Carolina, volver a la vida

Martín González
09 noviembre 2015

"Los sueños restaurados..."

CULIACÁN.- La de Carolina Gabriela Plazas Guerrero es una historia de lucha y de amor a la vida.
Después de permanecer tres años en lista de espera por un riñón y sufrir todas las "enfermedades del mundo", sobrevivir a una dieta rigurosa, al aislamiento que enclaustra la insuficiencia renal crónica y ser una enferma terminal, un "ángel" anónimo le dio vida después de la vida.
Carolina departe una celebración muy familiar en torno de un pastel de chocolate. Es menudita, pero de una verba fluida, vivaz y que dista con la complexión de su cuerpo.
La vida es pródiga con Carolina.
Distante ya el abril de su sentencia. 2007, el año en que le fue diagnosticada la insuficiencia renal crónica, después de una manifestación asintomática. Pero los análisis clínicos ya mostraban el daño renal. Había que hemodializar de inmediato.
Al principio no le cayó "el 20" porque no conocía la enfermedad. La insuficiencia renal crónica no le decía nada a los 15 años, edad en la que cursaba los últimos meses del tercero de secundaria.
Cuando el común de los adolescentes apenas comienza su vida, la de Carolina comenzaba a desgranarse.
"No te imaginas todos los problemas que se van a venir, no te imaginas todo lo que son los trámites que hay para ingresar a lista de espera. Es muy difícil, la verdad", dice.
LOS SUEÑOS TRUNCOS
La historia de Carolina comenzó en la escuela. La secundaria. Ahí le cambió la vida.
"Fue muy difícil. Tuve que dejar la escuela, entrando a la prepa. A mí me la detectaron cuando estaba en tercero de secundaria. Alcancé a terminar, pero ya en prepa ya me tuve que salir porque ya era imposible subir escaleras. Me sentía mal. Aparte tuvieron que internarme porque estuve muy grave", recuerda.
--¿Te truncó los sueños?
--Todo. La verdad, no sabía si iba a vivir al día siguiente, no sabía si en la próxima sesión de hemodiálisis me iba a fallecer. No sabía si mi trasplante iba a llegar.
La incertidumbre era mucha. El miedo también. Duele la vida propia, pero también la ajena. La familia sufre. La incertidumbre sobre si iba a amanecer al día siguiente le pulverizaba los ánimos.
"Yo dejé amigos, dejé salidas, dejé todo. Fue muy difícil para mí en ese aspecto", reitera.
El hogar de Carolina huele a unidad. La asepsia se respira en un ambiente diseñado para Carolina. 

