Las Alas de Titika: Vende caro tu voto, aventurera - Periódico Noroeste
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Las Alas de Titika: Vende caro tu voto, aventurera
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María Julia Hidalgo López
12/01/2018 | 12:55 AM
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Foto: Cortesía

Quiero que esos gigantes cumplan con sus promesas. Quiero una sonrisa blanca por usar su pasta de dientes, que el shampoo embellezca mi cabello, que el maquillaje deje mi piel lozana, que el desodorante elimine los malos olores, que el tinte borre mis canas para siempre, que el implante sea de por vida, que el botox no me deforme, que el delineado no desvanezca, que el aclarado quite mis manchas, que el alaciado no se me enrosque, que el depilado no me rebrote, que la dieta no me rebote, que el acrílico alargue mis uñas, que el quema grasa me reduzca, que el photoshop muestre el buen ángulo...

Imploro que la seguridad me guarde. Que la alarma ahuyente a los intrusos, que la chapa de seguridad me resguarde, que la cámara registre a los ladrones, que el detergente elimine las manchas, que la felicidad del libro de autoayuda me dure al menos dos días, que el huevo orgánico no tenga hormonas, que el impermeabilizante evite goteras, que el cereal no me estriña, que el tomate tenga sabor, que el arroz no sea sintético, que la salsa no use saborizantes, que el fungicida no me intoxique, que la leche no se cuaje...

Que cursar la universidad me permita un sustento. Que con doctorado me acepten los intelectuales, que el curso de inglés me convierta en bilingüe, que aprobar materias me dé conocimiento, que el honoris causa me haga honorable, que ser educado me garantice respeto, que cumplir la ley me otorgue garantías, que decir la verdad no me criminalice, que el candidato -por caridad- no haga espectaculares, que a quien roba se le llame ratero, que la inocencia infantil no se arrebate, que la quincena dure diez días, que el ruido desaparezca, que -por caridad- recobremos la calma. Que las palabras vuelvan a usarse...

Que el avión cumpla con su hora de salida. Que el tiempo compartido no me salga con sorpresas, que el hotel por internet no me resulte fantasma, que el restauran gourmet me cumpla con salmón salvaje, que el correo entregue mis postales, que el café sea de mercado justo, que las gallinas se alimenten en campo abierto, que el desayuno continental dé jugos naturales, que el all inclusive no me encarcele, que el pueblo mágico no me engañe, que los retenes no me siembren, que la mota no me embrutezca, que la pantalla no me enajene...

Pero lo que más deseo es que dejen de envolver en escarlata todos sus falsos productos. Quiero que le regresen la cordura a mi amigo y que le quiten lo zombi. Que le devuelvan la fe y que vuelva a levantar la mirada; que vea por dónde camina y que no arriesgue su vida al cruzar una calle. Que deje de creer que la única luz es la que ve en la pantalla de su smartphone, que le quiten la esclavitud de revisar sus likes cada minuto, que retome su estima y que deje de registrar su imagen cada hora, que vuelva su atención y que pueda prestarme -por lo menos- cinco minutos corridos de su tiempo, que deje de lado a sus cientos de seguidores y vuelva a creer que cuenta conmigo, que retome sus lealtades y que deje de lado las falsas alianzas; que vuelva a creer y que valore que se tiene a él mismo -y a los cinco seres cercanos a su vida-. Que abandone la idea de desprotección si no pertenece a algún grupo, que justo en desagruparse radica la libertad que tanto busca.

Quiero que dejen de reproducirme espectaculares con modelos sonrientes en cada esquina, que dejen de bombardearme con su bienestar de cajita. Que ese verde y perfecto mundo donde prometen una vida feliz en un impagable departamento, en un edificio de 20 pisos, está muy alejado de la realidad que escasamente compramos cada día.

Comentarios: majuliahl@gmail.com

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