Complejidad y empatía frente a nuestros retos democráticos

Artículo 19
26 abril 2026

Seguramente el término “democracia”, en sus múltiples variaciones lingüísticas e interpretaciones, ha sido unos de los más utilizados en la historia desde el siglo 6 a. C. -donde suele colocarse su origen en Atenas- y hasta nuestros días, ya inundados de inteligencia artificial y redes sociales.

Esa palabra ha sido invocada igual en regímenes autoritarios del espectro respectivo, sean izquierdas o derechas. Incluso se utiliza como justificación para realizar actos que tienen como objetivo socavar a la propia democracia desde adentro. Por ejemplo, a través de leyes o reformas constitucionales, concentración de poder mediante cooptación de poderes u organismos o, en un extremo, su desaparición.

Esto va también de la mano con estrategias de polarización de la cual abrevan determinados regímenes, para instalar en el horizonte e imaginario social que existen enemigos que deben ser aplastados por ser los causantes de todos los males. Sus visiones y pensamientos no van más allá de sus narices, reduciendo todo a “buenos y malos”, a “ellos contra nosotros”, a “estás conmigo o contra mí”. No importa el espectro político, siguen guiones similares.

Políticos o gobernantes que tienden a simplificar todo y no mirar más allá de los periodos electorales, omiten las complejidades y pluralidad que hay en nuestras realidades y sociedades.

Resulta fácil y cómodo repartir culpas, generar enemigos y polarizar, pero también es vital corresponsabilizarnos socialmente por la esencial razón de que cohabitamos y desplegamos nuestras vidas en espacios comunes, donde interactuamos, convivimos, dependemos y somos mutualidades vivas. Por supuesto, sin omitir ni vaciar nuestras diversidades de pensamientos, ideas, opiniones, visiones, que no nos hacen un ente homogéneo y uniforme como determinados regímenes quieren imponer.

Pero es asumiendo y aprendiendo a canalizar y construir en común, con y a partir de nuestras complejidades y diversidades, como podemos dar los primeros pasos en un mejor camino.

Hoy más que nunca contamos con ríos de información a través de internet y redes sociales que, paradójicamente, nos está generando mayor desconfianza, miedo y, a su vez, menor discernimiento, menos análisis y atención.

Hoy más que nunca debemos apostar por equilibrios que no nos lleven al extremo de no creer en nada y voltear hacia otros lados, ni al extremo de saturarnos y creer en todo, aunque sea desinformación o mentiras deliberadas.

Debemos llevar más allá nuestra capacidad de análisis, saber detenernos y reflexionar más, sin caer en el primer (pre)juicio que nos llegue o en querer confirmar a toda costa lo que asumimos o creemos desde hace tiempo.

Sociedades y realidades complejas exigen análisis y pensamientos complejos. Aquí volvemos al tema de la democracia, la cual ha sido tan utilizada para buenos objetivos, pero también para perversos intereses, que su recipiente se ha ido vaciando y ha llevado a que cualquiera lo llene con lo que quiera y para lo que quiera, aún si se trata de menoscabar o anular derechos humanos.

Hoy, invocando la democracia, se pueden establecer regímenes de excepción, sistemas de vigilancia masiva, socavar instituciones y concentrar el poder.

En este sentido resulta pertinente pensar desde lo que el investigador y filósofo Daniel Innerarity ha propuesto como “una teoría de la democracia compleja” (Galaxia Gutemberg, 2020). Innerarity afirma de manera clara y directa que “la principal amenaza de la democracia no es la violencia ni la corrupción o la ineficiencia, sino la simplicidad” e invita a replantear incluso conceptos políticos que hemos asumido desde hace mucho tiempo y construir con, para y desde los retos y problemáticas del siglo 21.

Sin duda hay serios problemas de criminalidad, de desigualdad que han y siguen lacerando fuertemente a nuestras sociedades. Pero nuevamente, ante problemas complejos, debemos coconstruir alternativas y soluciones que atiendan esa complejidad sin caer en recetas simples y huecas que plantean políticos y gobernantes. Por ejemplo, crear más normas penales, más burocracia, militarización, mayor vigilancia estatal, etc.

Toda esta tarea también implica una importante dosis de empatía para no dejar de observar a nuestro alrededor ni abstraernos de las demás realidades y mutualidades con las que coexistimos.

Podemos empezar por: 1) re-conocernos, 2) observarnos, 3) dialogar y debatir, 4) escucharnos, 5) empatizar, 6) cuestionar, 7) reflexionar, 8) no asumir, 9) contrastar.

Los grandes retos que tenemos en este siglo 21 nos apremian para comenzar a dar estos pasos.

El autor, Luis Knapp, es coordinador del Programa de Ecosistema Informativo y Tecnología en ARTICLE 19 MX-CA (@article19mxca).