Prefieren la adrenalina de ¡un juego de canicas!
"Modesto Palatzín Zapoteco, de 11 años, se ha convertido en el ‘as’ de este juego entre los pequeños habitantes del albergue para jornaleros agrícolas"
ISLA DEL BOSQUE, Escuinapa._ Modesto está en el piso de tierra. Se acomoda, se mueve, y vuelve a acomodarse en busca el mejor ángulo para disparar. La adrenalina no lo deja mantenerse quieto. Por fin dispara la canica que le da el triunfo en un juego más.
El niño de 11 años se ha convertido en el ‘as’ del juego de canicas entre niños hijos de jornaleros agrícolas.
Aunque el viernes pasado fue Navidad, ni el Niño Dios ni Santa Clos visitaron su vivienda, ni los cuartos el albergue donde viven más de 70 niños, lugar que se convierte en el hogar temporal de migrantes jornaleros.
En el patio del albergue las emociones y la diversión no dejan de sentirse. Ahí decenas de niños juegan y juegan horas con canicas, buscan el mejor juego, la destaca estrategia que los lleve a ser el mejor, pero en esta temporada Modesto Palatzín Zapoteco se ha convertido en el triunfo y no está dispuesto a dejar ese puesto.
Alejados de los deseos que tienen otros niños por recibir de Santa Clos, del Niño Dios o los Reyes Magos un juego con tecnología, los habitantes del albergue comentan que sí les llama la atención este tipo de aparatos, pero no se compara con la aventura y la adrenalina de ganar un juego de canicas.
“Yo aprendí a jugar solo. Me gano en un día hasta 20 canicas”, expresa Modesto mientras presume el “premio” del día.
Entre el juego, la porra y la presencia de sus compañeros, relata con vivacidad cómo han sido su vida, años de vida migrante que van de Chihuahua a Iguala, Guerrero y posteriormente a Isla del Bosque.
En Iguala pueden durar hasta cinco meses, después llegan a Isla del Bosque para en abril emigrar a Chihuahua. Así ha sido su vida desde que tenía 2 años, que de la mano de sus padres ha visitado otros lugares buscando el sustento para vivir.
“En Chihuahua se tiene que madrugar, desde las dos de la mañana o tres para apartar los surcos porque si no apartas te quedas sin trabajar; allá nos quedamos solos, nada más nos dejan comida en la casa”, explica mientras mueve entre sus manos las canicas.
Este año su familia no alcanzó cupo en el albergue para jornaleros agrícolas, así que tuvo que rentar una vivienda, pero al tener familia y conocidos dentro del albergue todas las mañanas acude al lugar para jugar.
“Un cuñado tiene un celular, sí me gusta; a mi mamá no le alcanza para comprarme un celular, pero después de jugar con el celular de mi cuñado un rato ya me vengo a jugar canicas, no tenía ninguna, pero me las he ganado”, dice con orgullo.
Aunque en el lugar las carencias pueden parecer muchas, para los niños como Modesto éstas no existen, menos cuando está en medio de un juego una canica que aumentará el “tesoro” que empieza a acumular al iniciar la temporada de trabajo en el valle, canicas que lo acompañarán a donde vayan en el ciclo anual de migración.
“a mi mamá no le alcanza para comprarme un celular, pero después de jugar con el celular de mi cuñado un rato ya me vengo a jugar canicas, no tenía ninguna, pero me las he ganado”.
Modesto Palatzín Zapoteco
Hijo de migrantes jornaleros