Dias de plomo

Ernesto Hernández Norzagaray
14 noviembre 2015

"El hilo conductor de estos tres textos es la violencia y la impunidad. Una hermandad siniestra que ha costado a Sinaloa miles de vidas"


 En diciembre de 1990 la revista Nexos publicó un ensayo del médico David Werner, miembro de la Hesperian Foundation, "un pequeño grupo comprometido con la educación en la salud" que estaba muy comprometido con la rehabilitación de niños inválidos en la Sierra Madre occidental. Este estadounidense quien es conocido por su labor en San Ignacio, especialmente en San Jerónimo de Ajoya y Coyotitán, escribió el ensayo El árbol de la droga, un texto muy revelador sobre la violencia y sus efectos en la vida cotidiana de los pobladores serranos, quienes lo leímos nos sorprendimos de su valor personal pero también del testimonio ya que como pocos se atrevió de poner los puntos sobre las íes señalando la dimensión del problema. Habló de la pobreza y cómo la falta de alternativas llevaba a muchos jóvenes a incursionar en las tareas del narcotráfico. Y luego de la masacre del 10 de mayo de 2002 tuvo que cambiar su clínica de Ajoya hacia Coyotitán donde creo que se encuentra hasta la fecha. 
Viene a cuento esta referencia a propósito de dos textos que acaba publicar la misma revista y que si bien no hablan de esa región serrana, sí de números de violencia y la muertes impunes de periodistas en el estado que nos parecen importante para los lectores de Noroeste. 
 
Nuevas coordenadas de la violencia 
El ensayo de Eduardo Guerrero, un especialista en estos temas que desde hace varios años viene recuperando los números de la violencia en toda la República, se titula Nuevas coordenadas de la violencia. Desde la prensa diaria matiza las cifras oficiales y muestra falsedades de los gobiernos que buscan dorar la píldora a la sociedad. 
Así, por ejemplo, ahora que el Presidente Peña Nieto señala que ha habido una reducción de los niveles de violencia durante el tiempo que lleva de su mandato, el también consultor señala que haciendo la comparación del primer semestre del último año de Felipe Calderón y el primero de Peña Nieto, si bien hubo una disminución del 9 por ciento en el segundo trimestre, se observa un repunte de la violencia "ya que el número de ejecuciones fue prácticamente igual al del trimestre previo". 
Agrega que las masacres donde mueren más de cuatro personas se han mantenido estables en relación al segundo semestre de 2012. Además, según él, se está dando una dispersión del fenómeno criminal, pues la mayoría de los crímenes vienen ocurriendo en Jalisco y los estados del centro del País. Simplemente en el DF, que había sido considerado una suerte de remanso criminal, por la ausencia de crímenes de alto impacto, en lo que va del gobierno de Miguel Ángel Mancera hay un incremento del 43 por ciento de muertes con el sello del crimen organizado. 
En sentido contrario, en los estados que tradicionalmente tuvieron los mayores índices de violencia durante la llamada "guerra contra el narco", que son Chihuahua, Guerrero, Nuevo León, Coahuila y Sinaloa, hay una "marcada disminución" de los eventos criminales. 
Así mismo, existe un repunte en ciudades como Ciudad Obregón y Hermosillo que habían sido poco afectadas por la violencia, en tanto en Sinaloa salvo los municipios del norte del estado el resto ha tendido a mantenerse estable o hay una disminución del número de homicidios, pero que siguen siendo altos. Aunque cabe destacar que Guerrero en una tabla de 56 áreas metropolitanas violentas no registra ninguna de Sinaloa, lo que evidentemente no puede ser, ya que es de todos conocidos la guerra sangrienta que sostienen cárteles, ejército y policías en el norte del estado. 

