Celebración de la Marina
Uno de mis primeros trabajos, en mi época de estudiante de periodismo, fue realizar coberturas para la Marina. Una etapa fascinante y formadora.
Me tocó desde simulacros en el muelle de la Armada, visitas a astilleros, entrevistas a personajes ligados al gremio, congresos e incluso la cobertura a la fiesta oficial que mañana se celebra.
Aprendí mucho: desde los primeros secretos del periodismo hasta la urgencia de la carretera Mazatlán-Durango para ofrecer a las navieras conexión veloz con Monterrey y la costa este de los Estados Unidos, así como el conflicto del impuesto a los activos fijos, principal tope al crecimiento de nuestra industria naval.
El de la Marina es un mundo muy complejo y vivo, con intensas ramificaciones en la vida en tierra y el campo internacional.
Pero mañana lunes, en su día, alcemos en alto la bandera del festejo para conmemorar el día de nuestra Marina, jornada en la que se celebra a los hombres y mujeres que no pudieron negarse a una vocación esencialmente acuática, ligada al aliento del mar y el enigma de sus navegaciones.
Aires de memoria, el espíritu aventurero por lo general encuentra como primera inclinación el llamado de las mareas y las corrientes submarinas, canto de sirenas que no proviene de los arrecifes, sino del horizonte henchido de velas, arboladuras y estelas fosforescentes.
Por costumbre, a veces los profanos - y más ahora- confundimos el concepto de Marina con la fuerza armada marítima. El Día de la Marina incluye también a las embarcaciones civiles y mercantes que navegan con pabellón mexicano.
No hay que confundirlo con el Día de la Armada de México, cuya fecha conmemora la consolidación de la Independencia de México, ocurrida en el mar el 23 de noviembre de 1825.
En esa fecha, la recién integrada Marina de Guerra mexicana, bajo el mando del Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda, logró la rendición del último reducto de tropas españolas que se encontraba atrincherado en la Fortaleza de San Juan de Ulúa, Veracruz.
Mañana por nuestros puertos se inicia un leve recorrido en que se levan anclas y se marcha avante, ese evocador término que nombra el avance de un navío mientras rompe el oleaje con la proa airosa.
Sinaloa tiene varios motivos para compartir este orgullo. No olvidemos que la única batalla naval de la Revolución Mexicana se llevó a cabo en Sinaloa.
Por ello, dos de las calles más antiguas del puerto de Mazatlán llevaron los nombres de “Cañonero Tampico” e “Hilario Rodríguez Malpica”, quien fuera capitán de dicha nave... aunque ya está calle ahora se llama “Liverpool” y está consagrada a cuatro músicos ingleses de los años 60.
Otra particularidad náutica de Mazatlán es el edificio de la primaria General Ángel Flores: única institución educativa construida con forma de ancla, en homenaje al revolucionario quien se ganara su sustento en el mar. Y, visto de frente, el plantel nos recuerda a un navío en marcha.
No olvidemos que en Topolobampo se rescató la historia del primer combate aeronaval de la historia y lo suelen celebrar con un simulacro. Teacapán hace también una fiesta que involucra bastante a la población.
La impronta marina se respira incluso en más motivos arquitectónicos. Fijándonos bien, veremos la existencia de varias casas en el centro de Mazatlán con líneas y giros que evocan más a un buque en dique seco que a una vivienda familiar. Art Decó.
La poeta Julieta Montero vivió en una casa familiar que parece un barco ascendiendo la cresta de una ola, con escalerillas, cubiertas y puente de mando. Otros viven en fincas con claraboyas inmensas y ruedas de timón por ventanas.
Las generaciones de marinos que han surgido del puerto y su escuela han dejado huellas. Hagamos una mención especial para los tripulantes del “Potrero del llano” y el “Faja de oro”, hundidos durante la Segunda Guerra Mundial que llevaban marineros de esta zona. Me tocó incluso reportear un homenaje al último sobreviviente de esa tripulación.
Siguiendo con las calles no muy conocidas de Mazatlán, ¿sabía usted que la calzada Joel Montes Camarena, que comunica al faro con el cerro del Vigía, se llama así en homenaje al último marino del mundo que tomó la difícil decisión de hundirse con su barco? Era egresado de la Escuela Náutica de Mazatlán.
Más allá de las circunstancias del hecho, sólo quisiera asentar que me parece una verdadera justicia poética que se nombre así a una calzada construida en un sitio que antes fuera el mar rompiente. En efecto, me refiero a la ruta que nos lleva al faro en cuya vera se encuentran las flotas deportivas.
Hoy esperemos que nuestra industria marina siga avante y, como decía Robert Luis Stevenson, con viento de popa y la mar en calma.