Bitácora de la locura
El jueves 5 se presentó, en el Centro de Literatura del ISIC, el segundo libro del poeta Iván Rocha Rodelo, el cual lleva por título “Bitácora para nombrar la locura”, en la serie Ex Libris, y fue presentado por el insigne bardo Jesús Ramón Ibarra, quien es un erudito de la belleza y armonía de las palabras. Sin embargo, este servidor pretende hacer un comentario más intuitivo, inocente y virginal.
Bitácora es el registro cronológico de un proyecto o trabajo, así como de lo acontecido en la vida de una persona. El joven autor, nacido en Culiacán en 1996, estructura su obra en un vestíbulo y siete pabellones, cada uno de los cuales consta de algunos signos y un diagnóstico, además de contar con sus respectivos epígrafes, el último de los cuales es de António Lobo Antunes, escritor, médico y psiquiatra portugués: “La esperanza insensata de creernos curados”, donde se revela su influencia e inspiración en el contenido del libro.
Desde el principio, el autor precisa: “No habrá silencio que no duela”. Hay silencios hieráticos y sublimes, pero estos son profundos por la oquedad de las palabras. Añade el poeta: “Florece en mi garganta el esdrújulo volumen de una jungla... los nombres son jaulas donde no hay lugar para el vuelo”.
Rocha Rodelo, subraya: “la enfermedad es la línea de fuga de nuestro cuerpo... El sueño es el tiempo que nos queda... Una palabra bastará para enterrarnos... Los locos no hablan ni escriben, sueñan... Dejemos las preguntas importantes a los taxidermistas de la vida”.
Lamentablemente, en la página 25 se escribió: “Para salir abantes en la lluvia”. Si bien, la palabra proviene del latín antiguo o tardío, “ab ante” (desde delante), su uso correcto en español es avante.
¿Llevo la bitácora de mi vida?