Adornar el alma

Rodolfo Díaz Fonseca
14 enero 2021

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Por lo general, nos ocupamos mucho de adornar nuestro cuerpo, pues no queremos lucir mal ante los demás. Procuramos vestir adecuadamente y cuidamos con esmero el aspecto de nuestra cara. Las mujeres, sobre todo, maquillan con profusión y delicadeza su rostro para que luzca angelical. Sin embargo, tal vez no ponemos el mismo esfuerzo en adornar nuestro interior, lo cual se logra con el ejercicio de las virtudes

Si todos debemos esforzarnos por adornar el alma, con mayor razón corresponde este deber a quienes ostentan algún cargo en la comunidad, por eso, Miguel de Cervantes hizo que don Quijote diera atinados consejos a Sancho para gobernar su ínsula (extractamos algunos):

“Primeramente, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.

“Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey.

“Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio.

“Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

“Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

“Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

“Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible...”

¿Adorno con laborioso esmero mi alma?