Asombro y misterio, dos realidades que educan

18 marzo 2016

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Jorge Meléndrez

“El asombro es una oportunidad para conocer, y el misterio, una oportunidad infinita para hacerlo”.

Catherine L´Ecuyer

 

El jueves anterior, en una agradable tertulia de amigos entre los que se cuenta el doctor Juan de Dios Palazuelos, entre sorbos de café y sin tema específico a tratar, Juan de Dios, con su envolvente actitud de educador, comentó que desde niño, una de las cosas que más le asombraban y por lo mismo le significaban algo misterioso, era el hecho de que los aviones volaran, duda que llevó consigo hasta una edad en la que estando en clases de preparatoria con el maestro de matemáticas, de apellido Gerzabek, éste los conminó a que hicieran alguna pregunta, digna de ser resuelta mediante el cálculo diferencial e integral, y sin mucho preámbulo lanzó su pregunta: ¿Maestro, explíquenos por qué los aviones vuelan? El maestro se entusiasmó por la profundidad de la pregunta y terminó demostrando aquella inquietante duda que acompañó a Juan de Dios por algunos años. Acto seguido, en lo personal comenté lo que alguna vez aprendí a través de la internet con el fin de ayudarle a mi nieto Jorge Miguel sobre éste misterioso fenómeno de física, don Jorge del Rincón, sin mucho preámbulo solo comentó sobre la asombrosa facultad de las aves de poder volar sobre las alturas desplegando sus alas con la misteriosa serenidad que Dios les dio a todas las criaturas de la creación, en tanto que Manuel Coronado, se limitó a escuchar con una actitud de asombro y aprendizaje.

Algunos autores señalan que el misterio es: “una realidad que se vive en el interior de la persona misma, como una confrontación con la realidad externa”, en tanto que el asombro es: “esa respuesta humana a la situación en la que, dado o visto un efecto, no se conoce la causa”. Por su parte, el gran filósofo de la iglesia, el Santo Tomas de Aquino señala al respecto que: “El asombro es una especie de temor, el temor de quien experimenta que la mediación entre el ser y el no ser, entre lo infinito y lo limitado, no llega a reconciliar los dos confines y no encuentra descanso”.

Estos conceptos han sido ampliamente tratados por Catherine L´Ecuyer, educadora, psicóloga y conferencista canadiense con residencia en Barcelona y autora de libros sobre este tema, entre los que se encuentran “Educar en el asombro” y “Educar en la realidad”. Ella asegura, siguiendo a los filósofos clásicos, que el asombro es el primer paso para el conocimiento, es una oportunidad para conocer y sobre todo aprender, ya que afirma: “el aprendizaje se origina desde dentro, es decir, que es el propio niño el que debe ser protagonista de ese aprendizaje, no las fuentes de estimulación externas; como sostienen las corrientes educativas más mecanicistas”.

El autor Brian Denis en su libro: “Einstein, A Life” (p. 234.) señala que Albert Einstein en alguna vez escribió sobre la importancia del asombro y el misterio señalando: “La más bella y profunda emoción que podemos probar es el sentido del misterio. En él se encuentra la semilla de todo arte y de toda ciencia verdadera. El hombre para el cual no resulta familiar el sentimiento del misterio, que ha perdido la facultad de maravillarse, es como un hombre muerto, o al menos ciego. Nadie puede sustraerse a un sentimiento de reverente conmoción contemplando los misterios de la eternidad y de la estupenda estructura de la realidad. Es suficiente que el hombre intente comprender sólo un poco de estos misterios día a día sin desistir jamás, sin perder esta sagrada curiosidad”.

El autor Denis concluye señalando: “Aceptemos que la realidad, que nuestra realidad, es misteriosa. Que sabemos muy poquito y que nos basta intentar comprender sólo un poquito cada día. Eso sí, sin desistir jamás. Así entrenamos nuestro asombro. Así vivimos inseguros, es verdad, porque no todo está en nuestras manos. A eso se refiere Einstein con la más bella y profunda emoción: cobrar conciencia de que no estamos al final ni al principio; ni desterrados ni en casa. Reconocer que esta vida es, toda ella, una aventura”.

Estos temas son parte de la realidad cotidiana en las escuelas, por lo que es muy deseable que en los planteles de preescolar y primaria, los programas de estudio estén muy ligados a estos dos conceptos, “el asombro” y “el misterio”, pues es muy común que en esta edad, los niños expresen sus dudas sobre lo que los asombra y hagan preguntas sobre temas que no entienden, y más deseable aún, es que los profesores, estén capacitados para dar las respuestas adecuadas, ya sea aclarando las dudas o bien, a través de metáforas que los niños puedan entender fácilmente. JM.

… Desde la Universidad de San Miguel 

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