Aeropuertos peligrosos

Guillermo Fárber
03 enero 2022

El Joaquín: “Me imagino que el aeropuerto de San Diego sigue en el corazón de la ciudad. Hay que cruzarla de lado a lado a baja altura entre los pocos rascacielos que han permitido construir, algo parecido al aeropuerto mahatleco que estuvo donde hoy se encuentra la Universidad. El asunto es que diario el de San Diego cierra temprano, y si el vuelo procedente de otra ciudad se retrasa, lo desvían, normalmente hacia Los Ángeles. Recuerdo una vez que me quedé varado ahí, luego de haber permanecido demasiado tiempo en la pista esperando la autorización para despegar”.

El Gerardo al Joaquín: “Tu lista de lecturas de gran calibre incluye, ni más ni menos que Ricoeur, Heidegger, Nietzsche, Foucault, Arendt, Eco y de pronto... ¿qué chingaos hace ahí Amado Nervo? Pero me dejaste pensando en Amado Nervo; no vaya a ser que me esté perdiendo de algo, aunque lo siento al nivel de ‘El brindis del Bohemio’. También comparto tu gusto por Neruda, a pesar de que mis lecturas de poetas andan por el ámbito de traducciones de los franceses, Villón, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Valery, Char o los italianos de Dante a Ungaretti, los alemanes, el clásico Holderlin, Rilke y los expresionistas encabezados por Trakl, de los poetas que sí leo en su idioma y con traducciones, están Ezra Pound, T. S. Elliot y Dylan Thomas. Neruda me parece en momentos prodigioso y a veces vulgar y simplemente verborreico. Me hizo reír la anécdota de Borges al comentar el Premio Nobel a Neruda: ‘Se merece el premio pues ha escrito unos magníficos poemas a Stalin’. Qué mala leche de Borges, ¿verdad? Entre los mexicanos prefiero a Jaime Sabines, quien me hace sentir en una reunión de ebrios amistosos que de pronto se ponen melancólicos y hablan de amores, de putas y de su padre muerto”.

Un relato que ilustra bien cuán adecuada es esta forma “ideal” de organización política:

Akbar recorría algunas veces las calles de Fatehpur Sikri disfrazado de vendedor. Deseaba conocer, así, cómo vivía la gente en la ciudad que él había mandado construir. Y siempre, una vez de regreso en el palacio, se lamentaba de la falta de entendimiento que prevalecía entre sus súbditos.

-¡Los habitantes de esta ciudad jamás podrán ponerse de acuerdo!

Birbal se dio a la tarea de probarle lo contrario.

Había un pozo seco, no lejos de una de las siete puertas de la ciudad. Birbal dio la orden de que cada habitante, desde la mañana siguiente, fuera a verter en el pozo una jarra llena de leche.

Transcurrió el día y, al caer la noche, Birbal pidió al emperador que lo acompañara hasta el pozo.

Estaba lleno de agua hasta el borde. Ni rastro de leche.

- Queda visto que por una vez sí se pusieron de acuerdo, Jahanpanah. Todos compartieron un mismo y único pensamiento: ‘Si los demás son lo bastante tontos como para desperdiciar la leche echándola al pozo, ¡tanto peor para ellos! Yo soy más listo: en la jarra que voy a verter sólo hay agua, y nadie se dará cuenta’”.

El Guillermo Barba: “La Fed y todos los demás bancos centrales están en un callejón sin salida.

Si elevan las tasas de interés como debieran (a niveles por encima de la inflación) provocarían una reacción en cadena de quiebras -de personas, empresas y gobiernos- a lo largo y ancho de todo el planeta, que está sobreendeudado. ¡Esa es la amarga medicina que se resisten a tomar, pero que permitiría reconstruir paso a paso, con bases sólidas, toda la economía global a largo plazo!

Pero eso no sucederá, preferirán mantener las tasas de interés reales en terreno negativo (por debajo de la inflación), aunque el costo sea que los consumidores paguemos el ya aludido pecado monetario, con la inflación más alta y prolongada que jamás hayamos visto, en medio de una economía estancada.

Esta última será en efecto la errada opción que tomarán nuestros banqueros centrales, y por eso, 2022 será un año de colapso monetario, pero que durará el resto de la década”.