Agresividad infantil

19 enero 2017

"‘¿Qué hacer si mi hijo es un niño agresivo?’. Es la pregunta que muchos padres de hoy se hacen"

Deseret News

MÉXICO (DESERETNEWS)._ Daniel es un niño francamente ingobernable. Cursa la educación primaria, y maestros y psicólogos escolares citan a sus padres constantemente porque no hay semana en la que Daniel no agreda físicamente a un compañero, o hasta a su profesor. Sus padres ya no saben qué hacer con él, cómo educarlo o a quién recurrir para que les ayude a saber sobrellevar la situación que, hay que decirlo, es ya casi insostenible.

¿Cuándo se considera agresivo a un niño?

Se dice que un niño es agresivo cuando provoca daño a una persona, un animal u objetos, e inclusive cuando se daña o se lastima a sí mismo. Dicho daño puede ser físico, verbal o psicológico.

En los menores es muy común observar este tipo de conductas en forma directa, es decir, mediante un contacto físico violento directo como una patada, una mordida o a través de groserías.

Un niño es agresivo cuando lastima de manera intencional a un perro, por ejemplo, lanza objetos con intención de que se rompan o para dañar a alguien y, en el peor de los casos, cuando se golpea o se corta a sí mismo si está enojado.

Si te suena familiar alguna de estas situaciones y se lo atribuyes a sólo ‘un mal carácter’, quizás es tiempo de realmente evaluar la conducta de tu hijo y ver si te estás enfrentando a un niño agresivo.

* Artículo de Emma E. Sánchez, colaboradora de Familias.com

 

¿QUÉ ES UN NIÑO AGRESIVO?

Esta condición se cumple si el niño agrede tanto en casa como en la escuela. Generalmente, los niños se tornan agresivos bajo estas tres condiciones:

1. Cuando tiene problemas de interacción social con niños de su edad o mayores, donde no puede obtener lo que desea.

2. Cuando los adultos que le rodean no cumplen con sus deseos o no quiere obedecer lo que le mandan.

3. Cuando es castigado por haberse mostrado agresivo con otros adultos o niños después de que él también fue agredido.

 

¿Qué puedo hacer si mi hijo es un niño agresivo?

1. Revisa tu propia conducta

La agresión se aprende, no hay más, y los padres son, por lo general, quienes moldean la personalidad infantil. Si eres una persona que acostumbra gritar y hacer todo “un espectáculo” cada vez que te molestas con alguien o, peor aún, cuando tú y tu pareja pelean a gritos, lanzan objetos o se dicen cosas hirientes; frena tales arrebatos y ponles solución. 

Evita pelear frente a tus hijos, o mejor aún, aprende a discutir y a resolver tus problemas de manera asertiva.

 

2. El medio ambiente donde tu hijo se desarrolla es agresivo

A veces no vemos ni notamos que nuestro medio es agreste porque desgraciadamente nos hemos acostumbrado a ser agredidos, lo que por cierto es muy triste. Las burlas constantes, los empujones, las groserías o intimidaciones no son normales. 

El ruido estridente, el consumo de drogas –inclusive lícitas– y todo aquello que altere el espíritu y no respete a la persona y su espacio, puede resultar una agresión directa.

 

3. La carencia de habilidades sociales

Esto significa que tu hijo tiene dificultades para relacionarse con otros niños, que no sabe hacer amigos, conservarlos o simplemente que su trato es rudo, tosco y, por lo tanto, se siente frustrado al intentar relacionarse con otros.

 

¿QUÉ HACER?

Una vez que hayas revisado estas condiciones de vida y las mejoras, pero las conductas agresivas persisten, revisa entonces las siguientes:

 

Los castigos

De inicio, los castigos deben ser eliminados. Los castigos, y sobre todo los físicos, la mayoría de las veces resultan agresivos. Por consiguiente, es preferible hablar con tu hijo de consecuencias, las cuales deben ser lógicas y naturales en relación con la falta cometida.

