Bots
No podemos sustraernos de los asuntos que preocupan a la ciudadanía, tanto políticos como de toda índole, razón por lo que nuestras entregas versan sobre los temas candentes y, si se quiere, urgentes, es decir aquellos que están en boca de la opinión pública. Y, en ese tenor, vamos a seguir mientras las circunstancias prevalezcan.
Creemos que es esencial, en la labor periodística, informar con objetividad y opinar sobre los asuntos que atañen a la sociedad, tratando siempre de ponernos del lado de los ciudadanos, de quienes deben ser la razón de la existencia de las entidades públicas. En lo que nos toca, tratamos de cumplir con esta obligación que hemos contraído voluntariamente, hacernos eco, con nuestra pluma, del sentir ciudadano como un deber que tratamos de cumplir de la mejor manera posible.
Si cumplimos o fallamos con esa responsabilidad, queda a criterio de los ciudadanos dar su veredicto. Estamos convencidos de que, quienes mejor evalúan nuestra labor, son nuestros lectores; ellos son, en primera instancia, quienes califican nuestro trabajo periodístico y ese fallo para nosotros es inapelable.
En la actualidad vivimos una revolución en el campo de la información. Las redes sociales han desplazado a las formas tradicionales en que se transmitían las noticias, además lo hacen en tiempo real y de manera global. Sus beneficios son enormes, ya que han acercado a las audiencias un enorme banco de información, creando en los hechos una sociedad global de conocimiento. Culturalmente vivimos una época de gran avance cuantitativo en cuanto a la gran masa informativa que se ofrece a los ciudadanos.
Aunque, como en todos los fenómenos sociales, no hay avance civilizatorio sin riesgos de retroceso, o para decirlo con las palabras del filósofo marxista de la escuela de Frankfurt, Walter Benjamin: “no hay historia de cultura que no sea, a su vez, historia de barbarie”. Y es que, entre tanto cúmulo informativo, a menudo el ciudadano está expuesto a mucha información basura, que se esparce por medio de bots y un bombardeo noticioso que hasta la opinión pública (tradicionalmente basada en la crítica como “ejercicio del criterio” y el libre albedrío) queda expuesta a ser moldeada por el algoritmo y, en definitiva, manipulada por los dueños de esos medios de comunicación. Vivimos la paradoja que advirtió George Orwell, en su novela 1984, de vivir en un mundo de masiva información y, a la vez, estar muy mal informados.
El debate respecto a la información apenas empieza. Creo que pasaremos un largo tiempo para encontrar la fórmula idónea para asimilar la información en esta Era de las “benditas” redes sociales. Quizás el fondo del asunto es que la revolución informativa apenas comienza, ya que lo único que se ha revolucionado, en las últimas décadas, ha sido la forma -el canal físico o medio- en que circulan los datos, pero no se ha revolucionado el contenido, el mensaje y, mucho menos, el contexto en que este se transmite, limitando por lo tanto la discusión a asuntos de volumen y velocidad en que se transmite la información, pero posponiendo lo esencial que es la elaboración e interpretación de contenidos. La revolución informática actual es básicamente ciber-tecnológica, pero aún no es gestáltica, ni abarca todo el espectro que debe considerarse en la comunicación humana.
En nuestro País, el tema de la información comienza a ser abordado por académicos y periodistas. También en algunas instituciones -el Poder Ejecutivo mismo- ha empezado a surgir la inquietud de abordar el tema de la información frente a la magnitud de las consecuencias que empieza a producir en la opinión política. La sociedad democrática y educada, libre de manipulación, a la que aspiramos, tiene que encontrar la forma en que las audiencias tengan las herramientas para participar de la revolución global de la información, decodificándola debidamente y evitando sus riesgos.
Por fortuna, la ciudadanía, sobre todo los jóvenes que son mayoría en nuestro País, está muy despierta y no se va con la finta ni se deja moldear por el algoritmo. Entonces, entre más objetiva sea la información, tendremos en el país una sociedad más consciente, políticamente más democrática, tecnológicamente más avanzada y, por ende, más libre.
No tenemos duda de que México va caminando, con paso firme, rumbo a convertirse en un país democrático, educado, culto, bien informado dentro del Continente Americano. Hacia allá caminamos sin contratiempo, hay factores infalibles que marcan esa realidad en el futuro.