Las lluvias dejaron algo más que calles y viviendas inundadas en las comunidades pesqueras de Navolato: dejaron familias que ahora tienen que limpiar, recuperar lo poco que el agua alcanzó y enfrentar los días que vienen con sus casas afectadas.
En Altata, El Tetuán, Dautillos y Las Aguamitas se necesita ayuda.
Y no necesariamente se trata de grandes aportaciones. Una escoba, un trapeador, una cubeta, cloro, jabón, bolsas para basura, guantes, una pala o un repelente pueden hacer la diferencia para una familia que hoy está sacando agua y lodo de su vivienda.
También se necesitan mosquiteros, insecticida y repelente para enfrentar las condiciones que dejan las inundaciones.
La convocatoria está abierta para quienes puedan aportar insumos o hacer un donativo en efectivo. Hay un centro de acopio en las oficinas de Coparmex Sinaloa, en Avenida de los Insurgentes 248, colonia Centro Sinaloa, en Culiacán.
También pueden realizarse donativos a nombre de Yanett Miranda Castro Medina, en BanCoppel, cuenta/tarjeta 4169 1608 4945 3858.
En momentos así, la solidaridad no necesita ser enorme para ser útil. A veces empieza con una cubeta, una bolsa de basura o un poco de jabón.
Las familias de estas comunidades necesitan recuperar sus casas y volver a empezar. Quienes puedan ayudar, hoy tienen una manera concreta de hacerlo.
Porque después de que el agua baja, también hay que ayudar a levantar a quienes quedaron atrás.
Sinaloa tiene un problema que no se resuelve con discursos: el estado tiene gente preparada, un mercado laboral que destaca y avances en educación, salud y bienestar, pero aun así no logra traducir esas fortalezas en mayor competitividad.
El diagnóstico del IMCO es bastante claro.
Sinaloa ocupa el séptimo lugar nacional en Mercado de Trabajo y el cuarto en población con educación superior. También aparece en el noveno lugar en Sociedad y Medio Ambiente y en el 11 en Infraestructura.
Es decir, hay capital humano. Hay trabajadores. Hay jóvenes que estudian. Hay infraestructura y capacidades que podrían convertirse en desarrollo.
Pero luego aparecen los otros números: 42.4 homicidios por cada 100 mil habitantes. Una percepción de seguridad que cayó hasta 18.5 por ciento. Una cifra negra de 96.3 por ciento. Y 88.6 por ciento de la población que percibe corrupción en el Gobierno estatal.
A eso se suma un crecimiento promedio del PIB de apenas 0.5 por ciento en los últimos tres años.
El problema, entonces, no parece estar en que Sinaloa carezca de gente capaz. El problema es que esa capacidad está ocurriendo en un entorno donde la inseguridad, la desconfianza institucional y el bajo crecimiento económico terminan poniendo un techo.
Porque de poco sirve presumir que tenemos una población preparada si esa población vive con miedo.
De poco sirve hablar de inversión si la economía apenas crece.
Y de poco sirve hablar de gobiernos abiertos cuando apenas 10 por ciento de la población consultó información financiera del Gobierno por internet, el porcentaje más bajo entre las entidades.
El dato incómodo que deja el IMCO es precisamente ese contraste: Sinaloa tiene con qué crecer, pero sus instituciones y sus condiciones de seguridad no están acompañando esas fortalezas.
La gente está poniendo de su parte.
Ahora falta saber si las instituciones pueden hacer lo mismo.
Comprar una casa en Sinaloa ya no sólo implica conseguir un crédito. También implica llegar antes de que vuelva a subir de precio.
Durante el primer trimestre de 2026, el valor de las viviendas adquiridas mediante crédito hipotecario aumentó 10.7 por ciento en Sinaloa. El promedio nacional fue de 8.7 por ciento.
En Mazatlán el incremento también fue de 10.7 por ciento y en Culiacán de 10.2.
Los números pueden parecer fríos hasta que se traducen a la vida cotidiana: cada año se necesita más dinero para comprar prácticamente la misma casa.
Y aquí está uno de los detalles que más debería preocupar.
A nivel nacional, el valor promedio de avalúo de una vivienda adquirida con crédito hipotecario llegó a poco más de 2 millones de pesos. Pero la mediana fue de 1.33 millones. Es decir, la mitad de las operaciones estuvo por debajo de esa cantidad y la otra mitad por encima.
Para una familia que depende de un salario, no es un dato menor.
Mientras los precios avanzan, el acceso a una vivienda propia requiere créditos más altos, mayores ingresos o plazos más largos. Y eso puede dejar fuera precisamente a quienes más necesitan una vivienda accesible.
Además, el segmento que más aumentó a nivel nacional fue el de vivienda económica-social, con 11 por ciento.
La ironía es difícil de ignorar: hasta la vivienda destinada a quienes tienen menos capacidad de compra está encareciéndose.
No significa que todas las casas de Sinaloa hayan aumentado exactamente 10.7 por ciento. El Índice de la Sociedad Hipotecaria Federal mide la evolución del valor de las viviendas involucradas en operaciones respaldadas por crédito hipotecario.
Pero sí deja una señal sobre hacia dónde se está moviendo el mercado.
Y mientras se habla de construir ciudades, atraer inversiones y generar desarrollo, hay una pregunta mucho más sencilla que también debería estar sobre la mesa:
¿Quién va a poder comprar las casas que estamos construyendo?
Porque una ciudad puede crecer hacia arriba, extenderse hacia las periferias y llenarse de nuevos desarrollos.
Pero si sus habitantes ya no pueden pagarlos, algo no está funcionando.
¡FOUL!... El Gobierno de Navolato mandó un boletín sobre “la posibilidad de marejadas y precipitaciones”, ¡12 horas después que se salió el mar!
