Construir margen en un mundo que se rompe. (Crisis y Oportunidad)

Isaac Aranguré
14 abril 2026

Durante la pandemia, mientras millones de personas perdían su empleo, cerraban negocios o vendían lo que podían para sostenerse, ocurrió algo que parece contradictorio, pero no lo es, los más ricos del mundo se hicieron aún más ricos.

No es percepción, es dato, y es que, en medio del caos global, las grandes fortunas crecieron de forma acelerada. Empresas tecnológicas duplicaron su valor, fondos de inversión aprovecharon caídas de mercado, y activos que muchos tuvieron que soltar por necesidad, cambiaron de manos.

La pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿cómo puede alguien crecer cuando todo se está rompiendo?

La respuesta fácil sería moralizarlo, decir que el sistema es injusto, que lo es, o que los ricos “se aprovechan”, que también ocurre, pero quedarse ahí no explica lo más importante, o por lo menos lo más relevante en términos de lo que el resto podemos aprender o hacer, porque lo verdaderamente relevante no es solo que algunos crezcan en la crisis, sino por qué pueden hacerlo y más aún, qué podemos aprender de eso quienes no jugamos en esa liga.

Esta no es una columna sobre los ricos, es una columna sobre margen.

En cada crisis ocurre una especie de redistribución silenciosa, no necesariamente de riqueza, sino de posiciones, cuando el mundo se aprieta, la mayoría entra en modo supervivencia, recortar, resistir, aguantar, todo se vuelve reacción, pero hay quienes no están reaccionando, están decidiendo. No porque sean más inteligentes, tampoco necesariamente más trabajadores, simplemente están en otra posición, tienen algo que parece invisible hasta que hace falta: margen.

Margen es liquidez, sí, pero también es tiempo, es maniobra, es estrategia, es capacidad de esperar, es poder decir “no” sin que todo se derrumbe, el problema no es no tener dinero, el problema es no tener margen.

Las crisis tienen un patrón brutal, bajan el precio de todo... para quien puede comprar, negocios bien operados se venden por urgencia, propiedades se liquidan por necesidad, proyectos se abandonan por falta de flujo y ahí ocurre el movimiento más silencioso, y más determinante, del sistema, el que no tiene margen, vende, el que lo tiene, compra.

No es una cuestión de mérito, es una cuestión de posición.

Por eso las crisis no crean desigualdad, la revelan... y la aceleran.

Ahora, aquí está el punto importante, entender esto no es justificar el sistema. De hecho, lo contrario, lo exhibe, deja claro que no todos estamos jugando bajo las mismas condiciones, que el riesgo no pesa igual para todos, que, para algunos, una mala decisión es incómoda... y para otros es devastadora, pero también deja algo sobre la mesa, las reglas existen, aunque no nos gusten y no verlas no nos protege de ellas. Entonces la pregunta cambia, ya no es, ¿por qué ellos crecen? Sino ¿cómo dejamos de ser siempre los que están obligados a reaccionar?

Para alguien pequeño o mediano, construir margen no es un lujo, es una estrategia de supervivencia... y eventualmente de crecimiento. A veces se ve como disciplina financiera, gastar menos, ahorrar más, pero en el fondo es algo más profundo, es comprar tiempo.

Porque el que tiene aire, decide, el que no, reacciona, también implica dejar de competir en donde no puedes ganar, el pequeño no va a tener el capital del grande, pero sí puede tener algo que en crisis vale igual o más, velocidad, puede ajustar más rápido, cambiar de modelo, reconfigurar su oferta porque mientras unos sostienen estructuras pesadas, otros pueden moverse.

Y hay otra cosa que se vuelve evidente cuando todo se contrae, lo genérico sufre, lo necesario resiste. Construir margen también es construir relevancia, volverte menos reemplazable, más específico, más indispensable para alguien.

Pero quizá lo más difícil, y lo más importante, es aprender a leer el momento, la mayoría responde a la crisis con más esfuerzo, más horas, más desgaste, pero el esfuerzo, por sí solo, no cambia el juego, lo que cambia el juego es saber cuándo moverse... y cuándo no, cuándo guardar... y cuándo arriesgar, porque sí, incluso en medio del miedo, hay ventanas, el problema es que si llegas sin margen, ni siquiera puedes verlas.

Nada de esto garantiza que vas a ganar, las crisis siguen siendo injustas, impredecibles y muchas veces brutales, pero sí cambia algo fundamental, te da una posibilidad. La de no estar siempre del mismo lado del movimiento, tal vez no se trata de volverse rico, tal vez se trata de algo más básico, pero más poderoso, dejar de ser siempre el que tiene que vender cuando todo se cae y empezar, aunque sea poco a poco, a construir la capacidad de elegir.

Porque el mundo se rompe, una y otra vez. La diferencia, casi siempre, es quién llega con margen... y quién llega sin él.

Gracias por leer hasta aquí, nos leemos pronto.

Es cuánto.