Autonomía vs alcahuetería

Pablo Ayala Enríquez
09 enero 2021

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pabloayala2070@gmail.com

La advertencia contenida en su declaración no puede ser considerada una novedad; en todo caso, lo sorpresivo fue el momento en que lo dijo. No es descabellado pensar que fue parte de una estrategia desesperada (que resultó fallida, por cierto), para desviar un poco la atención mediática sobre las vacaciones decembrinas de Hugo López-Gatell en Zipolite, Oaxaca.

El Presidente, palabras más, palabras menos, respecto a la posible desaparición de algunos organismos autónomos, dijo: “[...] Son como tapaderas. Son como organismos alcahuetes. Así como hay intelectuales del régimen que justifican todo, para eso se crearon y, además, cuestan mucho. No sirven, no benefician al pueblo, pero sí cuestan mucho para mantenerlos”.

¿Estamos frente a una valoración desencaminada? Los adjetivos que utiliza ilustran perfectamente la pérdida del rumbo moral de muchas funciones realizadas por los organismos aludidos; ni cómo negarlo. Pero, por otro lado, es parcialmente cierta. El Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), organismo que en este momento trae entre ojos el Presidente, puede ayudarnos a ilustrar este último hecho.

Por decirlo brevemente, el INAI nace para garantizar un derecho humano, de ahí que su función básica sea garantizar el acceso a la información pública y la protección de datos personales. La autonomía que le ha sido concedida, entre otras cosas, le permite exigir al gobierno transparencia en su gestión y rendir cuentas claras a la sociedad.

Siendo el prócer de la causa anticorrupción en México, más que estar en contra de un organismo que podría entenderse como uno de sus aliados consentidos, el Presidente debería arroparlo, legitimarlo y no referirse a él como alcahuete o tapadera de manejos opacos. ¿A qué se debe una declaración tan incendiaria?

Viéndolo con calma y haciendo un poco de memoria, recordemos que Andrés Manuel se echó a la bolsa a miles y miles de votantes gracias a esa parte de su discurso donde hablaba sobre miles de millones de pesos que nos ahorraríamos si se metía en cintura a muchos organismos y dependencias de gobierno, expertos en malemplear los recursos públicos.

En esto tiene mucha razón AMLO; debemos ahorrar recursos. Si el funcionamiento del INAI -dice el Presidente- rebasa los mil millones de pesos, y la coyuntura se presta, no resulta ser una mala idea ponerle la lupa para identificar si hay duplicidad de funciones, desvíos de recursos, si la estructura actual requiere de tantas direcciones generales, subdirecciones y un largo etcétera asociado a un costo de operación excesivo.

Una auditoría en este sentido podría traer como consecuencia un efecto también muy positivo: desburocratizar los servicios del organismo. Nunca está de más adelgazar cualquier estructura que nació o tomó dimensiones paquidérmicas.

A este aspecto podemos agregar un tercero notablemente relevante (si no es el que más) dicho en palabras del mismo López Obrador: “la vida pública debe ser cada vez más pública”. Resulta un contrasentido que las instituciones que buscan garantizar la transparencia funcionen como una caja negra que impide conocer todo aquello que la ciudadanía, por derecho propio, debe y, en determinado momento, quiere saber.

¿Se imagina cuántos expedientes, desde los tiempos de Salinas de Gortari a la fecha, al tener la etiqueta “clasificado”, mantiene en la impunidad una gran cantidad de delitos monstruosos? Elecciones presidenciales, estatales, presupuestos, contratos de obras públicas, concesiones, detenciones y liberaciones arbitrarias y un largo etcétera que configura el universo de la opacidad, podría ser de acceso público.

En estos tres aspectos AMLO no se equivoca. Sin embargo, su interés en borrar del mapa al INAI deja por fuera otras cuestiones tan controvertidas como preocupantes.

En un país como el nuestro, donde la corrupción campea a sus anchas, adelgazar los mecanismos que la contrarrestan, no parece ser una buena idea. Hay cosas en las que los gobiernos no deben escatimar, y el combate a la corrupción es una de ellas.

Por otro lado, el INAI, desde su fundación, mal que bien ha sido un contrapeso simbólico para mantener a raya la arbitrariedad y los abusos gubernamentales, de ahí que su autonomía, más que alcahuetería, resulta ser un principio que permite deliberar y decidir de manera libre y sin los condicionamientos impuestos por alguna de las muchas oficinas que son el megáfono de órdenes que salen del despacho de la presidencia.

Por ello, embeber o traspasar las funciones del INAI a la Secretaría de la Función Pública, donde el Presidente puede entrar y salir como Pedro por su casa, desata más suspicacias que alguna alegría derivada de sentirnos frente a una oportunidad dorada para generar ahorros. Un ejemplo de lo pernicioso que resulta la lealtad ciega a la figura presidencial, la tenemos en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, donde su cabeza, más que una defensora de los derechos humanos, resulta ser una incondicional de López Obrador.

Una segunda cuestión, nada positiva, es que el INAI es una de esas figuras emblemáticas de la democracia moderna y las formas en que encarna la participación ciudadana activa. No estamos frente a un asunto que se reduzca a la oportunidad llevar a cabo procesos conforme a la filosofía del “fast track”, tal como se comprometió el Presidente (¡a cuántas cosas se ha comprometido y seguimos a la espera!), sino del riesgo que supone que la democracia pierda una figura clave en la promoción de uno de nuestros derechos más importantes: el acceso de la información y la rendición transparente de cuentas.

Y, ya para cerrar, no debemos olvidar que el Presidente, en varias ocasiones ha demostrado su efectividad para detener obras, eliminar programas en curso, desaparecer estructuras y puestos, sin sustituirlos por otra cosa mejor.

De lo que se trata es de fortalecer las instituciones que posibilitan la vida en democracia; sumar, no restar.

Y por no dejar, van unas cuantas preguntas al margen: ¿Cuál es el valor del viaje de Hugo López-Gatell a Argentina? ¿Había que ir hasta allá para hablar de la vacuna rusa? ¿Fue a dar algunas lecciones imperdibles sobre cómo manejar la pandemia? ¿Lo están enfriando un poco para armarle una salida digna?