Educación y Sociedad: El aprendizaje, responsabilidad compartida
"Elevar la calidad del aprendizaje de los alumnos es un compromiso de la educación escolar contemporánea"
Centro de Investigación e Innovación del Sistema Educativo Valladolid
Elevar la calidad del aprendizaje de los alumnos es un compromiso de la educación escolar contemporánea. Pero ante la interrogante: ¿quiénes tienen la responsabilidad del aprendizaje de nuestros niños y niñas? un mayoritario número de personas señalan, como únicos responsables de este complejo proceso, a los maestros.
Si bien los docentes debemos tener toda la preparación científica y actuar de manera ética en función de elevar los niveles de aprendizaje del alumnado, no somos los únicos que debemos cargar sobre nuestros hombros una responsabilidad que, necesariamente, debe ser compartida; por lo que la magnitud y complejidad de este proceso demanda el acompañamiento de los directivos educativos, las familias, los actores sociales, así como de nuestros propios alumnos, los que, sin lugar a dudas, serán los principales beneficiarios de su propio aprendizaje, ya que los niveles de conocimientos que alcancen, serán claves para el desarrollo de la personalidad y los modos de actuación que manifestarán durante toda la vida.
A los directivos le corresponde la responsabilidad de plantear las políticas y las reglamentaciones necesarias que apoyen la labor educativa de los maestros; sin embargo, no siempre se tiene en cuenta que según el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) alrededor de un 48% del profesorado en México tiene menos de 30 años de edad, por lo que poseen poca experiencia profesional y están necesitados de acompañamiento y capacitación.
A este dato se suma que el 67.5 % de los docentes en la educación básica son del sexo femenino, pero en los niveles de preescolar y primaria superan los 90 y 70 puntos porcentuales respectivamente; lo que representa alrededor de 800 mil mujeres, y en muchos casos, los directivos olvidan que además de maestras, son madres, esposas e hijas, con un importante peso en sus respectivas familias. Por lo que más que críticas, lo que necesitan es mejores condiciones laborales, buena comunicación y reconocimientos, ya que la mayoría de estas grandes mujeres están dispuestas a seguir entregando lo mejor de ellas a la educación.
En relación con las familias, no siempre están conscientes de sus deberes como actores imprescindibles del aprendizaje de sus hijos. Las investigaciones más recientes en las áreas del desarrollo humano, las neurociencias, la psicología y la pedagogía demuestran que la responsabilidad familiar debe comenzar con el cuidado de la mujer durante el embarazo y luego del nacimiento continuar con la atención de factores básicos para los infantes como: la alimentación adecuada, la interacción familiar, la comunicación, el juego y desarrollo de otros estímulos tempranos, los que contribuyen de manera decisiva al aprendizaje de los niños y las niñas.
Es muy importante que las familias conozcan que aunque se puede aprender durante toda la vida, existen periodos sensibles para algunos aprendizajes, los que generalmente ocurren desde el nacimiento hasta los tres años de edad, es decir, antes que los niños y las niñas comiencen su vida escolar. Por lo que la participación familiar deja huellas imborrables en el desarrollo del aprendizaje de sus hijos.
Las familias, por ende, constituyen la primera ventana al aprendizaje, por lo que resultan esenciales en la satisfacción de las necesidades y expectativas de sus hijos para que sean personas conscientes de su responsabilidad generacional ante la sociedad.
Los medios de difusión masiva, también son responsables del aprendizaje de los alumnos, pues en la actualidad, pueden ejercer una influencia significativa en nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, ya que ofrecen un aprendizaje informal, que en muchos casos, los alumnos consideran más interesante que el obtenido en las clases.
Además de los medios de difusión masiva es imprescindible resaltar la decisiva influencia en el aprendizaje que tiene Internet, la que también se conoce como la última gran revolución del Siglo 20; resulta incuestionable que este instrumento es un poderoso auxiliar interactivo para el desarrollo cognitivo de los alumnos. Pero junto con esas posibilidades, si no se utiliza correctamente, la red de redes puede apartar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de las verdaderas influencias educativas, y al mismo tiempo, puede provocar una disminución del lenguaje activo y la comprensión textual, al generalizar la tendencia a confundir la información con el conocimiento.
Actualmente todos los estudios en las neurociencias están llamando la atención en cuanto a las horas que pasan los niños y las niñas frente a las pantallas de un televisor o de un monitor de computadora, así como los efectos que esto tiene en el aprendizaje, en muchos casos, tienen acceso a información e imágenes que no corresponden con sus edades, lo que está afectando, además de los resultados cognitivos, al normal proceso madurativo de la personalidad.
Los especialistas de la UNESCO han reconocido que el uso indiscriminado de la televisión, puede resultar peligroso para el aprendizaje, ya que aumenta la pasividad intelectual; de igual forma han planteado su preocupación por la información que se consulta en Internet, ya que la mayoría de los alumnos no visitan las páginas educativas, sino aquellas que resaltan antivalores sociales, a las que tienen acceso libre con un doble clic.
Lo anterior identifica que los encargados de administrar los medios de difusión masiva e interactiva, también tienen responsabilidad en el aprendizaje del alumnado, por lo que deberían acompañar el trabajo educativo escolar, destacando la importancia de las escuelas, el estudio y los valores, en lugar de resaltar modelos de vida superficiales, la violencia y el individualismo, los que en el tiempo serán inviables para toda la humanidad.
A los actores mencionados se suman los propios alumnos, ya que ningún maestro es capaz de enseñar con calidad, si el alumnado no está interesado en estudiar y no se ha comprometido con su aprendizaje. Por lo que a los estudiantes les corresponde un porcentaje de este complejo proceso educativo.
Los alumnos deben estar conscientes que los principales y verdaderos beneficiarios de un aprendizaje de calidad son ellos mismos, por lo que deben poner todo su empeño en aprender, no sólo los conocimientos que pueden enseñarle sus maestros, sino ir más allá, para aprender constantemente todo aquello que le sea útil para desarrollar culturalmente su personalidad, para el bien propio y común.
También, por supuesto, nosotros los maestros tenemos nuestra enorme responsabilidad en este proceso, conociendo de antemano que el aprendizaje de cada uno de los alumnos depende de las influencias de varios actores sociales; debemos ser mejores profesionales y personas, hacer que nuestra labor cotidiana sea cada día mejor, que todo el alumnado se enamore de las clases, que se sienta motivado por conocer aquello que le enseñamos y ayudarlo que aprenda a aprender, como método esencial para transitar con éxito por los complejos caminos de la vida.
Por lo que la calidad de este complejo proceso depende de la unidad de acción cooperada de varios actores sociales, lo que demanda el replanteamiento de las funciones de los directivos educativos, las familias, los medios de difusión, los propios alumnos y de los maestros. El aprendizaje de nuestros alumnos, además de ser una responsabilidad compartida, constituye un importante reto para toda la sociedad mexicana, ya que garantiza, en gran medida, la preservación de las tradiciones históricas, la idiosincrasia y los valores que identifican a nuestro País.