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Malecón
Nuevo año
El Centinela*
01/01/2008 | 00:00 AM
Propósitos

¡Feliz año! Lo primero que este Centinela quiere hacer al iniciar 2008 es desearle a los lectores que tengan un próspero año y que todos sus propósitos y deseos positivos se cumplan.
Si tienen algún deseo o propósito negativo, es decir, que su cumplimiento signifique afectar a terceros, olvídense de nuestro columnar apoyo.
Hacemos esta aclaración porque sabemos que dos que tres políticos no comienzan sus actividades diarias sin esta lectura obligada, y hasta uno que otro malandrín nos pega una ojeada.

Estrenan año y cargo
Quienes han hecho propósitos no sólo para 2008, sino para los próximos tres años (algunos hasta para los siguientes nueve) son los presidentes municipales que ayer rindieron protesta.
Jesús Vizcarra rindió protesta como Alcalde de Culiacán para el periodo 2008-2010, comprometiéndose a estar cerca de los ciudadanos y a trabajar con honestidad, transparencia (¿igual a la de Aarón Irízar?) y responsabilidad.
El empresario político vestía corbata azul con traje y zapatos negros, el Gobernador una roja con los diversos escudos nacionales de la historia, desde el águila del Peje, la juarista, hasta la actual. Le faltó el águila mocha de Fox.
El Presidente del Congreso del Estado, Francisco Javier Luna Beltrán, portaba una corbata amarilla, quizá obsequio de la pareja parlamentaria del PRD.
El Profe Óscar Loza Ochoa despertó cuchicheos porque llevaba unos calcetines blancos con traje y calzado negros.
El flamante Alcalde madrugó y llegó al Palacio Municipal 20 minutos antes del evento.
En el discurso se le olvidó mencionar al ex Gobernador Renato Vega Alvarado, ahí presente, por lo que Aguilar Padilla tuvo que tarjetear a Vizcarra para que lo nombrara.
No faltaron los colonos acarreados (¿a qué ciudadano en su sano juicio se le podrá ocurrir darse la vuelta por la toma de posesión, si no es por obligación política o de trabajo?) que fueron a echarle porras al nuevo Alcalde, hasta "papacito" le gritaron algunas vecinas.

Vieja celebración
La llegada de un nuevo año es celebrada por las diversas civilizaciones desde tiempos antiquísimos, en diferentes fechas, pero el 1 de enero es el día que conmemoran en la mayoría de los países.
De acuerdo con la enciclopedia Wikipedia, el calendario romano comenzaba el primer día de marzo, pero los cónsules de la antigua Roma asumían el gobierno en enero.
Julio César, en el año 47 adC, cambió el sistema estableciendo el calendario juliano, que con algunas modificaciones realizadas en tiempos del Cónsul Marco Antonio, 44 adC, el Emperador Augusto César 8, adC, y finalmente por el Papa Gregorio XIII en 1582, se utiliza hasta hoy en día.
El calendario gregoriano, que comienza el 1 de enero, mantuvo la costumbre y la celebración se caracterizó con un significado religioso durante la Edad Media y los siglos posteriores.
Los festejos de Año Nuevo destaca entre las celebraciones alrededor del planeta. Las ciudades con los eventos más vistosos son Nueva York, donde la atención se enfoca en un gran bola de cristal que baja sobre la multitud en Times Square; en Valparaíso dos millones de visitantes despiden la Nochevieja admirando los juegos pirotécnicos en la bahía; y en Sidney ofrecen un espectáculo de más de 80 mil fuegos artificiales.
Otras urbes famosas por la celebración son Londres, Río de Janeiro, São Pablo y Hong Kong.
Ojalá pudiéramos incluir a Culiacán entre las ciudades con formas muy características de celebrar el nuevo año, pero desgraciadamente la gran balacera no es algo como para presumir o enorgullecerse.
Algunos pueblos celebran el nuevo año en otra fecha, como el Año Nuevo chino, que puede comenzar entre el 21 de enero y el 21 de febrero, a la segunda luna nueva después del solsticio de invierno boreal del 21 de diciembre, y no puede ser convertido a una fecha exacta en el calendario gregoriano.
Por cierto, en China este será el año de la Rata, así que los malandrines y los políticos aviesos se la pasarán festejando los 365 días.
Los musulmanes celebran el Año Nuevo islámico el 1 de Muharram, a finales de enero o principios de febrero.
El nuevo año hindú es conmemorado a mediados de noviembre; los judíos festejan el Rosh Hashanah en septiembre; y en Tailandia, Camboya, Birmania y Bengala reciben el año entre el 13 y 15 de abril.
Los iraníes conmemoran el Norouz el 21 de marzo, lo cual nos parece más acorde con lo nuevo por corresponder al equinoccio de primavera, es decir, al inicio de la temporada de renovación en la naturaleza.

Ritos
El Año Nuevo es recibido de diferentes formas según el país, pero se han hecho prácticas comunes algunas creencias o supersticiones.
Hay quienes les realizan por voluntad y hay otros que sin querer queriendo ejecutan el rito sin habérselo propuesto.
Por ejemplo, uno de los rituales es cargar maletas, y ayer en los 18 ayuntamientos los alcaldes y funcionarios salientes se fueron arrastrando sus pesadas petacas. Si el proceso de entrega-recepción se cumplió al pie de la letra, en los velices sacaron sólo sus pertenencias. No creemos que se hayan metido dinero en los zapatos para atraer prosperidad.
Quienes terminarán 2007 con los mismos chones rojos de todo el año son los funcionarios de seguridad y justicia, principalmente, el Secretario de Seguridad Pública estatal, Ernesto Cebreros Murillo, y el Procurador de Justicia, Luis Antonio Cárdenas Fonseca, cuya ropa íntima era de un blanco inmaculado al asumir sus puestos, pero la delincuencia demasiado bien organizada se la tiñó de colorado con tantos homicidios dolosos romperrécords.
El que no cae en esas prácticas paganas es el Gobernador Jesús Aguilar Padilla, pues todos saben que siempre se ha negado a barrer la casa y, por tanto, los funcionarios que no dan resultados siguen inexplicablemente en sus puestos.

¿Qué pasó?
Esperamos levantarnos hoy con la noticia de que las cárceles están llenas de personas detenidas por participar en la tristemente famosa balacera de Año Nuevo.
Las autoridades de seguridad, como todos los años, cacarearon el operativo para inhibir los disparos y pudieron haber recurrido a entrar a las casas sin orden de cateo para atrapar a los tiradores.
La única forma de ir reduciendo las balaceras es que no haya impunidad, o sea, que arresten a tanto disparador como puedan. Sólo con castigos ejemplares los gatilleros, matones, tiradores de ocasión, quedadores de bien, novatos estúpidos, similares y conexos, la pensarán cinco veces antes de jalar el gatillo.
Ojalá que en esta celebración no haya víctimas de las balas perdidas.
Hasta ahora ningún operativo ha valido para persuadir a los babosísimos empistolados y, al contrario, cada año la balacera se pone peor.
Cómo estará la situación que hasta familias de Tierra Blanca, la mala cuna de la balacera, dejarán hoy sus casas para pasarla con parientes que viven en los nuevos fraccionamientos de la periferia de la ciudad, alejados de la zona donde el estruendo de las armas es mayor.


Malecón es columna institucional de esta casa editorial
maleconcul@noroeste.com
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