Cuentos breves

Guillermo Fárber
10 mayo 2021

Hace siete años Alfonso Pedraza publicó como compilador un libro excepcional. Este es el texto de su Presentación:

“En 2014 se celebran los 75 años de la primera época de la revista El Cuento, 50 del primer ejemplar de su segunda época y 15 de su último número. También con este libro queremos honrar la vida y obra de Edmundo Valadés, su director, a 20 años de haber fallecido.

En junio de 1939, Edmundo Valadés y Horacio Quiñones, entonces jóvenes periodistas, publicaron el primer número de la revista El Cuento. Los grandes cuentistas contemporáneos, en la que prometían dar a conocer, de manera mensual, la obra cuentística más notable de aquella época, sobre todo la que se escribía fuera de México.

En 1939, sin embargo, también inició la Segunda Guerra Mundial y, debido a ello, el papel con el que se imprimía la revista, al ser de importación, se volvió escaso e incosteable para dos muchachos de veintitantos años que, pese a su voluntad y mecenas, sólo lograron publicar cinco números.

Un cuarto de siglo después, en mayo de 1964, Edmundo Valadés resucitó el proyecto con el título El cuento, Revista de Imaginación, con secciones nuevas como Caja de sorpresas, cuyos contenidos eran fragmentos que sacaba de entre sus lecturas, y si bien pertenecían a un contexto más amplio, era posible resignificarlos y leerlos como piezas individuales, las pepitas de oro que el gambusino descubre en el caudal del río.

A dichas piezas Valadés las llamó minificciones y son la semilla para que, a partir de 1969, la revista abriera el Concurso del Cuento Brevísimo, en el que podían participar textos que no excedieran tres cuartos de una cuartilla, a doble espacio.

Con el tiempo, el certamen se convirtió en un taller abierto entre quienes buscaban publicar sus minificciones y el consejo de redacción de la revista, conformado en sus distintos tiempos por Andrés Zaplana, Juan Rulfo, Juan Antonio Ascencio, Agustín Monsreal, José de la Colina y Eraclio Zepeda.

Las décadas de los 70 y 80 fueron de plena consolidación para el cuento. Si bien se editaba y publicaba en México, pronto cobró fama tanto en España como en Latinoamérica.

A la par que la revista ganaba adeptos, la Caja de sorpresas y el Concurso de Cuento Brevísimo legitimaron a la minificción como un género aparte del cuento, ni más ni menos importante, sino distinto, con sus propias reglas, alcances y límites, una apuesta que, como señalara Valadés, no puede ser poema, anécdota, estampa, viñeta, ocurrencia o chiste, y no puede ser porque si bien detona una epifanía con una historia o una imagen mediante un inesperado final lleno de ingenio, humor o malicia, en la que el lector se siente sorprendido, el minificcionista requiere un amplio oficio narrativo al servicio de la economía verbal, esa que con menos da más.

Los escritores que participan en Minificcionistas de El cuento, Revista de Imaginación (Ed. Ficticia, México, 220 páginas), son sólo un puñado de los muchos que Edmundo Valadés publicó entre 1964 y 1994, que es el año en el que falleció el maestro, y aún más, también aquí se encuentran algunos autores cuyos textos aparecerían de 1994 a 1999, que fue cuando la revista publicó su último número, el 142.

En total, Alfonso Pedraza, compilador del libro, logró reunir obra inédita de 103 minificcionistas de 12 países, que forman parte de una de las realidades literarias más importantes del Siglo 20 que, en su forma, antecede al auge de la literatura virtual del Siglo 21, en el que los soportes digitales se convierten en tierra fértil para la minificción, ya sea con este nombre o con los muchos que han querido rebautizar a esta epifanía contemporánea”.

Marcial Fernández, Ciudad de México, marzo de 2014