Crecer (o sobrevivir) en desventaja: la realidad de las MiPyMEs en México

Daniel Elizondo de la Torre
19 marzo 2026

México es, en esencia, un país de pequeñas empresas. Basta mirar los datos para entenderlo: el 99.8 por ciento de las unidades económicas son micro, pequeñas o medianas empresas. Son ellas las que abren la cortina todos los días, las que pagan nómina, las que sostienen a millones de familias. Sin embargo, hay una paradoja: mientras representan casi la totalidad del ecosistema empresarial, la mayor parte del valor agregado sigue concentrándose en el 0.2 por ciento de las grandes compañías.

Las MiPyMEs generan el 70 por ciento del empleo y aportan el 52 por ciento del valor agregado empresarial. Las grandes empresas, en cambio, concentran el 48 por ciento del valor agregado con apenas el 30 por ciento del empleo. Estamos pues frente a una economía que descansa sobre millones de pequeños negocios, pero cuya productividad sigue profundamente desigual.

Y ahí está el verdadero problema. No es un tema de esfuerzo -porque si algo sobra en las MiPyMEs es trabajo-, es un tema estructural. Una gran empresa puede ser de 5 a 8 veces más productiva que una pequeña. ¿Por qué? Porque tiene acceso a financiamiento, tecnología, capacitación y cadenas globales de valor. Porque puede anticiparse, adaptarse y resistir.

Las MiPyMEs, en cambio, operan muchas veces al día. Literalmente. Viven al flujo de caja, a la venta diaria, al cliente que entra o no entra. Y en ese contexto, cualquier sacudida externa se vuelve una amenaza existencial. Hoy, esas sacudidas no son menores.

El entorno internacional parece una tormenta perfecta: conflictos como el de Rusia y Ucrania, tensiones en Medio Oriente, presiones geoeconómicas entre potencias. Todo eso se traduce en algo muy concreto para una pequeña empresa en México: energía más cara, insumos más caros, logística más incierta.

Una gran corporación puede cubrirse. Puede diversificar proveedores, usar instrumentos financieros, trasladar costos. Una MiPyME, no. Para ella, cada incremento es un golpe directo al margen. Y cuando el margen desaparece, desaparece el negocio.

No es casualidad que el año pasado hayan cerrado aproximadamente 31 mil empresas. Son sueños de familias o personas que no resistieron la presión.

Y si el contexto internacional aprieta, el interno no afloja.

Como bien ha señalado Jorge Luis Camacho, presidente del Comité de Participación de Coparmex nacional, el entorno nacional suma incertidumbre en múltiples frentes: inseguridad, debilitamiento del Estado de derecho, estancamiento económico. Una combinación que eleva el riesgo y frena decisiones clave como la inversión.

Pero hay un factor que sobresale por su impacto inmediato y cotidiano: la inseguridad.

¿Qué significa la inseguridad para una gran empresa? Un costo adicional. ¿Qué significa para una pequeña? A veces, el cierre.

De acuerdo con el INEGI, millones de empresas en México sufren delitos cada año: robos, fraudes, extorsiones. Las pérdidas ascienden a decenas de miles de millones de pesos. Pero más allá de la cifra, está la realidad: negocios que reducen horarios, que dejan de distribuir, que operan con miedo... o que simplemente bajan la cortina como ha sucedido en Sinaloa, particularmente en Culiacán en los últimos 18 meses.

Lo que estamos viendo es la consolidación de una economía dual: por un lado, un sector moderno, competitivo, conectado al mundo; por otro, una mayoría de empresas pequeñas atrapadas en baja productividad y alta vulnerabilidad.

El reto no es dar apoyos temporales ni diseñar programas aislados. El verdadero desafío es mucho más profundo: elevar la productividad de las MiPyMEs. Darles acceso real a financiamiento, impulsar su digitalización, fortalecer su capacitación, integrarlas a cadenas de valor.

México tiene una oportunidad histórica frente a sí. El fenómeno del nearshoring puede atraer inversión, relocalizar industrias y dinamizar regiones. Pero esa oportunidad no se aprovechará sola. Requiere que las MiPyMEs estén listas para subirse a ese tren.

La pregunta que surge es si ¿estamos preparando a nuestras pequeñas empresas para competir... o las estamos dejando sobrevivir?

En un mundo incierto, la fortaleza de México no estará en unos cuantos grandes jugadores, sino en la capacidad de millones de pequeños negocios de crecer, innovar y resistir.

Si ellas avanzan, avanza el País.