Días de Plomo 
La narrativa de Héctor de Mauleón es extraordinaria y estrujante cuando habla sobre la violencia contra el gremio de periodistas. El autor fue al lugar del crimen y recuperó las historias entre colegas, amigos y familiares de periodistas asesinados que tienen algo en común: la impunidad. Uno de esos casos es el del periodista Humberto Millán, quien fue asesinado el 25 de agosto de 2011 en Culiacán, transcribimos algunos pasajes: "Con casi 30 años en el oficio conocía como pocos los atajos y los pliegues de la política sinaloense. Jefe de prensa en tiempos del Gobernador Renato Vega Alvarado (1993-1998), había tejido una red de información que incluía fuentes de primer nivel. Fundador del polémico semanario A Discusión —reza alguno de sus obituarios—, "frecuentemente obtenía primicias que exhibían los sótanos de la función pública... 
"El 25 de agosto de 2011, a las 6:20 de la mañana, ocho hombres que habían estudiado sus trayectos lo interceptaron cuando se dirigía a las instalaciones de Radio Fórmula, en donde conducía el programa Sin ambages. Millán pidió a sus agresores que dejaran en libertad a la persona que lo acompañaba, su hermano, alegando que estaba enfermo de las piernas. Los desconocidos accedieron. A él se lo llevaron en su propia camioneta. La camioneta del comunicador fue encontrada 26 horas después en un campo de riego. Millán estaba en el asiento trasero con dos tiros de 9 mm. en la nuca. 
"Un personaje del crimen organizado le mandó decir "amablemente" a mi padre, que le iba a ir mal si seguía tocando el tema de los políticos y el narcotráfico —recuerda César Millán—. Él registró la amenaza, sintió que estaba en peligro, y decidió no volver a tocar el asunto.
"Millán era el cuarto periodista asesinado en Sinaloa en los últimos ocho años. En México existe la impresión de que ocho años son muchos y cuatro muertos son nada. El secuestro y asesinato de este comunicador se inserta, sin embargo, en un contexto de agresiones sistemáticas a la prensa en aquel estado. 
"Un reporte de Artículo 19 —organización independiente que protege y promueve el derecho a la libertad de expresión— ilustra las condiciones en que se practica el periodismo en Sinaloa: en noviembre de 2008 las oficinas del periódico El Debate de Culiacán son atacadas con granadas de fragmentación: directivos del diario afirman que se trata de un "mensaje" de intimidación; en septiembre de 2009 un grupo armado corta con tenazas los candados de una cortina de acero, logra levantar esta última unos centímetros y arroja en la planta baja del semanario RíoDoce un artefacto explosivo; en enero de 2010 es incendiado un vehículo de la Organización Impulsora de Radio de Los Mochis, al lado del cual se deja un mensaje: "Esto les pasará a todos los reporteros"... en septiembre de ese año son acribilladas las instalaciones del periódico Noroeste de Mazatlán: al poco tiempo, desconocidos exigen el pago de 200 mil pesos para que el edificio no sea "volado"; en octubre, ametrallan con AK-47 y AR-15 la fachada del El Debate de Mazatlán; en julio de 2011 aparecen dos cuerpos decapitados a las puertas de El Debate y Noroeste, con mensajes dirigidos al Gobernador Malova". 
El hilo conductor de estos tres textos es la violencia y la impunidad. Una hermandad siniestra que ha costado a Sinaloa miles de vidas. Sin embargo, hoy es políticamente incorrecto hablar de ello, lo piden algunas voces oficiosas y empresariales que recomiendan "hablar de lo bueno, en lugar de lo malo". El Gobierno federal por su parte ha cambiado su política de comunicación social, centralizándola en la Secretaria de Gobernación y eliminando los montajes que caracterizaron al Gobierno calderonista y también ha desaparecido la exhibición de detenidos y volúmenes de droga confiscada ante los medios de comunicación. 
Al margen de lo prudente que puedan ser estas recomendaciones y políticas, lo cierto es que el virus de la violencia se ha inoculado en la gente, quienes cuentan sus historias y los medios –incluso intelectuales como Nexos- saben que el tema es indispensable para comprender lo que pasa hoy en México. La violencia no sólo vende, sino también es un arma de presión contra los ciudadanos y gobiernos, basta voltear a ver Michoacán y su entramado de relaciones para darse cuenta de la complejidad de la violencia criminal. 
Pero, aun con la gravedad de la situación en algunas regiones, lo más grave es a lo que apunta Eduardo Guerrero, la dispersión de la violencia que es la característica de los pocos meses del gobierno de Peña Nieto. 
Esperemos sólo que eso no sea un signo de fortaleza, sino de debilidad de la maquinaria del crimen. Un acertijo que quizá no podrían resolver Werner, Guerrero y de Mauleón.