Autosuficiencia alimentaria y multilateralismo
25 mayo 2018
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El cambio en las políticas agrícolas para su ajuste a un comercio exterior abierto, iniciado con Miguel de la Madrid, continuado con fuerza por Carlos Salinas y mantenido por los siguientes gobiernos federales se hizo sobre la base de dos premisas básicas, que ahora están mostrando estar equivocadas: que Estados Unidos estaba comprometido con un comercio basado en reglas y el multilateralismo -expresado en el Acuerdo de Agricultura de la Ronda de Uruguay-, y que el mercado internacional era una fuente estable y confiable de abasto de alimentos a precios bajos.
El repunte en los precios internacionales de finales de los años 2000 y principios de la década de 2010 puso en duda la primera premisa. Mostró que los países que no mantenían adecuados niveles de inventarios y de producción doméstica podían hacer frente a un agudo malestar social, a causa del alza de precios de las subsistencias, e incluso hacer frente a la inestabilidad política y hasta la guerra civil.
Durante ese periodo algunos países productores importantes restringieron sus exportaciones, para asegurar su abasto interno en primer lugar. También se vio que el peor momento para comprar en el mercado internacional es cuando la oferta es escasa. El aumento de la demanda externa para garantizar el abasto doméstico, haciendo reservas ante la expectativa de precios aún más altos, presiona al alza de precios y es causa mayor volatilidad de precios. A corto plazo, los pueblos no cambian su patrón de consumo de básicos si se elevan los precios, lo cual se traduce en incremento de las presiones inflacionarias domésticas y en protesta social ante los gobiernos.
Esta experiencia hizo que se debilitara la noción de “seguridad alimentaria” que había sido usada como concepto alternativo al de “autosuficiencia alimentaria”, vinculado a la idea de economía cerrada. La noción de seguridad implicaba que mientras un país pudiera obtener divisas suficientes para pagar sus importaciones de alimentos, mediante la exportación de otros bienes y servicios, durante un cierto periodo, no estaba en riesgo alimentario. Las crisis sociales y políticas asociadas a la escasez de alimentos y el alza de precios internacionales de productos necesarios para las subsistencias gradualmente han modificado esta percepción.
Cabe hacer notar que México fue autosuficiente y un exportador neto, en un marco de comercio que se consideraba proteccionista pero que fomentaba las exportaciones de productos de la agricultura. No obstante, perdió ambas características a causa sustancialmente de un lento crecimiento de la oferta frente a una demanda creciente, no propiamente debido a la apertura al comercio. La ampliación de la demanda se debía sustancialmente al aumento demográfico y el incremento del ingreso urbano.
El fracaso de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) debido en buena medida a la negativa de Estados Unidos de reducir sus subsidios en apoyo a sus productores y, particularmente, la llegada al poder de Donald Trump han venido a demoler la segunda premisa.
La nueva administración estadounidense ha atacado acuerdos comerciales ya suscritos e importantes, como el TLCAN, así como a la OMC -que representa el multilateralismo-. Reniega del trato especial y diferenciado a economía en desarrollo y ha aplicado de manera unilateral y discriminatoria aranceles a productos de otros países, amenazando con mantenerlos o incrementarlos si no se le hacen concesiones comerciales o políticas específicas, a fin de alcanzar un saldo comercial más favorable, proteger los intereses de las empresas de Estados Unidos en el mundo o conseguir que los gobiernos hagan lo que al gobierno estadounidense quiere, como expresión de alineamiento a su hegemonía.
Ahora se tiene una situación extraña, el multilateralismo (OMC) que se había venido debilitando a causa de la suscripción de acuerdos regionales y de iniciativas transregionales, así como por el fracaso de la Ronda de Doha, ahora sirve de refugio para hacer la defensa de intereses nacionales frente a Estados Unidos. Ese país socaba el multilateralismo, la idea de un comercio internacional basado en reglas se ha vuelto cada vez menos sostenible y confiable como enfoque hacia el futuro.
La administración de Enrique Peña Nieto no está percibiendo el cambio de escenarios, hasta cierto punto se quedó en el pasado. Debido a una inflexibilidad ideológica y al entramado de intereses que se han construido a lo largo del tiempo desde la administración de Carlos Salinas ha habido cierta incapacidad de procesar los nuevos hechos. Su discurso contra la meta de autosuficiencia alimentaria así lo muestra. Explica también porque no cumplió su compromiso de reforma del campo.
La noción de autosuficiencia no implica ausencia de comercio, es más bien una meta que permite cierta protección frente a riesgos al estar insertos en el comercio internacional. El debilitamiento de la idea de seguridad alimentaria, como suficiente, llevó a que la FAO recomiende ahora como meta el autoabastecimiento en un 75 por ciento del consumo de alimentos de un país. El problema del país es que está lejos de acercarse a esa meta. Además, más vale que el país tome precauciones ante posibles interrupciones en los flujos de comercio de productos de la agricultura, en ambos sentidos, o ante alzas imprevistas en los precios internacionales. Es altamente probable que el marco de la OMC sea insuficiente para contener la agresividad estadounidense.