Brevedad de la vida
Somos vecinos de este mundo por un rato, dice la canción “Coincidir”, cuya letra fue compuesta en 1984 por Alberto Escobar. Efectivamente, la brevedad de la vida -por más años que se lleguen a cumplir- es una verdad indubitable, como escribió Séneca en el año 55 de nuestra era: “Somos engendrados para un tiempo escaso”.
Pedro Calderón de la Barca hizo decir a Segismundo en el conocido monólogo del acto segundo de la obra de teatro La vida es sueño: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños sueños son”.
El miércoles 18 de febrero de este año celebraremos el inicio del tiempo litúrgico de Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, por lo que escucharemos también la antigua sentencia bíblica: “Polvo eres y en polvo te convertirás” (Gn 3,19).
En estos días, tuve muy presente la brevedad y fugacidad de la vida, a raíz del fallecimiento de mi querido primo José Fonseca Ramírez; del padre José Cabrera López y del ex compañero periodista de Noroeste: Enrique Bonilla Flores.
Ninguno de ellos murió joven (quien tenía menos edad de los tres era Enrique); sin embargo, nuestra vida pende siempre de un delicado hilo que se puede romper en cualquier instante. Además, el tiempo es muy relativo, aunque lo midamos para afirmar que uno es más largo que otro; empero, como sostuvo Séneca, “no tenemos escaso tiempo, sino que lo perdemos mucho”.
José Fonseca formó una integrada familia, la cual sostuvo con base en duro trabajo y esfuerzo. Afortunadamente, pudo gozar muchos años de su pensión y disfrutar tranquilamente del amor y cariño de sus hermanos, esposa, hijos y nietos.
¿Aprovecho mi tiempo?