Árbitro sin defensores
A menos que ocurra algo totalmente inesperado, la propuesta de reforma constitucional en materia electoral presentada por la Presidenta Sheinbaum no tendrá los votos necesarios para ser aprobada. Eso quiere decir que, por lo pronto, la manera de integrar el Congreso de la Unión, las fórmulas para calcular el financiamiento público de los partidos políticos y los tiempos de radio y televisión, entre otras cosas, no deberían verse afectados por una reforma legal.
Quien parece que pagará los platos rotos, en cambio, es la autoridad electoral. Si bien los partidos aliados de Morena hicieron valer sus intereses y están impidiendo la reforma constitucional, el árbitro electoral no cuenta con defensores de peso.
La falsa visión de que el problema de nuestra democracia es su costo puede tener consecuencias funestas para nuestra convivencia política. Pero sin lugar a dudas es una obsesión que, antes que buscar ahorros razonables, lo que procura es incrementar el control sobre las autoridades.
Es de llamar la atención que el conjunto de partidos no advierta que dañar al árbitro es un daño colectivo, es degradar la calidad y confiabilidad de las contiendas en las que todos participan. La ausencia de defensores de la autoridad es un dato revelador de nuestro deterioro democrático.
Frente al previsible rechazo a la reforma constitucional, la Presidenta ya ha anunciado que tiene un plan B y, fiel a la costumbre, no conocemos detalles del mismo. Pero lo que llama la atención es que el plan B aparece como as bajo la manga, como revancha y que, en lugar de tomar las lecciones del rechazo a su reforma constitucional, se empeñe en imponer su visión de las cosas sin hacer el mínimo intento de dialogar.
Cinco de los seis partidos con registro legal rechazan su iniciativa y aun así no hay la más mínima señal de recomponer la mecánica de la negociación política. Al contrario, se reitera que intercambiar puntos de vista con la oposición es indigno y contrario al mandato recibido en las urnas.
Por último, estando el País sometido a tantas presiones internacionales y teniendo tantos problemas urgentes de solucionar a nivel interno, insistir en profundizar la polarización por la vía de una reforma electoral es, al menos para mí, inentedible.
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El autor es consultor internacional en materia electoral.