Tropos

08 noviembre 2015

"Chencho Montoya y La Polla de Heraclio"

Adrián García Cortés

En estos días bicentenarios de recuperación de los personajes que han hecho la historia, sobre todo en nuestra región sinaloense, la figura de Heraclio Bernal como precursor de la Revolución Mexicana ha adquirido un interés creciente, no solamente para honrarlo en su mágico Cosalá y su proverbial San Ignacio, sino también para inscribirlo en los muros del Congreso del Estado y traer sus restos al panteón de los hombres ilustres de estas tierras nuestras.
Controvertido como ha sido, la intención ha sumado información presente y pasada, y suscitado coloquios, discursos y estudios múltiples que abonan o disciernen sobre tal reconocimiento histórico. La crónica, el recuerdo chusco o la anécdota han ocupado espacios varios y, quizás, sean éstos los que más han proliferado.
Un matiz ha sido más ponderado, como es el de las razones por haberse ido a la rebelión y la causa de su muerte en la montaña cosalteca. De ello nos habla Cresencio Montoya Cortés, cronista de Angostura (Alhuey), en su libro reciente "La Polla de Heraclio", donde todavía se cuestiona si Bernal fue bandido o héroe: bandido para los ricos y héroe o "rayo justiciero" para los pobres.

La pollita comprada
para unos 15 años

Lo notable de este libro no es tanto abundar en las virtudes o defectos del personaje, sino la narración de Juanita que conoció a Bernal y del que recibió cinco monedas de oro "alazanas" como premio a los 15 años que en ese momento cumplía. Montoya la entrevistó, por supuesto ya no quinceañera, sino, como el propio autor aclara, cuando era cienañera, y de la que pudo extraer un anecdotario narrado en un español coloquial abundante en giros populares sinaloenses, y sumamente rico en imágenes.
Escuetamente la historia de Juanita, el personaje central que le da título al libro, se inicia, precisamente cuando el tata le organiza un fiestón de rancho cerca del Chaco, donde Bernal nació y era muy querido y respetado, y aquella cumplía los 15 años que pasaba ya de pollita prometedora a mujercita apetecible.
Entre los invitados del tata llegó Bernal y, obsequioso que era, quiso cooperar con la fiesta y como regalo para la Juanita le dio cinco "alazanas" que el mismo tata rechazó: --¡Nooo!, le dijo, pues cómo crees, es mucho dinero, no, no, ¡Gracias Heraclio!

Cinco monedas,luego
vuelvo por la polla

Y cuenta la Juanita, según Chencho, que Heraclio dio una volteadita a donde se oía loquiar una pollita avada, o pinta "que mi madrina de 15 años me había regalado quesque pa´ la comida.. . era una polla chichimeca, que estaba poniendo sin gallo y entonces dijo Heraclio: ¿De quien es esa gallina aviada? Y todos voltiaron a verme, salía sobrando el nombre del dueño o dueña. . . Entonces Heraclio dijo: yo te compro la gallina en cinco pesos oro, y poniendo el dinero entre mis manos, dijo: ¡No se hable más!, pero como voy de prisa no me la puedo llevar ahora, así que después vuelvo por ella. Por supuesto, Heraclio no volvió más, porque al poco tiempo lo mataron; pero los hombres del pueblo a Juanita la vieron como mujer comprada por Heraclio y nadie se le acercó jamás.
--"Pasaron los días y me fui dando cuenta de que ni un plebe se me acercaba y los viejorrones que antes me piropeaban cuando pasaban, se quedaban callados; es más, las muchachas de mi camada me sacaban la vuelta. Con decirte que no aguanté y me le planté a mi medio hermano y le dije: ¡Oye, Nico! ¿Por qué me discriminan? Viejos y nuevos, chicos y grandes, ¿qué es lo que les pasa? Si tú sabes algo, ¡desemucha! Porque ya es poca la pacencia que me queda; quiero saber cuál es mi pecado."
--"Mira, me dijo, asegún la gente, a ti te compró Heraclio y en cualquier día viene por ti. ¡Cuál compró ni que catorzal; a mi naiden me compró. Heraclio me compró la polla. Bueno –-le dije— mirándolo a los ojos: ¿entonces, tú también crees que así fue?

