Segunda Vuelta

Ernesto Hernández Norzagaray
14 noviembre 2015

"México necesita una segunda vuelta electoral y programática, capaz de traducirse en un Gobierno de coalición donde las propuestas sean claras y éstas sean en un marco de rendición de cuentas"

Una más de las coincidencias que tiene el PAN con el PRD en la Reforma Electoral es la relativa a la segunda vuelta. Es decir, de acuerdo a ambos partidos, en condiciones de alta competitividad electoral, donde ninguno de los partidos obtiene la mayoría absoluta, se impone la necesidad de que los dos partidos punteros vayan a una siguiente ronda donde cada uno de ellos busque convocar el mayor apoyo de los partidos menores. Así, en la competencia de estos dos agregados partidarios, cada uno de ellos buscaría obtener la mayoría absoluta o una cantidad menor si lo dispone la Ley Electoral.
El objetivo de este mecanismo de generación de mayorías artificiales es garantizar una mayor legitimidad al futuro gobernante. Pues, de lo contrario, hablamos de partidos o coaliciones con un bajo apoyo electoral, lo que significa una baja legitimidad del gobernante electo que, de acuerdo al sociólogo Max Weber, es el principio básico de toda legitimidad racional.
Sin embargo, también hay que decir que la segunda vuelta puede que haga perder al candidato que ganó, en términos relativos, la primera, pero no alcanzó el umbral establecido para ser reconocido como triunfador y, en esa lógica, puede resultar ganador quien ocupó el segundo o cualquier otro lugar, siempre y cuando sea capaz de concitar los apoyos partidarios y superar el umbral establecido en la segunda vuelta.
En México, el diseño electoral federal y de los estados ha derivado en el ámbito federal frecuentemente en un sistema de tres partidos fuertes, mientras en los estados, la constante, con sus excepciones a la regla, es bipartidista o bipartidista y medio, por la existencia de un tercer partido con un 10-15 por ciento de los votos.
Pero, ¿qué anima un sistema de segunda vuelta que podría eternizar la alianza de dos de los partidos grandes en perjuicio de un tercero y desaparecer prácticamente a los partidos pequeños?

Coaliciones
de Gobierno
Pensando en clave de coaliciones de Gobierno, la segunda vuelta es el mecanismo perfecto para garantizar mayorías estables y una gobernabilidad impecable, gracias a que se tiene una mayoría holgada siempre y cuando las condiciones socioeconómicas sean favorables para ejercer una buena gobernanza.
Tener una coalición con mayoría holgada es como cuando un sólo partido tiene un triunfo de mayoría igualmente amplio en el Congreso. El gobernante tiene un bono de legitimidad para aplicar su programa y ofrecer alternativas a los problemas que tienen los gobernados. Sin embargo, ese bono puede perderse si hace un mal gobierno, incluso, perderlo si la ley permite que se disuelva el Gobierno de coalición, y se convoque a nuevas elecciones, como sucede en sistemas parlamentarios.
Igualmente, si resulta un gobierno eficaz y eficiente lo más probable es que en la siguiente elección la gente vuelva a votar a ese partido o coalición. O sea, hay incentivos para la buena gobernanza y eso es alimento puro para el sistema de partidos.
Ahora bien, nuestro diseño electoral hasta ahora sólo permite las coaliciones de Gobierno y por ello necesita un sistema de reglas institucionales que le obliguen a cumplir con el programa electoral y rendir cuentas claras de los presupuestos que toca administrar.