Las lluvias dejaron algo más que calles y viviendas inundadas en las comunidades pesqueras de Navolato: dejaron familias que ahora tienen que limpiar, recuperar lo poco que el agua alcanzó y enfrentar los días que vienen con sus casas afectadas.
En Altata, El Tetuán, Dautillos y Las Aguamitas se necesita ayuda.
Y no necesariamente se trata de grandes aportaciones. Una escoba, un trapeador, una cubeta, cloro, jabón, bolsas para basura, guantes, una pala o un repelente pueden hacer la diferencia para una familia que hoy está sacando agua y lodo de su vivienda.
También se necesitan mosquiteros, insecticida y repelente para enfrentar las condiciones que dejan las inundaciones.
La convocatoria está abierta para quienes puedan aportar insumos o hacer un donativo en efectivo. Hay un centro de acopio en las oficinas de Coparmex Sinaloa, en Avenida de los Insurgentes 248, colonia Centro Sinaloa, en Culiacán.
También pueden realizarse donativos a nombre de Yanett Miranda Castro Medina, en BanCoppel, cuenta/tarjeta 4169 1608 4945 3858.
En momentos así, la solidaridad no necesita ser enorme para ser útil. A veces empieza con una cubeta, una bolsa de basura o un poco de jabón.
Las familias de estas comunidades necesitan recuperar sus casas y volver a empezar. Quienes puedan ayudar, hoy tienen una manera concreta de hacerlo.
Porque después de que el agua baja, también hay que ayudar a levantar a quienes quedaron atrás.
Sinaloa tiene un problema que no se resuelve con discursos: el estado tiene gente preparada, un mercado laboral que destaca y avances en educación, salud y bienestar, pero aun así no logra traducir esas fortalezas en mayor competitividad.
El diagnóstico del IMCO es bastante claro.
Sinaloa ocupa el séptimo lugar nacional en Mercado de Trabajo y el cuarto en población con educación superior. También aparece en el noveno lugar en Sociedad y Medio Ambiente y en el 11 en Infraestructura.
Es decir, hay capital humano. Hay trabajadores. Hay jóvenes que estudian. Hay infraestructura y capacidades que podrían convertirse en desarrollo.
Pero luego aparecen los otros números: 42.4 homicidios por cada 100 mil habitantes. Una percepción de seguridad que cayó hasta 18.5 por ciento. Una cifra negra de 96.3 por ciento. Y 88.6 por ciento de la población que percibe corrupción en el Gobierno estatal.
A eso se suma un crecimiento promedio del PIB de apenas 0.5 por ciento en los últimos tres años.
El problema, entonces, no parece estar en que Sinaloa carezca de gente capaz. El problema es que esa capacidad está ocurriendo en un entorno donde la inseguridad, la desconfianza institucional y el bajo crecimiento económico terminan poniendo un techo.
Porque de poco sirve presumir que tenemos una población preparada si esa población vive con miedo.
De poco sirve hablar de inversión si la economía apenas crece.
Y de poco sirve hablar de gobiernos abiertos cuando apenas 10 por ciento de la población consultó información financiera del Gobierno por internet, el porcentaje más bajo entre las entidades.
El dato incómodo que deja el IMCO es precisamente ese contraste: Sinaloa tiene con qué crecer, pero sus instituciones y sus condiciones de seguridad no están acompañando esas fortalezas.
La gente está poniendo de su parte.
Ahora falta saber si las instituciones pueden hacer lo mismo.
Comprar una casa en Sinaloa ya no sólo implica conseguir un crédito. También implica llegar antes de que vuelva a subir de precio.
Durante el primer trimestre de 2026, el valor de las viviendas adquiridas mediante crédito hipotecario aumentó 10.7 por ciento en Sinaloa. El promedio nacional fue de 8.7 por ciento.
En Mazatlán el incremento también fue de 10.7 por ciento y en Culiacán de 10.2.
Los números pueden parecer fríos hasta que se traducen a la vida cotidiana: cada año se necesita más dinero para comprar prácticamente la misma casa.
Y aquí está uno de los detalles que más debería preocupar.
A nivel nacional, el valor promedio de avalúo de una vivienda adquirida con crédito hipotecario llegó a poco más de 2 millones de pesos. Pero la mediana fue de 1.33 millones. Es decir, la mitad de las operaciones estuvo por debajo de esa cantidad y la otra mitad por encima.
Para una familia que depende de un salario, no es un dato menor.
Mientras los precios avanzan, el acceso a una vivienda propia requiere créditos más altos, mayores ingresos o plazos más largos. Y eso puede dejar fuera precisamente a quienes más necesitan una vivienda accesible.
Además, el segmento que más aumentó a nivel nacional fue el de vivienda económica-social, con 11 por ciento.
La ironía es difícil de ignorar: hasta la vivienda destinada a quienes tienen menos capacidad de compra está encareciéndose.
No significa que todas las casas de Sinaloa hayan aumentado exactamente 10.7 por ciento. El Índice de la Sociedad Hipotecaria Federal mide la evolución del valor de las viviendas involucradas en operaciones respaldadas por crédito hipotecario.
Pero sí deja una señal sobre hacia dónde se está moviendo el mercado.
Y mientras se habla de construir ciudades, atraer inversiones y generar desarrollo, hay una pregunta mucho más sencilla que también debería estar sobre la mesa:
¿Quién va a poder comprar las casas que estamos construyendo?
Porque una ciudad puede crecer hacia arriba, extenderse hacia las periferias y llenarse de nuevos desarrollos.
Pero si sus habitantes ya no pueden pagarlos, algo no está funcionando.
¡FOUL!... El Gobierno de Navolato mandó un boletín sobre “la posibilidad de marejadas y precipitaciones”, ¡12 horas después que se salió el mar!