del Sur'.
Eduardo Díaz Vidales
06/01/2008 | 00:00 AM
Es innegable que las inspiraciones cinematográficas de gran parte de la nueva generación de cineastas mexicanos de nuevo siglo reposan en dos realizadores: Quentin Tarantino y Guy Ritchie. Cineastas como Alejandro Lazcano, Carlos Sama y Hugo Rodríguez seguramente están enamorados del estilo "tarantinesco" y "ritcheniano", adoran la forma en la que los directores anglosajones presentan a sus personajes de forma tan "cool", su humor negro e irónico, la forma en que las historias se entrelazan al final, la glorificación del criminal y sucesos que rayan en el límite de lo irreal; a Scorsese, Godard, Truffaut, Leone, Wenders, Allen, Bergman, Hitchcock o incluso a Spielberg o a sus compatriotas, Del Toro, Cuarón, Reygadas e Iñárritu, no parecen conocerles.
Todo influjo fílmico del nuevo cine nacional recae en Tarantino y Ritchie y ese es el gran problema en una industria cinematográfica que se supone estar en plena reinvención. Por supuesto que Tarantino e inclusive Ritchie son cineastas muy destacados, pero las influencias que estos generan en sus colegas mexicanos son exclusivamente superficiales.
En ninguna de las obras de realizadores como Lazcano (director de Matando Cabos y Sultanes del Sur) podemos observar el cuidado que Tarantino presenta en sus coherentes tramas, mucho menos sus orgánicos diálogos, ni a los divertidos personajes construidos por Ritchie en sus primeras dos cintas.
Después de un exitoso atraco en un banco mexicano, en el que logran robar 12 millones de dólares, los cuatro "sultanes del sur" (Tony Dalton, Ana de la Reguera, Jordi Mollá y Silverio Palacios, el Keyser Soze región 4) viajan a Argentina para hacer un intercambio de dinero. Inesperadamente, para ellos, pero no para el público, las cosas se salen de control y los cuatro quedan a disposición de los dos grandes capos del crimen en el país sudamericano.
Tras un conjunto de escenas filmadas en un aeropuerto y una "voz en off" que nos anuncia que al final todo salda mal para los personajes, la historia arranca en un banco que está a punto de ser asaltado. Desde esa primera secuencia lineal, Lazcano nos anuncia que durante los próximos 90 minutos tendrá que ladear con una serie de problemas creados por él mismo y su guionista Tony Dalton.
De entrada nos damos cuenta que el filme se estancara en la tendencia genérica del "heist movie" (película de asalto), por lo que no es ninguna sorpresa que persecuciones, balaceras, ensalzados villanos que gustan de hablar antes de matar, giros inesperados en la trama y explosiones están por venir; por supuesto que así sucede y desgraciadamente las escenas de acción resultan ser malas calcas de otras cintas del género.
Pero no todo es culpa de Lazcano, el absurdo guión de Dalton sólo hace más que presentarnos personajes aburridos, incoherentes, fallidamente contradictorios y mal desarrollados, que enfrentan situaciones totalmente irreales.
Es posible que Sultanes del Sur sea otro éxito taquillero para la productora Lemon Films (artífices de Matando Cabos y Kilómetro 31), pero su aportación a la industria mexicana será la misma que la mayoría de las obras creadas por una nueva generación de directores, más preocupados por las cuestiones técnicas que las narrativas.
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