Anestesiar el ruido

Rodolfo Díaz Fonseca
30 octubre 2026

En la columna anterior, hablamos de la función de la memoria en George Steiner, pero muy poco del silencio, como prometimos. No es que lo hiciéramos a propósito, sino que nos avasalló la pérdida del ejercicio de la memoria en el mundo actual.

Sin embargo, dado que habitamos en un mundo y sociedad eminentemente ruidosos, permítasenos pergeñar algunos pequeños trazos sobre esta olvidada temática. Steiner sostuvo que el mundo ha ganado mucho terreno en la recepción constante de estímulos y de información, pero perdió inmensos litorales en el campo del sosegado y reparador silencio.

Lo más lamentable de este entorno masificante y ruidoso es la pérdida de silencio, instrospección y recogimiento, por eso, mencionó: “Gran parte de la literatura moderna y de la vida intelectual contemporánea se ve acosada por el miedo al silencio. Vivimos en una cultura de ruido de fondo perpetuo, que no es otra cosa que un mecanismo de defensa contra el pensamiento”.

En su obra: Errata. El examen de una vida, precisó: “Ciertas formas de lectura profunda que antes eran naturales, se han vuelto casi imposibles porque exigen un recogimiento y un silencio que la civilización tecnológica ha prohibido”.

Incluso, en su obra Lenguaje y silencio, afirmó que, por falta de silencio, las palabras pierden su peso y densidad: “Cuando las palabras ya no están rodeadas de silencio, pierden su densidad. Se vuelven delgadas, ligeras, intercambiables. El ruido de la comunicación de masas vacía al lenguaje de su carga ética”.

Al ser entrevistado sobre la situación de la cultura contemporánea, manifestó: “El ruido electrónico y la música ambiental que inundan nuestros espacios públicos no pretenden entretenernos; su verdadera función es anestesiarnos para que no tengamos que enfrentarnos al vacío de nuestra propia existencia cuando nos quedamos a solas”.

¿Anestesio el ruido?