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Mario Arturo Huerta Sánchez
ACORDEONISTA._ Acordeón Hohner de 120 bajos que toqué en serenatas, fiestas y reuniones en la ciudad de México y en Mazatlán.
Así como variedad en funciones teatrales:
1967 Farándula 1 en beneficio Cruz Roja en Teatro Zaragoza.
Marzo 14, 1980: Farándula 2 en beneficio Cruz Roja en Teatro Zaragoza.
Nov. 14, 1980: Prófugos de la farándula en beneficio Alianza Francesa en Hotel Holiday Inn.
Febrero 26, 1981: Farándula 3 en homenaje Raúl Velasco “Tandas del Club Muralla”.
Febrero 10, 1984: Farándula 4 llamada “Pargóndola” organizada por Club Rotario Mazatlán, A.C. para comprar minibús para Grupo Pargos (Pargobus) en Teatro Zaragoza.
También toqué durante un viaje de prácticas de estudiantes de Ingeniería Civil, en un autobús Mercedes Benz propiedad de la UNAM (en que formamos un conjunto musical que llamamos “La Murga de Peyotes”) que salió de ciudad de México el 16 de febrero y regresó a esa ciudad el 23 de marzo de 1949, después de visitar algunas ciudades de Estados Unidos.
ADMINISTRADOR._ En 1980 fui nombrado administrador de Condominios Santa Mónica por la unión de propietarios en donde había cuatro departamentos y un Pent House hasta el año 2008 en que terminó mi gestión.
En el año 2002 fui nombrado Administrador único del Palacio Federal de Mazatlán dependiendo del Organismo Federal INDAABIN hasta el año 2010.
En el año 2005 fui nombrado Administrador Único del Inmueble Federal de la Cruz de Elota dependiendo del Organismo Federal INDAABIN hasta el año 2010.
ASTRÓNOMO._ A principios de los años sesenta mi compadre Héctor Escutia, Gerente del Banco Occidental de México, me invitó a que le encargáramos un telescopio de mil poderes que costaba diez mil pesos a nuestro amigo Enrique “Mago” de Rueda (hermano de Chacho), que iba a viajar a Estados Unidos. Al ponernos de acuerdo, el “Mago” nos hizo el favor de traernos el telescopio, que de inmediato instalamos en la cúpula que coronaba el anterior edificio de Banco Occidental de México (que se me ordenó demoler para que construyera el nuevo y moderno edificio en la esquina de las calles Belisario Domínguez y Constitución).
Por las noches, mi compadre Héctor y yo hacíamos observaciones a la luna, anillos de Saturno, Venus, Júpiter, etc. y de cuando en cuando enfocábamos el telescopio a las ventanas de los hoteles Belmar y Freeman en busca de “estrellas terrestres” arreglándose para salir a divertirse.
Un día me preguntó mi compadre que si yo estaría de acuerdo en que él le vendiera su 50 por ciento del telescopio a Don Luis Rice Morales, a lo que de inmediato le contesté, que me daría mucho gusto tenerlo como socio, ya que además de que era mi amigo, era una persona que gozaba de un gran prestigio como gente de bien, trabajador, serio y honesto, de tal manera que luego cerraron el trato y pronto empezaron nuestras observaciones nocturnas desde el Colegio Pacífico y otros puntos estratégicos, en donde asistían invitados amigos aficionados, hasta que llegó un día que me llamó Don Luis para decirme que cuando estaba limpiando los lentes del telescopio sobre su cama, se resbaló un lente que cayó al suelo y se rompió por lo que ya no se podía utilizar el telescopio. Cada uno de nosotros tratamos de conseguir un repuesto. En mi viaje a Tucson, Arizona, lo busqué en una tienda especializada que no lo tenían, ni tampoco lo encontré en Los Ángeles, California, por lo que ya nunca más pudimos utilizar el telescopio. Tiempo después yo compré uno de menos potencia, que sigo utilizando en mis observaciones.
ATLETA._ En 1939 que cursaba secundaria, tomaba la clase de deportes que impartía el doctor José Agustín Solórzano Álvarez (pariente de mi papá Juan F. Huerta Álvarez, de Colima, Col.). Practicábamos barra, argollas y paralelas.
Cuando estaba en la ciudad de México estudiando en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, participé en carreras de 100 metros que se llevaban a cabo en el Plan Sexenal, en donde gané el primer lugar con diploma y medalla de oro.
También participé en pirámides en la playa como el elemento en la parte superior.
BAILARÍN._ Formé parte de un grupo de ocho parejas que salimos bailando en una función en el Teatro Rubio (ahora Ángela Peralta), el Danubio Azul. Mi pareja fue María de Jesús “Catuy” Ortega prima del ahora mi consuegro Carlos Ortega y que tiempo después se casó con mi amigo Ing. Emilio Name, quien me encomendó la construcción de un edificio de departamentos de cuatro pisos en la esquina de las calles Tte. José Azueta y Ángel Flores. Lamentablemente los dos fallecieron.
También participé en un concurso de mambo en el Patio Andaluz del Hotel Belmar en 1950, siendo mi pareja de baile Socorro Puente, quien tiempo después se casó con el Almirante Armando Martínez.
Invariablemente en todos los bailes me hacían “rueda” en que mi pareja y yo bailábamos al centro.