DE LA EDAD DE LAS ILUSIONES A LA LUCHA POR LA VIDA
La edad de las ilusiones para Carolina se volvió una lucha por la vida hasta la mayoría de edad. Tres años en los que sufrió una enfermedad que la padece la familia entera, discapacitante y demoledora.
De abril de 2007 se estuvo hemodializando durante tres o cuatro horas tres días a la semana. A veces cuatro, si la insuficiencia renal se ensañaba con su organismo.
El mundo al que entraba era distinto del que idealizan los adolescentes de su edad. En ese no había alegría, tampoco fiestas ni paseos con los amigos. En el suyo eran "toneladas" de medicamento, riñones artificiales, catéteres y muerte.
"Tres años yendo tres veces por semana a conectarme a una máquina no era vida. Me puse grave muchas veces, me dio neumonía, me dio peritonitis. A mi mamá le dijeron que yo podía fallecer si seguía así de mal", recuerda.
Los altibajos de su enfermedad eran impredecibles. Un día estaba bien, pero al siguiente la IRC la dejaba en calidad de moribunda.
"Estuve con oxígeno sin quitármelo ni para ir al baño".
La enfermedad pulmonar la dejó fuera de la lista de espera durante nueve meses. Dos veces la llamaron para el trasplante pero de una tos cursó una neumonía que descartaba la cirugía, porque para ella el paciente debe estar al "100 por ciento".
Pero la IRC no la vivía sólo Carolina. La familia sufría también...
La vida se le volvió un recuerdo.
"Antes era normal. Iba a la escuela, tenía amigos, salía a fiestas. Eso se fue acabando. Ya no tuve amigos, dejé de salir porque ya nunca me sentía bien para hacerlo. Además, cuando entras a hemodiálisis estás inmunosuprimida e ir al cine ya es un riesgo mayor de agarrar una infección, un virus..."
LAS PERIPECIAS ECONÓMICAS
Catalogada por quienes la padecen como una "enfermedad para ricos", la insuficiencia renal crónica requiere sesiones de hemodiálisis que cuestan alrededor de mil 800 pesos, vacunas que rebasan los 10 mil pesos más insumos pequeños, mientras el paciente está en lista de espera.
Al momento del trasplante, requerirá una vacuna que tiene un costo de 45 mil pesos y medicamento de por vida, una vez trasplantado, que no bajan de los 5 mil pesos.
Pero no entra nadie a lista de espera sin haber depositado lo de la cirugía.
"Para mi familia fue un desgaste muy fuerte. También económicamente porque tuvimos que hacer muchas cosas para poder juntar el dinero para la cirugía, porque cuando yo recién entré al trasplante la cirugía era 160 mil pesos. Dinero que no se tenía y que se tuvieron que hacer cenas, se tuvieron que vender pulseras, se tuvieron que hacer colectas", expresa.
Peripecias económicas vividas a la par de la angustia por la salud de Carolina.
UNA VIDA DE RESTRICCIONES
El hábito alimenticio de la adolescente cambió por completo. Medicamentos a granel, alimentos específicos y pocos líquidos. Casi nada.
"Sólo podía tomar 600 mililitros al día. Era un vasito de 200 en cada comida. Imagínate, tomar como 20 pastillas diarias para la presión, para controlarme el fósforo, para cuidarme el estómago, para el calcio, para todos los desajustes que se te hacen", comenta.
Carolina empezó a retener líquidos, le dio peritonitis porque el líquido se le comenzó a acumular en el abdomen. Le practicaron cinco paracentesis para evacuarle la serosidad acumulada en esa área.
El hambre le punzaba el estómago pero era imposible alimentarse por el líquido acumulado. La alimentación se le volvió un campo restringido.
"Haz de cuenta que todo es prohibido, y tú tienes que saber cómo empezar a combinar esos alimentos para que no te hagan daño".
LA VIDA Y LOS SUEÑOS DEVUELTOS
A mediados de 2010 Carolina volvió a la vida. Un "ángel" le donó la vida que en el Hospital General de Culiacán se lo trasplantaron.
"Me devolvieron la vida. Alguien, un donador que no conozco. Fue un ángel que me devolvió todo, le devolvió la felicidad a mi familia, y a mí sobre todo", enfatiza.
Atrás quedaron las sesiones de hemodiálisis.
¿Te restablece los sueños, la vida?
--Claro que sí. Ya empecé la escuela otra vez. Bueno, yo aun enferma durante los meses que estuve más estable pude hacer la prepa abierta. La hice en un año con las ganas de salir adelante. Y acabo de entrar a estudiar nutrición a la UAS".
Aunque es difícil mantener un riñón, por el medicamento que requiere, Carolina ve la vida a través de un cristal más trasparente.
"Quiero cumplir mis sueños, terminar mi carrera, empezar a trabajar. Volver a tener amigos, volver a salir, que eran cosas que extrañaba muchísimo. Esas también me las devolvió el trasplante".
Carolina Gabriela suspira, respira la vida de su nueva vida. Las ilusiones y el futuro están de nuevo en ella. La familia en torno a un pastel celebra una reunión familiar. Carolina celebra la vida, la que le devolvió una donación cadavérica que sólo permitió dos trasplantes en 2010 en el Hospital General de Culiacán.
"Imagínate lo privilegiada que me siento que me haya tocado a mí y a mi compañera, y sobre todo que haya sido el perfecto para mí...", sonríe.
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