Cervantismos y cervantistas

Juan José Rodríguez
19 abril 2026

El próximo jueves es el Día Mundial del Libro. Un 23 de abril fallecieron Shakespeare y don Miguel de Cervantes Saavedra. Hoy me dedicaré a hacer unos juegos verbales en homenaje a los lectores y seguidores de El Quijote. Y un pequeño homenaje a la amiga Ana Belén López Pulido, poeta que nos dejó físicamente hace unos día, que tanto promovió la lectura.

Mi nombre es Heriberto Frías y fui soldado del ejército mexicano durante el porfiriato, egresado del Colegio Militar. Eso no me convierte en porfirista. Me tocó ver grandes e injustas masacres en el estado de Chihuahua. Como soy lector de el Quijote cometí la quijotada de denunciarla en un libro: Tomochic. Se me armó consejo de guerra y tuve que dedicarme el resto de mi vida al periodismo. Como saben todos los que lo han ejercido en México, si lo haces honradamente no es negocio.

Mazatlán me recuerda con una calle y yo le hice a esta ciudad un libro que se llama “Mazatlán: el triunfo de Sancho Panza” donde cuento los años en que fui aquí reportero y director de El Correo de la Tarde, agotado y cansado, hasta que Álvaro Obregón me rescató siendo Presidente y pasé mis últimos años en España en una responsabilidad diplomática.

Mi nombre es Graham Greene. Soy escritor inglés. Hubo un tiempo que fui muy leído y mi nombre se mencionaba para el Premio Nobel de Literatura. No me lo dieron al parecer porque se consideraba que mis novelas policiacas, como El tercer hombre, quitaban seriedad al resto de mi obra. Fui amigo de García Márquez y Fidel Castro, en esa etapa unos próceres.

Leí El Quijote de niño en los clásicos Penguin. Tengo una novela que se llama Monseñor Quijote y narro los viajes de un cura con un alcalde comunista por la España de Franco. Léela y estoy seguro que los diálogos entre ambos les divertirán, porque la guerra fría y las guerras religiosas aún continúan.

Yo soy Abel Quezada y mi padre me ponía a leer en público el Quijote para corregir mi tartamudeo. Al decir en público me refiero mi casa en medio del desierto de Coahuila y ante un público formado por mi familia y algunos vecinos ociosos, todas las noches después de cenar. Cuando mi padre invitó a unos vecinos que tenían una hija güerita, muy guapa, mi tartamudez se corrigió de inmediato, bueno, poco a poco...

Lo malo es que no avancé mucho y la güerita se casó con un doctor que lo mismo nos curaba a nosotros que a los caballos. Me volví caricaturista, me peleé con el Presidente Díaz Ordaz, y fui director de un canal de televisión un solo día porque salí mal con una hermana de otro Presidente, López Portillo.

Soy famoso porque el 3 de octubre de 1968 mi caricatura salió totalmente en negro en la prensa nacional. Fue un acto inspirado por el Quijote y ganas de no quedarme callado, arremetiendo así contra un gigante de mil brazos que yo sólo podía ver. Aún faltan más molinos de viento y gigantes invisibles que demoler.

Me llamo Antonio Alatorre. Si tienes más de 30 años leíste mi nombre en tus libros de primaria porque yo ayudé a hacer los textos de los libros de español. Si te tomaste la molestia de leer el prólogo, ahí te cuento que soy de un pueblo de Jalisco que se llama Autlán.

En ese pueblo mi madre nos leía el Quijote por las noches bajo un foco amarillento, a duras penas. Esa imagen de mi madre hablando con la voz de Cervantes me persiguió toda mi vida. Ahora soy filólogo, amo la lengua castellana y tengo un hermoso libro sobre su historia.

Soy Alejandro Quijano y también una calle de Mazatlán que antes se llamaba Fortín y hoy la ubican más por una funeraria. Fui presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Cruz Roja y muchas otras cosas y tengo un libro sobre El Quijote que ya nadie consigue.

Hola yo soy Cantinflas y personifiqué al Quijote, aunque en calidad de un Sancho Panza a la mexicana.

Mi nombre es Jacobo Zabludovsky y mi padre era vendedor a crédito de géneros al detalle -o sea abonero de recortes en La Lagunilla- y nos leía el Quijote, recalcando a cada rato sus frases, las cuales usaba en la vida diaria y para cerrar las ventas.

Soy Eulalio Ferrer, publicista y realicé los mejores comerciales de la televisión mexicana (¡aunque anunciaban el brandy don Pedro!), y soy tan fanático del caballero de la triste figura que hice un museo en Guanajuato con las estatuas del Quijote que coleccioné toda mi vida.

Soy Orson Welles y por más esfuerzo que hice nunca pude terminar de filmar una versión de la novela de Cervantes... A veces pasan en la tele algunos fragmentos sobrevivientes.

Me llamo Jules Massenet e hice un ballet con el Ingenioso Hidalgo.

Soy Miguel de Cervantes Saavedra y quise irme a vivir al Soconusco en la Nueva España pero el rey no me respondió.

Soy Alonso Quijano y según Cervantes, tengo un lunar lleno de cabello con todo y canas en la nuca y eso es muy español, ¡quiá con eso y a tomar por saco esa afirmación, que vive Dios que me espanta tanta grandeza, malasangre con quien describa la forma de mi espalda o conocerá la forma de mi espada!

Soy Aldonza Lorenzo y según Cervantes tengo el rostro amondogado, o sea, como si fuera un plato de menudo sinaloense sin grano o pancita chilanga sin el caldo. Me compenso haciéndome decir frases poderosas y divertidas.

Soy Ginés de Pasamonte y Cervantes se vengó de mi poniéndome en su novela como un ladrón y con mi nombre real.

Soy Don Quijote de la Mancha y NUNCA DIJE “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.

Soy lector del Quijote y en la cifra de mi nombre somos uno solo, el otro y el mismo, como decía Borges. Soy el que soy. Soy un habitante de La Mancha, en un lugar de cuyo nombre no puedo olvidarme... Soy el rostro que te mira en tu idioma y contiene el canto y las batallas, la manía de leer, el arte perdido de vivir la locura de los libros como luz esencial de todos los días.