Firmas

Juan Carlos Rojo Carrascal
09 noviembre 2015

"Firmas"

Escenario urbano deseable


Para Nidia, mi esposa y compañera.

Esta columna describe el imaginario de lo que en dos décadas debiese ser un conocido sector de la ciudad de Culiacán.
Hace veinte años (21-nov-2011) describí este mismo contexto. Hoy la mañana es más fresca de lo habitual. La mayoría de las mesas del café están en exterior (nadie quiere al interior). Me instalé afuera. A pesar de la cantidad de bicicletas que llegan diariamente, fue posible instalar la mía cerca. No temo que me la roben, temo tardar en encontrarla entre tantas.
Al café lo colinda una extensa plaza con grandes árboles que sombrean la mayor parte de su superficie. Antes era estacionamiento pero ahora es un espacio lleno de vida, de gente que viene y va. Junto a ella, una plaza comercial muy concurrida y con muchas salas de cine genera grandes movimientos. Las oficinas de Educación siguen enfrente y sus empleados viven en los edificios de departamentos que se hicieron del otro lado del bulevar, donde antes había un corredor de empresas automotrices. Son pequeños pero tienen todos los servicios a menos de un kilómetro a la redonda. Caminan y se mueven en bicicleta todo el día y les sobra tiempo para el ocio (actividad muy valorada actualmente).
Este bulevar es una de los más atractivos de la ciudad. Lo delinean amplios camellones con grandes árboles que no dejan pasar rayos de Sol a un descuidado pavimento que no es lo más importante comparado con las impecables y amplias banquetas que invitan a caminar largas distancias sin sentir pereza. La gente camina del trabajo a su departamento o a los paraderos de transporte público.
Por el bulevar transita mucha gente en bicicleta y algunos autobuses eléctricos. Compartimos armoniosamente la vialidad sin correr peligro. Los sonidos más intensos los producen las parvadas de aves que vuelan de fronda en fronda y algunos que otro vehículo de carga (también eléctricos) que, sin prisa, nunca llegan tarde a su destino. La gente que camina cruza el bulevar sin problemas y sin tener que esperar. Tienen preferencia absoluta desde hace años. Solo bastan miradas entre peatones, choferes y ciclistas para generar acuerdos.
Una edificación de varios niveles, que antiguamente alojaba cientos de autos hoy se convirtió en un espacio de comercio y de diversión. Es una especie de plaza techada donde existen muchas formas de entretenerse. Gimnasios abiertos, pistas para patinar, mesas de ping-pong donde los jóvenes dedican horas a la actividad física. En la azotea se construye un gran campo de golf con pasto natural que pronto se inaugurará.
Los grandes letreros desaparecieron. Los árboles ganaron las alturas. Ahora las películas se anuncian a la altura de los ojos de la gente. Al fondo, una estructura que alguna vez fue puente peatonal, hoy sostiene hermosas enredaderas llenas de flores de diversos colores que vuelven locos a colibríes y amarillas mariposas. Casi puedo escuchar sus aleteos. Es difícil creer que la crisis energética provocó este maravilloso escenario urbano, pero fue posible.

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