'...y que venga Jesús'

Martín González
06 noviembre 2015

"El Presidente Municipal asiste como testigo de honor al bautizo de 34 niños a la parroquia de Nuestra Señora de Quilá"

QUILÁ._ Cruz, cruz, que se vaya el Diablo y que venga Jesús... Vizcarra Calderón.
En la renuncia colectiva a Satanás, el Presidente Municipal la hizo de bolo y ajuares con los 34 niños que recibieron la unción bautismal.
Víspera del Día de la Candelaria y de la bendición de las candelas.
Padres y padrinos embancados en la parroquia de Nuestra Señora de Quilá a la espera del testigo municipal, el que obsequió el ajuar completo y el que arrojaría el bolo entre la feligresía.
El Alcalde aparece por la sacristía y recorre la bancada saludando a los padrinos, y fotografiándose con algunos niños, con el síndico municipal siempre a un lado.
"¿Dónde está el fotógrafo?", preguntaba con la niña en brazos.
Sonreía y hacía una pregunta de cortesía a las madrinas. Flashes y tumultos, saludos y sonrisas.
"Me regaló el ropón de los niños, los zapatos y hasta la velita... De todos los niños, no sé cuántos niños pero sí sé que a varios", comentó Leonardo Muñoz Agundis, iluminado por el resplandor presidencial.
Era la ceremonia del bautismo en la que 34 almas serían uncidas para que crezcan como hijos de Dios.
"¿Renuncias a Satanás...?", decía el Obispo y el murmullo respondía a petición del oficiante.
El gobernante y séquito fingen seguir el hilo del sermón y salpican la homilía con bostezos y risitas apagadas.
La sucesión de infantes trascurre por el bautisterio y algunos a llanto vivo renuncian al maligno.
"No apadriné. Fui testigo de honor...", aclara el Alcalde, pero alista el bolo, saca la morralla e invita a quienes recibieron su fe de bautismo a abandonar el recinto pa' que alcancen las monedas.
Y encabeza la salida y lo reciben el Son de la negra y el tumulto en el atrio; El Sinaloense sigue, Vizcarra espera a padrinos y madrinas.
"No, pos sí. Estamos muy agradecidos con nuestro presidente porque esto es muy especial para mi hijo, para uno", comentó José Jesús Uriarte.
Lanza el testigo de honor el puño de monedas y el cardumen va sobre ellas. Más morralla, codazos y pisotones.
El Alcalde busca satisfecho una salida y emprende la retirada, mientras los nuevos hijos de Dios lo miran indiferentes.
La alegresía sigue en la víspera de La Candelaria porque se fue el Diablo y llegó Jesús...