Claudia da un paso adelante
Adán Augusto López fue removido de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado, y no renunció como lo afirma él, pero aquí salta una pregunta, de varias que nos podemos hacer: ¿Fue con la anuencia de López Obrador o contra su voluntad?
La pregunta es válida porque el ex Presidente sigue teniendo un peso muy grande en el partido gobernante y el Senador es un político muy cercano al vecino ilustre de Palenque, y aún así fue removido.
Si López Obrador lo consistió o se vio obligado a aceptarlo o, incluso no fue consultado, lo cual es muy difícil de imaginar, el paso de cualquier manera parece darle más fuerza política a la Presidenta Sheinbaum al interior de Morena y el conjunto de la 4T. Lo cual es favorable para una mayor institucionalización del poder y que éste se comparta menos con Palenque.
Si lo anterior es cierto, Claudia Sheinbaum, a poco más de un año de llegar a Palacio Nacional, continúa avanzando en su estrategia gradual de ser la única en mandar en el Gobierno y ser la real jefa de Estado. Esto debería ser lo normal en una nación con sólidas instituciones basadas en poderes constitucionales, pero no en un régimen donde sigue gravitando el poder informal, pero real, de López Obrador.
Tal paso fue necesario y benéfico para la doctora Sheinbaum, y de indudable relevancia histórica, ante las groseras declaraciones sobre la guerra de 1848 y las presiones intensas de Donald Trump y sus secretarios en el marco de los drásticos reacomodos en la geopolítica mundial y más particularmente en las negociaciones del T-MEC en los primeros meses de este año. Es aquí donde posiblemente se inscribe parte de la explicación del desplazamiento de Adán Augusto López.
Por supuesto que la presencia de Adán Augusto en el Senado y en el escenario político nacional, no tan sólo en la 4T, desprestigiaba y dificultaba la operación política doméstica de Palacio Nacional, sino que también existía el enorme riesgo que desde la Casa Blanca se hiciera pública una lista de importantes políticos de Morena vinculados al narco donde apareciese el tabasqueño, lo cual significaría un golpe terrible para el Gobierno mexicano. Y mucho peor sería que en una operación quirúrgica el Gobierno de Estados Unidos se llevase secuestrado al ex Secretario de Gobernación, hecho que provocaría un enorme conflicto con Estados Unidos.
Ahora bien, otra pregunta pertinente es si el desplazamiento de Adán Augusto y el paso hacia delante de Claudia Sheinbaum le va a permitir a ella ser el factótum de poder, como fue en la tradición presidencial en el PRI y como lo fue también con López Obrador, para seleccionar a los candidatos o candidatas a gobernadores de Morena que, en los hechos, se conocerán en las próximas semanas cuando se nombren a los coordinadores de los comités de defensa de la Cuarta Transformación.
Por algunos momentos pareciera que Claudia Sheinbaum se vería obligada compartir la selección con López Obrador y los gobernadores que fueron propuestos como candidatos por el ex Presidente, pero en otros contextos, como el actual, ante el fortalecimiento de la Presidenta en Morena, es posible conjeturar que ella va a tener la sartén por el mango, sobre todo en estados claves de la actual coyuntura política nacional e internacional, como lo es Sinaloa.
Como es muy fácil entender, nuestro estado es estratégico en las presiones de Trump hacia México, porque en la tierra de los once ríos está asentado uno de los dos cárteles más poderosos de México y del planeta; por lo tanto, si la política y la estrategia contra los grupos del narco en guerra se deciden totalmente en Palacio Nacional, no es arriesgado pensar, entonces, que de la misma manera se decidirá la candidatura de Morena para gobernar el estado. Siendo así las cosas, esa decisión la Presidenta Sheinbaum no la compartirá con nadie. Y si quiere legitimar esa apuesta lo hará con encuestas.
Ahora bien, la disputa política al interior de Morena no ha acabado. Hay gobernadoras y gobernadores de ese partido, como Layda Sansores, en Campeche, que autoritariamente hacen lo que quieren en sus estados, y la inquilina de Palacio Nacional no ha podido o no ha querido contenerlos porque seguramente los necesita para las elecciones del próximo año. En Campeche y Baja California, para mencionar sólo dos casos, la Presidenta se ve débil o maniatada porque gobernantes así no le ayudan en lo más mínimo para fortalecer su gobierno.
En otro escenario de la presente coyuntura, la Presidenta Sheinbaum, el 5 de febrero, se vio obligada a responder con enérgico discurso a la diatriba trumpiana, que un día antes celebró la conquista del norte mexicano de mediados del Siglo 19, porque el hombre naranja pareciera estar amenazando con una nueva incursión bélica de Estados Unidos en México. Esta nueva confrontación discursiva se da en la muy desigual lucha por la redefinición de las relaciones entre México y Estados Unidos en el contexto de la estrategia de la Casa Blanca por someter al Continente Americano.
Y, más grave aún, es que haya mexicanos que deseen con ardor una nueva intervención gringa en México porque ilusamente creen que eso eliminaría el narcotráfico en nuestro País.