'Naiden a la juerza;
todas por voluntad'

--"¡Nombre mujer!--me contestó-, Ya te dije que no y te lo digo por una razón, yo conozco muy bien a Heraclio y es muy hombre como pa' hacerle a mi tata una cochinada así. Es cierto que es muy viejero, pero ninguna ha comprado y menos que se las aiga llevado a la juerza; ellas se han ido con él porque les ha cuadrado.
--"Desde ese día, agarré una muina contra todos los del pueblo y más con los hombres. No podía acectar que así via sido, y fue por lo mismo, porque conocía, no a Heraclio, sino a su fama de hombre honesto y sabía por eso que la gente pensaba y decía eran puras chingaderas. La cosa cambió después del Año Nuevo, cuando pasaron los del gobierno con Heraclio muerto".
La obra de Chencho, editada por Creativos 7 de Nicolás Vidales, en próximos días será presentada al público lector sinaloense, en abono al movimiento pro heraclista. Será, sin duda alguna, aún entre la fábula o la anécdota, una contribución más para reivindicar la figura de Bernal, al que los cosaltecos quieren erigirle una estatua ecuestre como símbolo de la rebelión antiporfirista y, quizás, más, como parte del protagonismo con que Cosalá quiere exaltar su título de "pueblo mágico".
La propia Juanita, o sea "la polla de Heraclio", le dijo a Chencho:

No barras de plata,
eran sólo de acero

--". . .se dice que las broncas de Heraclio comenzaron por una barras de plata, ¡no es cierto! A él lo acusó el mayordomo, junto con el mandamás, que era un gringo y fue por una barra de acero. Acuérdate que él empezó siendo barretero, o sea el que hace los barrenos pa´colocar la pólvora que va a hacer que la piedra deje de ser un estorbo".
En cuanto a las alazanas, denominación de algunas monedas de gran valor en la época, tuvieron éstas sus propias historias, algunas trágicas otras bastante productivas, la narradora le dijo a Chencho:
--". . . no sé quien fue el lengua larga que soltó el borrego de que aparte de los cinco pesos oro, Heraclio le había dejado unas talegas con pesos de plata de esas de 0.720 a mi tata, quesque porque lo traiban juido los del gobierno y que pa´serle más ligera la carga a las monturas, se las dejaba y que en tantito tuviera un sagillito volvía po ellas. ¡Mentiras! Si juera sido así Heraclio no se hubiera tardado tanto tiempo en mi fiesta. . ."

Mujer de la sierra;
paradigma sinaloense

Por estas talegas y las alazanas según el relato, fue que al tata y al hermano les quitaron la vida. Las alazanas, sin embargo, tiempo después que Juanita salió del pueblo y se fue a Mazatlán, le sirvieron para volverse empresaria. Pero esa es otra historia que, entre lo contado por Juanita y lo escrito por Chencho, todo sinaloense debiera leer y conservar, porque es parte de nuestra alma campirana y sobre todo, del perfil que la mujer de la sierra muestra para ejemplo de muchas urbanas que sólo piensan en maquillajes.
Chencho, en un final muy emotivo, cuenta que, por una ironía de la vida, Juanita murió alejada, si no es que expulsada, de la Casa de Dios, por no haber sido bautizada. Y concluye: "No fue suficiente el valor que representaban, convertidas a dinero legal, las cinco alazanas de oro para cubrir el costo de un ataúd y una sepultura para que La Polla de Heraclio descansara como vivió, prácticamente ¡sola! Sí, como ella decía: Solita y mi alma".