BASKETBOLISTA._ En el año de 1940 que yo cursaba el segundo año de secundaria, se integró un equipo de básquetbol de la Escuela Preparatoria de Mazatlán para participar en un torneo de cuarta fuerza en el que afortunadamente resultamos campeones. Los juegos se realizaron en la cancha Lírico, en donde tiempo después se construyó el actual Palacio Federal de Mazatlán.
El equipo lo integramos (por orden alfabético): Eduardo Careaga Arroyo, Gordon Gosset, Federico Guerra Ceceña, José Antonio Haas Menchaca, José Guillermo y Mario Arturo Huerta Sánchez, Federico Kelly López, Fernando Lemmenmeyer Otero, José Luis Salcido Motta, Marte Vega Herrán y Luis Villalobos.
Los directores técnicos eran Julio Lemmenmeyer y Pedro Vargas Rojas. También formé parte del equipo de básquetbol de segunda fuerza de la Escuela Nacional de Ingenieros que competimos en un torneo intraescolar en el que no destacamos. Al regresar a Mazatlán jugué en el equipo de básquetbol del Club Tamar.
BEISBOLISTA._ De 1938 a 1942, los sábados por la tarde nos reuníamos algunos preparatorianos con otros amigos a jugar beisbol en terrenos de la playa sur en donde se distinguía como el mejor jugador, Manuel Magallón, tío de mi compañero rotario y Notario Público, licenciado José Manuel Magallón Osuna, poco tiempo después se convirtió en jugador profesional en la Liga de la Costa del Pacífico.
De 1944 a 1948, todos los sábados por la tarde nos reuníamos a jugar beisbol en los terrenos que tiempo después ocupó la Colonia Narvarte, (DF) Poncho y Rudy Díaz Perches, Federico y Fernando Lemmenmeyer, mi hermano Memo y yo de Mazatlán, Héctor Hermosillo del D.F., Fernando Recio de León de Saltillo, Coah., Miguel Ferral de Veracruz y otro del que no recordamos su nombre de Chihuahua. Sin que fuéramos una maravilla como jugadores en los primeros meses siempre ganamos a nuestros adversarios quienes nos bautizaron como “brujos” porque no se explicaban cómo no podían ganarnos. Así que nombramos a nuestro equipo “Brujos de Mazatlán” y con tal nombre mandamos hacer nuestros uniformes. Como trascendió la noticia de que éramos invencibles, nos empezaron a retar otros equipos, por lo que pensamos en reforzarnos con buenos jugadores y conseguimos a los hermanos los gemelos Peña Bátiz, amigos de Culiacán; Fernando, un extraordinario pítcher y muy buen bateador; y Jaime, un excelente cátcher y mejor bateador, que se ganó el puesto de cuarto bat. Otra adquisición fue un veracruzano de nombre Juan Lagos (Poncho le decía Johnny Lake) que jugaba el short stop y era buen bateador. A veces alguno de los contrarios, cuando bateaba uno de los gemelos que eran casi iguales, decían “ese ya bateó” pero obviamente no era cierto. Por supuesto, con tales refuerzos no hubo equipo alguno que nos ganara.
Después de los juegos sabatinos, algunos nos íbamos a casa de Poncho y Rudy en donde, en el sótano había un cuarto grande con cuatro regaderas y después del baño nos ¿guapeábamos? para salir a cenar y algunas veces para ir al cine o a jugar boliche.
Yo también jugaba beisbol en el equipo de mi escuela de ingenieros, comandado por Jorge Salazar. Resultamos Sub-Campeones en la Liga Interescolar.
En Mazatlán, en una ocasión formamos un equipo de beisbol los socios del Club Rotario para jugar contra el equipo del Club de Leones, en el Estadio Teodoro Mariscal, en un juego de beneficio. Las estrellas de nuestro equipo eran “Yula” Salcido (QEPD) como pítcher; Óscar Pérez González, como cátcher; en las bases y en los jardines Dr. Oscar Carreón (que también fue pitcher tapón), Ing. Héctor Escutia, Jorge Córdova (QEPD), ingeniero José Luis Ibarra, ingeniero Julio Pindter, licenciado Héctor M. López Castro (QEPD) y yo. Durante el juego se presentó un detalle jocoso: antes de iniciar, algunos de nuestros jugadores brindaron de más tomando varias cervezas y obviamente se “encuetaron”. Entre ellos Óscar “Tayolta” Pérez González quien al pegar un largo hit, al pasar por la segunda base rumbo a la tercera, se cayó y como él dijo “seguí en el suelo, nadando hasta llegar a la base”. Al comentarlo yo a mí ahora compadre ingeniero Héctor Escutia que nuestro compañero doctor Óscar Carreón opinó que la caída de Oscarillo fue a causa del cansancio como cátcher, dijo que no, que tanto Oscarillo como él, estaban cuetes a lo que el propio caído asentó “estábamos bien cuetes”. El pÍtcher de los Leones fue Enrique Díaz que ganó el juego; él y dos hermanos eran dueños de la Zapatería Díaz y me encomendaron la construcción de tres casas iguales en la Avenida del Mar. Mi cuñado Bob Reaves de Palo Alto, California, llamaba a las casas domingo, lunes y martes. Volviendo al juego, yo sentí que Enrique que me había tomado aprecio, cuando me paraba a batear, “me ponía la bola”, para no poncharme ya que era buen pítcher. Tengo una foto preparado para batear, otra en base después de embasarme por hit y otra más llegando a home anotando carrera.