Para gobernar a Sinaloa
08 noviembre 2015
"Para gobernar a Sinaloa"
Adrián García Cortés
Un viejo sabio sinaloense me dijo, para gobernar a Sinaloa no se necesita gran cosa. Se trata de atender tres o cuatro aspectos, poner al frente los pocos leales amigos. Y sumando buenas y hospitalarias relaciones con el poder central, todo irá sobre hojuelas. El gobernador será del PRI, por orden presidencial y las elecciones, una formalidad.Tal vez esta fórmula funcionó durante muchos años, hasta "principios de los setentas" del siglo pasado, cuando gobernar era el estar ahí, en la foto, una ventana de atención a la demanda ciudadana, apagar fuegos fatuos, atender una "emergencia" política. Era la ventaja de la distancia geográfica y política con el centro. Porque ningún sinaloense, después de la muerte de Serrano, quedó dentro del círculo rojo del poder central. Los planes, programas y políticas de gobierno eran inexistentes o sin sistema, sin personalidades sinaloenses que los impulsaran u obstaculizaran. Las relaciones políticas de Sinaloa con los principales políticos federales se daban a través de los artistas y de algún militar. Era el dejar hacer.
Una variante a la formula anterior, digamos con un poco mas de componentes, vino después de los setentas, cuando más sinaloenses se incorporan al alto mando federal, participan en organismos vinculados al círculo de influencia presidencial y el legislativo federal adquiere mayor relevancia. El requisito para ser nominado candidato a gobernador (hasta Zedillo) era ser parte de este grupo. En este período el gobierno participó más en la economía, se anunciaron varias reformas y, de gran benefactor pasó al ingenuo neoliberal. En Sinaloa es cuando actores políticos participativos reclaman mayor democracia y corresponsabilidad gubernamental. La clase media se consolida, así como sus élites. El gobierno crece en burocracia y funciones. Las relaciones con el ejecutivo federal son fluidas, imitativas y dependientes, muy a tono con sus planes, programas y políticas públicas. Se inicia la descentralización, llenándose en Estado de representaciones y de oficinas federales. Pero también aparece el clientelismo político promovido, en muchos casos, por sinaloenses aspirantes a prohombres.
Ahora tenemos un Sinaloa que quiere una forma de gobierno distinta, con un gobernador electo que no sale de la lógica arriba narrada (hasta cierto punto). Muchas personas ven en él la posibilidad, el "Sí se Puede". Alguien que por el voto ciudadano, cumpla las aspiraciones y deseos del cambio, como lo prometió. Que proyecte un mejor Sinaloa de cara lavada, con voz entonada y fuera de las inercias del ahora, del dictado de intereses por décadas responsable de la actual situación. Para bien y para mal.
¿Como responder a esa soberanía? ¿Que cambiar? La historia y la teoría muestran tres caminos y una mezcla de posibilidades, que yo comparto. El primero es cambiar la nomenclatura, a las personas que han ocupado cargos estratégicos y tácticos en el gobierno en los últimos tres o cuatro sexenios. Lo que no garantiza un cambio. Podrían ser sustituidos por sujetos de la misma tesitura y práctica a los conocidos, pero le manda señal de la intención del cambio. El segundo, sumado a la anterior, por la vía de la reingeniería gubernamental eliminar lo infuncional, sea porque incumplió objetivos, por duplicidad de funciones, por consumir recursos injustificados al rol que realiza, etc.. Aquí se habla de un reacomodo y racionalización de lo existente, eliminar instituciones y procesos para hacer más eficiente y fluida la tan criticada gobernanza. La tercera ruta es más difícil, tendría que ver con una redistribución del poder estatal y sus actores, para abrir una vía participativa a la solución de los grandes problemas. Es echar a andar un proceso de modernización y de reforma estructural en el Estado de Sinaloa y, en sus sectores para insertar las aspiraciones y las preocupaciones sinaloenses de años recientes. Es formar un capital social. Reconstruir el gobierno sin excluir el conflicto, las tensiones de definición entre diferentes racionalidades y prospectivas, para no manejarlo de oídas o con franeleros de la grilla política.
Reagrupar las áreas claves al fenómeno de la impunidad; madre de la violencia, la inseguridad, la corrupción, el crimen y otras desviaciones socioculturales en el Estado; combatir la exclusión, disminuyendo la pobreza, la miseria y la indigencia; fortalecer la sociedad civil aumentando su participación, involucrándola en la búsqueda de una mejor calidad de vida, mejor educación, recreación y solidaridad cultural; aumentar el empleo y la sanidad pública. Criticar y corregir el sistema normativo estatal. Deconstruir el espacio rural, especialmente en la sierra y en la costa.
Algunos piensan en el gradualismo como estrategia política de cambio, que alimenta el pensamiento y la acción fácil, que recompone la resistencia y le da otra oportunidad al fracaso. Otros pensamos en revalorar la experiencia para que en proyectos distintos formemos nuevas vivencias, enfoques y estilos. Estamos ante un panorama de relaciones de poder en conflicto, en medio de una grave situación socio-cultural, donde la incertidumbre y el riesgo, son el destino.
(*) Miembro fundador de El Colegio de Sinaloa,