Tradiciones
Sin embargo, eso está por verse en nuestro País, las coaliciones que se han formado con mayor ambición son las que el PRI ha pactado especialmente con el PVEM y el Panal en las elecciones federales y estatales; y las que el PAN suscribió en las elecciones estatales de 2010 con el PRD, el PT y el MC, y que en 2012 sostuvieron los tres primeros partidos.
La primera ha sido una coalición que en el ámbito federal tuvo altibajos durante los años de los gobiernos panistas, tanto en su integración como en los beneficios electorales y políticos obtenidos; en 2012 el Panal fue excluido de la coalición Compromisos por México y tuvo una reducción en las participaciones electorales, superando sólo ligeramente los dos millones de votos. Es junto con el MC los partidos más pequeños en el Poder Legislativo, con sólo 10 Diputados y un Senador.
En tanto el PVEM con más de 3 millones de votos cuenta con 28 Diputados y nueve Senadores. Un partido que pese a su mala imagen pública prospera y obtiene beneficios con poca inversión política. Lo verde vende sobre todo entre los jóvenes preocupados por la naturaleza, aun cuando este partido haya sido expulsado de la Internacional Verde por pugnar por la "pena de muerte contra los secuestradores".
La segunda coalición, formada por el PAN y los partidos de la izquierda (PRD, PT y MC), no ha avanzado en el ámbito federal pero sí en los estados donde ha llegado a ganar elecciones en Sinaloa, Puebla y Oaxaca, incluso en algunos casos logró mayorías en el Legislativo local.
Sin embargo, en una y otra coalición los ciudadanos no han visto la promoción de cambios institucionales destinados a transformar sus alianzas electorales en coaliciones de Gobierno. Las razones tienen que ver con el diseño, pero también con la falta de voluntad política de quien llega al poder. Solos o acompañados. Recuerdo, como ejemplo, cuando a Mario López Valdez, Malova asumió el cargo de Gobernador de Sinaloa, dijo a los dirigentes de los partidos aliancistas que ellos habían obtenido sus beneficios en el Legislativo y en los municipios, y entonces le permitieran formar su Gobierno. Que no había cuotas para ellos. Al final, como sabemos integró un Gobierno de "cuotas y de cuates", lo que después de un tiempo de comunión balcanizó al PAN y al PRD, entre quienes alcanzaron cargos públicos y los que estaban fuera del Gobierno.
Por ahí, el académico Juan Alfonso Mejía, quien aspiró a la dirigencia estatal del PAN, ha propuesto sin éxito terminar con este problema y salvar al partido, si quienes están en el Gobierno y son miembros del Consejo Estatal del PAN se abstengan de votar por haber conflicto de intereses. Cosa que va contra la norma y ni como acuerdo político se ha explorado. Y en el PRD, con tres ex dirigentes estatales en el Gobierno, simplemente no rompen con el "Gobierno del Cambio" por conveniencias políticas. Resulta muy caro para un partido con menos del 10 por ciento de los votos y que va por eso perdiendo peso en el escalafón de la representación política sinaloense.

¿Más de lo mismo?
Ahora bien, puede que suceda que la segunda vuelta se quede simplemente en ella, que emerja un gobernante con un triunfo holgado y que la conducción del Gobierno siga siendo la de hasta ahora. Así, el partido ganador integraría Gobierno y quizá por ahí reparta algunas posiciones menores a los partidos que hayan apoyado en la campaña por los votos. Nada más. Lo que tendríamos entonces es que sólo se estaría cuidando la forma, mas no el fondo, que es lo que necesitamos.
México requiere de una reingeniería del tamaño del "coloso que une los océanos", como dicen en esta casa editorial refiriéndose a la supercarretera que une a Sinaloa con Durango, para evitar la formación de gobiernos de minoría como el de Peña Nieto o el personalista de Malova, y devolverle la centralidad a los partidos y estimular la creación de coaliciones de Gobierno. Que los ciudadanos sepan a qué programa votaron y que puedan exigir cuenta de sus resultados. La ausencia de este tipo de mecanismos abre la puerta al cochupo que deriva en actos de corrupción política.
En definitiva, México necesita una segunda vuelta electoral y programática, capaz de traducirse en un Gobierno de coalición donde las propuestas sean claras y éstas sean en un marco de rendición de cuentas, incluso con revocación de mandato o disolución del Gobierno, en caso de ruptura de los pactos interpartidarios y evitar la conducción de gobiernos débiles o personalistas.