Se topa un culichi con 'muralla china'
07 noviembre 2015
"Narra culiacanense encierro de cinco días por medidas sanitarias contra influenza humana"
Eduardo Valdez
Esta es la enésima vez que Juan Julián García Ruiz pasa por una revisión sanitaria. "La última y la más ligera, porque por fin ya estoy en mi casa", dice.Son las 18:20 en el Aeropuerto de Culiacán, donde un inspector de la Secretaría de Salud le pide que lo acompañe al módulo donde le hacen preguntas de rutina sobre su estado físico. Intentan detectar síntomas de influenza humana.
"Bienvenido Papá, te queremos", le dicen sus dos hijos con una cartulina. Su esposa Paloma, su mamá y algunos amigos, lo saludan desde unos cuantos metros.
Para Juan Julián es ésta una revisión menor, de apenas cinco minutos.
"Para poder salir de Shangai tuvimos que llegar a cuatro ciudades y en cada bajada eran revisiones de hasta dos horas. Creo que los chinos estaban muy nerviosos, tenían mucho temor de que alguien se les fuera a enfermar porque sería una enfermedad muy fuerte para ellos", comenta.
Este comerciante culiacanense, dedicado a la venta de bicicletas y refacciones, es uno de los 155 mexicanos que este martes llegaron a la Ciudad de México en un vuelo especial, después de que permanecieran cinco días en un encierro forzado por las autoridades sanitarias de China.
El 30 de abril llegó a ese país en compañía de un cuñado y una sobrina, con la intención de acudir a una exposición, en la cual buscaba hacer contacto con proveedores y comprar mercancía para surtir su negocio.
Después de esto, dice, la intención era recorrer algunas ciudades y conocer la Gran Muralla China en compañía de su sobrino Miguel Antonio Figueroa García, quien estudia en Shangai.
"Pero nomás dos días anduvimos libres, porque después nos detuvieron de una manera... que creo que no es la más adecuada y nos incomunicaron cinco días", cuenta.
El viaje para el cual se preparó con semanas de antelación, se convirtió para Juan Julián en una aventura que aún le resulta increíble.
"Es una experiencia para la que nunca estás preparado, se siente feo estar en un país donde no entiendes el idioma, ni qué está pasando".
Juan Julián admite que si bien es cierto la forma en que los detuvieron no fue la más sutil, el trato posterior fue bueno, ya que los llevaron a un hotel de 5 estrellas, en donde les dieron alimento tres veces al día.
"El principal temor es que no sabíamos qué estaba pasando porque nos hablaban en chino", dice, "y nos revisaban la temperatura cada dos horas.
-- ¿Qué hará en cuanto llegue a su casa?
-- Descansar, dormir, tengo dos noches que no duermo.
Antes de llegar a su casa, Juan Julián y su familia se dirigieron a un restaurante donde, dijo, pediría carne asada.