Por ejemplo, si lanzó objetos, simplemente debe recoger y limpiar. No hay gritos, reproches o situaciones en las que la agresividad se fomente. Se trata de usar la lógica y la razón, no la imposición y la tiranía.

 

No responder con más agresividad

Si él se pone mal, no seas tú el siguiente. Respira, relájate y no continúes con el círculo de la violencia y las agresiones. Baja el volumen de tu voz y, si es necesario, aléjate y busca tu tranquilidad para no enredarte y que puedas pensar con claridad.

 

Establecer acuerdos

Confía en la inteligencia de tu hijo. Razona con él en los momentos de claridad, nunca cuando esté enojado. Habla, aunque él no conteste, pues aunque no lo parezca, te escucha y guarda en su corazón y mente lo que digas. 

Por eso debes ser muy inteligente y hablar desde el amor y la paz, nunca desde la frustración o el hartazgo.

 

Visitar a un especialista

Si no ves mejora en la conducta en los tres meses siguientes a tu propio cambio, haz cita con un especialista. Un psicólogo o terapeuta de la conducta puede hacer maravillas entre ustedes.

 

¿A qué especialista debería llevarlo?

Si tu hijo está presentando problemas de conducta cada día más serios, haz caso de estas señales de alarma, actúa y evita problemas más graves a futuro. Según su disciplina, éstos te pueden dar luces sobre qué camino seguir:

- Pediatra

Un padre de familia que está observando conductas irregulares en su hijo puede visitar de primera mano a su pediatra, especialmente si ha seguido el desarrollo del niño desde pequeño. Un pediatra puede ayudar a detectar algún problema de salud.

 

- Nutriólogo

Cuando se reportan los primeros problemas de conducta, muchos padres de familia son referidos a un nutriólogo, ¿por qué? Porque hoy está más que comprobado que varios problemas de conducta en los niños tienen que ver con la mala alimentación y el abuso de azúcar y carbohidratos, principalmente, y en otros casos, la deficiencia de algunos nutrientes importantes como el Omega 3.

Para muchos niños, cambiar o mejorar su dieta es lo que hace la diferencia entre un problema de conducta, bajo rendimiento escolar y el éxito personal y académico.

 

- Psicólogo

Este especialista es el recurso más recomendado por docentes y otros padres de familia, porque puede ayudar al niño y a sus padres a procesar o sobreponerse a situaciones difíciles en la vida y desarrollo del niño. 

Junto con los pedagogos, también puede descubrir problemas de aprendizaje, formas y canales particulares para que cada niño asimile los conocimientos y, generalmente, con un tiempo de terapia y seguimiento, los pequeños salen adelante y continúan con su proceso de desarrollo y aprendizaje. 

Visitar al psicólogo no debe ser vergonzoso. Sus servicios hoy son mucho más importantes y valiosos que en ningún otro momento de la historia.

 

- Neurólogo

Este especialista nos puede dar una visión clara sobre lo que sucede en el cerebro del niño en el plano fisiológico y descubrir si los problemas de conducta se deben a la carencia de algún químico, una lesión cerebral, un retraso o inmadurez en la corteza cerebral y, por lo tanto, conocer qué podemos hacer para ayudarlo.

El neurólogo puede inclusive diagnosticar y darle tratamiento. Hace unos años pensar en medicar a un infante generaba rechazo por parte de la sociedad, pero a través del tiempo se ha descubierto que no se trata de “drogar o sedar al niño”, sino de ayudarlo a producir los químicos que su cuerpo no puede hacer por sí mismo.

La medicación no es para toda la vida ni es agresiva, es gradual y se retira una vez que el cuerpo trabaja de forma adecuada o el niño se autorregula y madura.

 

- Psiquiatra

Se escucha fuerte pensar en un psiquiatra infantil, pero para algunos pequeños y jóvenes, recibir este tipo de tratamiento puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Si tu hijo está presentando problemas de conducta cada día más serios, haz caso de estas señales de alarma, actúa y evita problemas más graves a futuro.