PEQUEÑA VECINDAD
Viven en una ‘suite con vista al mar’ en Mazatlán
Bajo la piedra y el concreto que sostienen al Paseo Claussen, entre Playa Norte y Ciencias del Mar, existe una pequeña vecindad en la que habitan cuatro personas
Verenice Peraza  -  08 Febrero 2018 | 04:07:00
Luis Ángel Aranda lleva cinco años viviendo en la zona

MAZATLÁN._ Bajo la piedra y el concreto que sostienen al Paseo Claussen, entre Playa Norte y Ciencias del Mar, existe una pequeña vecindad en la que habitan cuatro personas.

Cada uno tiene una “suite con vista al mar”. No pagan renta, aunque en tiempo de frío sufren a consecuencia de la brisa que les “cala los huesos” y, en tiempo de calor, por las altas temperaturas que los mantienen sudando de día y de noche.

Mientras unos los llaman “los teporochos de la playa”, ellos se denominan “los apestados de la sociedad”, porque según dicen, lejos de integrarlos, los rechazan.

 

Así, en hoyos de entre metro y medio y dos metros de ancho, con una cavidad de 90 centímetros, está la “vecindad del mar”.

Los hoyos los ha hecho el mar en el muro de piedra y ellos los han hecho sus hogares.

De los cuatro inquilinos del área, sólo Luis Ángel Aranda, de 41 años, es el más antiguo.

Dice que hace cinco años, orillado por los problemas familiares y la poca solvencia económica, lo llevó a refugiarse en ese hoyo al que hoy día llama hogar.

“Un buen día, depresivo y solo, me acomodé aquí y me sentí más en un hogar que en donde vivía, no tenía para pagar la renta, tenía muchos problemas emocionales y me quedé aquí”, recuerda.

Del hoyo al que llama “hogar” salía todos los días a la calle hasta que fue atropellado por una moto que le ocasionó múltiples fracturas que le sanaron solas, aunque estéticamente dejaron huellas, como la de su clavícula izquierda que luce con tremenda protuberancia.

Luis Ángel, originario de la Ciudad de México, es laminador de carros, aunque desde que fue atropellado no trabaja de eso y sobrevive gracias a la providencia de Dios.

“Dios y el mar me proveen, todo me llega aquí, a este hoyo, junto los botes, el cartón y todo lo que el mar deja en la orilla, luego lo vendo y como”.

No tiene estufa ni televisor, como tampoco tiene luz, sólo se ilumina con la luna y el sol.

Luis Ángel se baña todos los días en el mar, pero cuando ya no soporta la sal, paga por enjuagarse en las regaderas del Oasis Interactivo, junto al monumento al pescador.

“Sobre las piedras del hoyo hice la cama, le puse suficiente cartón, así que mi cama es de piedra, pero es mi cama, nadie me echa de aquí”, dice con la mirada al cielo.

Junto a la “casa” de Luis Ángel habitan Daniel, Juan y Francisco, también en sus hoyos, quizá más pequeños.