Crepúsculo de la atención
Continuando con el tema abordado en la columna anterior, es necesario enfatizar el crepúsculo de la atención en la cultura actual.
Byung-Chul Han, subrayó: “Precisamente por la falta de atención hoy en día hay tan pocos pensadores y poetas en el mundo. El pensamiento exige una atención profunda”. Y hoy, habrá que reconocerlo, vivimos en medio de un embravecido mar de distracciones que no nos permite pensar con profundidad y sosiego. Y mucho menos amar.
Chul Han afirmó que hoy no tenemos tiempo ni paciencia para pensar reflexiva y detenidamente. Como dijo Simone Weil: “La espera es la pasividad operante del pensamiento”.
Sin embargo, ¿no será un contrasentido una pasividad operante? Para tratar de internarnos en esta selva de conceptos será necesario, primero, adoptar una actitud humilde. Bien dijo Heidegger: “Aprended primero a agradecer y así podréis pensar”. Por eso, especificó Weil: “El genio es el poder sobrenatural de la humildad en el ámbito del pensamiento”.
Sin atención abierta y creadora no se puede hacer visible lo invisible, como les sucedió a los primeros peregrinos que pasaron junto al herido en el borde del camino, hasta que se compadeció, lo rescató y atendió el buen samaritano (Lc 10, 25-37).
Especificó Weil en su libro A la espera de Dios: “La atención creadora consiste en prestar atención a algo que no existe. La humanidad no existe en la carne anónima e inerte al borde del camino. El samaritano que se detiene y mira presta sin embargo atención a esa humanidad ausente y los actos que se suceden a continuación dan testimonio de que se trata de una atención real”.
Cuando la atención es pura, sostuvo Weil: “El hombre acepta una merma concentrándose para un gasto de energía que no aumentará su poder”.
¿Priorizo la atención?