Tropos

06 noviembre 2015

"Colhuacan: lugar de nuestros antepasados"

Adrián García Cortés

En edición especial de fin de año, la revista Arqueología Mexicana que publican el INAH y CONACULTA, se reproduce el Códice Boturini, también llamado Tira de la Peregrinación. La relatora Patricia Johansson K., doctora en Letras por la Sorbona de París y profesora de literatura náhuatl en la UNAM, la subtitula: “La saga del pueblo mexica.- De Aztlán a la cuenca de México”.
¿Qué interés puede tener para nosotros esta publicación, tratándose de un documento más de diez veces editado desde 1824? Simplemente, el de una explicación minuciosa y fielmente interpretada de acuerdo a los códigos que descifran los glifos prehispánicos, en esta ocasión en lo relativo al paso de los mexicas por Sinaloa, la fundación indígena de Colhuacan y la significación del símbolo que en nuestros días representa el origen de nuestra identidad culiacanense.
Conocer al detalle la descripción de esta saga, según su exégeta, es adentrarse en el significado del ícono con que ilustramos nuestra presencia histórica: la del cerro torcido, que a menudo interpretamos como el lugar donde se adora al dios Coltzin, donde tuercen los ríos o el espacio de los Colhuas donde dieron nacimiento a la figura emblemática de Huitzolopochtli.
Para la investigadora, esa figura de cerro torcido es solamente el “lugar de abuelos (o antepasados), por lo que establece una relación manifiesta entre la gestación del Dios y el mundo de los antepasados”.
Habría que revisar detenidamente esta interpretación, sobre todo por su estricto análisis pictográfico y jeroglífico, porque ello nos induce a que nuestro símbolo prehispánico tenga una explicación más cercana a la realidad documental.
Para el análisis respectivo, no hace falta revisar las 22 láminas que integran la Tira; basta con la primera que narra el origen de la peregrinación donde allí se sitúa el cerro o el monte torcido, cuya curvatura, una coltic, es una representación de la fertilidad o la fecundación que denota, por supuesto, el origen de la vida. Esa curvatura en la cima del monte va cambiando según avanza la peregrinación porque el glifo se repite varias veces indicando nuevas y distintas posiciones del recorrido.
La Lámina I que se cita tiene tres mensajes que por sí mismos hablan de una salida a otros horizontes. De una lado está la isla de Aztlan (sin acento) obviamente enmedio de un gran lago o mar de agua, en cuyo centro está un templo flanqueado por seis casas o cabezas de barrios; en la cima está el símbolo del agua y la caña o palo de fuego y abajo dos figuras humanas –hombre y mujer— como el principio dual de la peregrinación.
Enfrente destaca el monte Colhuacan, con el remate superior en forma de espiral; pero lo notable de este monte es que abajo está una cueva en la que se representa la cabeza de Huitzilopochtli saliendo de los picos de una colibrí, rodeada ésta de un arco de tres ramas de abeto que lo ligan a la naturaleza.
Entre Aztlan y Colhuacan aparece un navegante en canoa y con remo, que de pie lleva su barca al destino desconocido, pero todavía dentro del lago que rodea a Aztlan. Fuera del lago está el glifo calendárico 1 Pedernal que sitúa el hecho en 1168 años; y debajo de éste empiezan las huellas de los pies que conducen al Colhuacan, lo atraviesan y van a continuar al más allá de los tiempos.
Según el cálculo calendárico de la Tira, ésta cubre 187 años desde el 1168 al 1364 de la fundación de Tenochtitlan, después de haber situado otro Colhuacan en las proximidades del Cerro de la Estrella de Iztapalapa en el hoy Distrito Federal. Hay la versión de que el Colhuacan del valle de México dio denominación a nuestro Hueycolhuacan (el antiguo o el viejo), donde por el rumbo de Culiacancito se han hecho exploraciones arqueológicas y se han hallado vestigios prehispánicos con descubrimientos cerámicos.
La Tira de la Peregrinación tiene una longitud de 5.49 m dividida en 22 láminas pintadas por un solo lado como unidades de expresión en términos plásticos. Dúdase de su manufactura prehispánica por algunos rasgos de influencia española como las bolsas para las orejas que los mexicas reunían como trofeos de sus victorias; pero la información contenida ha sido desde su descubrimiento por Lorenzo Boturini en 1737, como un documento fehaciente del origen mexica o azteca, o más ampliamente, del mundo náhuatl.
En la primera reproducción litográfica (1824) de William Bullock al tamaño natural, se puso esta nota: “fue el emperador Moctezuma quien ordenó la ejecución del documento antes de la Conquista y que lo obsequió después a Cortés”. Nota por demás fantasiosa; pero ello no ha limitado que desde entonces se hayan hecho once reproducciones más hasta 1999; la última ésta de la revista Arqueología.
De la Tira se ocupó Eustaquio Buelna (1892) en su obra Peregrinación de los Aztecas, pero no entra en los detalles descriptivos que ahora nos ofrece la investigadora Johansson.
Carl Sauer también se ocupa de ella en su libro Aztatlán: frontera prehispánica mesoamericana en la costa del Pacífico, pero este se inclina más por las exploraciones arqueológicas y es quien nos cita los descubrimientos cerámicos desde la sierra de Tacuichamona hasta los valles de San Lorenzo y de Culiacán, y nos ubica en la región de San Pedro, Aguaruto y Culiacancito, en ambas márgenes del río Culiacán.
Tacuichamona en nuestro Sinaloa y Mezcaltitán en Nayarit “disputan” los orígenes del Aztlán mexica: ambos por la forma circular de su trazo poblacional; Tacuichamona presume su antigüedad por los petrograbados o petroglifos que lo enmarcan; Mezcaltitán por ser una isla que recuerda a la antigua Tenochtitlan. Pero la Tira de la Peregrinación nos apunta a que pudiera ser nuestra horqueta de ríos, al menos el origen de la Peregrinación y la invención del mito de Huizilopochtli, Dios bravo y guerrero, como son los nacidos en Culiacán. No en vano Nuño de Guzmán los enfrentó por el río Humaya y siempre tuvo temor de ellos.

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